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Éxodo: de lo físico a lo espiritual

Una charla con el Rav Dr. Michael Laitman

Las personas de este mundo son personas ordinarias, pero a un persa llamado Abram (más tarde Abraham), el Creador se le reveló a Sí mismo. Llegó a ser un "yehudi" (judío), de la palabra "Yehudi" (sólo-único): él y el Creador llegaron a ser uno. Entonces, ¿quién es este Abraham? Él es un hombre que estaba dotado con una chispa espiritual, una sensibilidad del Creador. Pero aparte de eso él era una persona ordinaria.

No hay ninguna santidad en ningún órgano de nuestro cuerpo. Así, no sucede nada si un corazón que no funciona bien es reemplazado por otro corazón humano o por el corazón de un cerdo. Nuestro corazón es pura materia, como el de cualquier animal. No son sagrados, no están conectados con el Creador.

Por lo tanto no hay diferencia entre un judío y un gentil, salvo la chispa del Creador encontrada en el judío. Eso significa que si esa chispa existe en el corazón de una persona, esa persona es llamada judía. Si desaparece, el judío de nuevo se convierte en gentil. Lo segundo, en cambio, es una situación imposible, porque la santidad siempre aumenta y nunca disminuye. Es una ley espiritual, por la cual todo es llevado más cerca del Creador.

El éxodo al mundo espiritual es un proceso lento. Al principio un hombre es capturado por los deseos de este mundo. Gradualmente, el hombre se da cuenta de la falta de sentido de su existencia física, como si no existiera esa chispa, el hombre es sólo uno de tantos...

La Hagadá dice: "Al principio, nuestros padres adoraron dioses extraños". Adorar un dios extraño (paganismo) es un estado posible sólo después de que uno ha hecho contacto con el Creador y se llega a la conciencia de la oposición entre los atributos nuestros y los del Creador, y, entonces, se elige actuar contra el deseo del Creador. Por esto, el paganismo tiene un cierto grado de conciencia, de habilidad para manejarse más allá de la naturaleza que se tiene desde el nacimiento.

En efecto, nuestros padres adoraron dioses extraños, pero entonces el Creador se les reveló a Sí mismo y la Luz que vino con ello fue aceptada como una orden para emigrar desde Mesopotamia a la Tierra de Israel. Así, nosotros vemos que en este mundo también uno se mueve de un sitio a otro, siguiendo la voluntad interna de uno, siguiendo el corazón de uno.

Los cabalistas escriben que podemos vivir en la Tierra de Israel, provistos con algo comparado a su nivel espiritual. De lo contrario, estaremos exiliados de aquí justo como antes. El Creador ha vuelto a traer nuestros cuerpos, pero continúa nuestro deber de realizar nuestro regreso interior al estado espiritual llamado la Tierra de Israel, para ser dignos de esta tierra ¡que es todo lo que necesitamos!

Abraham, el Patriarca, es un testimonio de ello. Una vez que llegó a ser un judío, D-s le dijo: "Vete de tu tierra y de tu patria y de la casa de tu padre a la tierra que Yo te mostraré". Y Abraham se movió (interiormente) a la Tierra de Israel: él empezó a desarrollar vasijas espirituales, vasijas de otorgamiento.

Pero para alcanzar la unidad con el Creador, más que la habilidad de dar (otorgar por otorgar), hay que tener la habilidad para recibir en orden de otorgar, a través de las vasijas de recepción, corregidas por el ánimo de otorgar al Creador. Pero ¿dónde obtenemos esas vasijas, esos deseos? Cuando uno se encuentra en la Tierra de Israel y quiere otorgar al Creador, uno se da cuenta que no tiene nada para darle y se llega a estar hambriento, hambriento de otorgar.

Entonces, uno se exilia en Egipto. Pero ¿por qué? ¿para qué? porque renunciando a nuestro deseo de recibir vamos en contra de nuestra propia naturaleza humana. Puede ser que nadie lo comprenda. Ningún otro método, sino la Cabalá, lo usa, porque este acto se opone a la naturaleza humana. Todos los otros métodos son producto de nuestra naturaleza interna y se proponen hacer nuestra vida más confortable, más placentera; todos menos la Cabalá, que fue concedida a Abraham junto con la sublime revelación del Creador.

Pero ¿realmente esto sucede en Egipto?

Como hemos dicho, el hombre está confundido, hambriento (tanto física como espiritualmente). Las metas materiales toman prioridad, pero es así que uno puede darse cuenta de que el espíritu es superior a la materia. Se puede obtener placer espiritual en actos materiales, pero el verdadero sabor del placer permanece solamente para el prudente (aquel que aspira a la sabiduría, quien asciende al espíritu para vivir los verdaderos deseos), y por ello es quien obtendrá los más grandes placeres.

Cuando uno progresa en los estudios, se ve a sí mismo como más y más viciado. Todos los peores deseos se despiertan en él. Precisamente éste es el exilio a Egipto: cuando se aspira a ascender por la escalera hacia el espíritu, se cae bajo el gobierno del deseo de recibir.

Es por esto por lo que se dice que los hermanos de José le visitaron en Egipto. El exilio a Egipto ocurre cuando uno pierde sus vasijas de otorgamiento, cuando caen bajo el gobierno de las vasijas de recepción. Este estado permanece tranquilo mientras dura la progresión en la espiritualidad.

Cuando uno empieza a estudiar, está lleno de vida, despreocupado. Pero después de unos meses las cosas cambian. La espiritualidad no es tan tentadora como lo era antes, las interrupciones materiales aparecen y uno siente que nunca verá abiertas las puertas del cielo.

¿Por qué ocurre esto?

Porque las vasijas de recepción deben ser desarrolladas, una cortina (Masaj) tiene que ser alcanzada y desplegada sobre los deseos de Egipto. En verdad, se tienen las vasijas de otorgamiento, pero están ocultas. Cuando empieza el trabajo en Egipto, uno echa de menos la espiritualidad, pero cuanto más se la echa de menos, más se la encuentra inalcanzable.


El tiempo de la "esclavitud en Egipto" dura tanto como uno se siente esclavo, hasta que se eleva un nuevo rey, uno que no conoció José. Uno siente el gobierno de su faraón interior sobre él, llevándole contra el Creador.

Pero, si el deseo de recibir me permite disfrutar ¿qué es lo que falla? ¿Cómo es que su gobierno es nocivo para mí?

Si quiero algo más que la satisfacción del deseo, por ejemplo, si quiero contactar con el Creador, pero siento que los placeres materiales me alejan de El, empiezo a percibirles como un obstáculo, como algo malvado que va en mi contra.

Entonces, una batalla interna empieza dentro de mí. Empiezo a preguntarme si "Yo" es quien quiere pegarse al Creador, o si "Yo" busca los placeres materiales. Entonces ¿Quién es mi "Yo"?

Una guerra estalla entre ambos deseos: en una mano Moisés y Aarón y en la otra el faraón. Uno no puede decir quien gana, porque los magos del faraón hacen los mismos milagros que el Creador.Por lo tanto, la huida del gobierno de la naturaleza solamente es posible después de que el Creador golpee diez veces (las diez plagas de Egipto).

Para que mi neutral "yo" pueda sentir de dónde procede la Luz, requiere sentir los diez golpes -justo como el faraón que está dentro de mí se opone al Creador-,. De esa manera el yo puede separarme de él, alcanzando un estado donde el faraón mismo dirá: ¡Vete! ¡Me has traído bastante dolor!

Los diez golpes muestran al hombre que el gobierno del faraón es una cosa odiosa, intolerable. Entonces el hombre mismo quiere escapar de ello. Quiere ¡pero no puede! Por consiguiente, para que la huida del Faraón tenga efecto, se requieren ciertas condiciones externas. Debe haber un apuro, una ocultación y la oscuridad de la noche.

Solamente entonces el hombre puede acumular sus deseos de otorgamiento, separarles de su propio deseo de recibir y ocultarles de ello. La huida se realiza de noche, cuando las luces espirituales están apagadas. La fe se sobrepone a la razón, yendo contra su propio juicio para escapar de su naturaleza.

Se dice: "Si tú has trabajado y lo encuentras, entonces cree". Eso significa que uno ha puesto bastante trabajo para que el Creador sea revelado, pero no es consciente de que este trabajo es suficiente para salir de este mundo y entrar en el Mundo Superior. La salida de nuestra naturaleza es un hecho repentino.

El hombre no tiene control sobre este proceso, él simplemente toma parte en él. Camina sobre la tierra, entre las paredes del Mar Rojo, las barreras y entra...en un desierto ¿Qué ha ganado con ello? El hombre entra en Egipto con una chispa del Creador, echando de menos al espíritu y sale con las vasijas de la recepción vacías- la sensación de un desierto.

Se dice que Israel marchó con "joyas de plata y joyas de oro y vestidos". Esto significa que el hombre tiene deseos corruptos para recibir y debe empezar ahora a trabajar con ellos y corregirlos. Mientras estas vasijas pertenezcan a Egipto, le darán solamente la sensación de oscuridad, de un desierto. Pero cuando les corrija y les use correctamente, recibirá a través de ellas la Luz superior.

Así el hombre entra en el desierto. No está todavía en la Tierra de Israel. Ahora necesita de la Luz para poder distinguir cuánto de cada atributo es digno de usar para su progresión en el mundo espiritual. La recepción de esta Luz es llamada "la recepción de la Torá".

Una persona que salga de este mundo hacia el espiritual, empieza a trabajar en tres líneas. Una izquierda, una derecha y una intermedia. Debemos darnos cuenta que no somos los que estamos trabajando, es el Creador, es el trabajo del Creador ¡Debemos aceptar Su trabajo sobre nosotros! Todo ha sido creado en su estado perfecto, pero la criatura solamente puede calcular la perfección desde su opuesto. Esto es por lo que el hombre debe experimentar todos los estados imperfectos. El trabajo del hombre es un proceso de auto-conciencia; conciencia del trabajo que el Creador está haciendo sobre él.

Hay un mundo y dentro de él un alma. El contacto con el Creador se compone de tres partes: Olam (mundo), Shaná (año), Neshamá (alma). Shaná es la extensión de contacto entre Olam y Neshamá. El mundo Olam proviene del mundo He´elem (ocultación). Esto significa que Olam es la extensión de la ocultación del Creador.

¿Es posible obtener resultados espirituales desarrollando actos físicos?

Todo lo que hace el hombre, lo hace porque quiere. La roca, que no tiene movimiento, también quiere mantener su condición. La planta quiere crecer. Extraña la Luz y crece hacia ella.

El deseo del hombre está siempre expresado por cierto acto. Esto es porque cualquier movimiento que un animal haga, es exactamente el movimiento que debe ser hecho.

Aunque cada deseo es expresado en el exterior, el hombre no siempre es consciente de sus deseos. Desde fuera, uno no puede entender el propósito de los actos del otro. Por esto la ciencia que estudia las intenciones es llamada "La sabiduría de lo oculto", porque nadie sabe lo que está en el interior de tu corazón, a menudo incluso ni tú mismo. Pero como siempre la forma exterior indica el deseo interior.

Nosotros no estamos todavía en los mundos espirituales y no podemos unir otras almas a nuestra pantalla. Mientras tanto, nuestro trabajo se mantiene en el nivel de este mundo, desplegando la sabiduría de la Cabalá. Este acto es totalmente espiritual. A través de él, uno ayuda a otros a unir su camino a través de actos físicos; uno ayuda a la apertura de la espiritualidad en este mundo.

 

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