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El aspecto histórico de la ciencia de la Cabalá

El origen y la época del surgimiento de Cabalá han sido materia de numerosos debates en su historia. Cualquiera que haya intentado abordar este tema estará de acuerdo que el tema es objeto de constante debates. Algunos científicos afirman que la Cabalá es una creación nueva que nació entre los Siglos 12 y 13 de nuestra era, mientras que hay otros que aseguran que la Cabalá apareció antes. Ambos argumentos son válidos y pueden explicarse porque se basan en diferentes planteamientos de la investigación de la historia y los escritos de la Cabalá. La cuestión de saber cuál punto de vista tiene prioridad es prácticamente irresoluble. El momento en que se inicia la tradición está de hecho más allá de los períodos históricos en los que podríamos establecer una cronología que tuviera al menos un cierto grado de exactitud.

Una de las hipótesis a la que los cabalistas, quienes al alcanzado el Mundo Espiritual, se adhieren es que la Cabalá, como una ciencia que estudia el Universo que nos rodea, data de la antigua Caldea (en Mesopotamia) en la ciudad de Ur. Las crónicas de esa época dan cuenta de la historia de un habitante de Mesopotamia, llamado Abraham, quien fue el primero en investigar la relación entre la percepción de la realidad circundante y el desarrollo volitivo de un nuevo sexto sentido.

El método de este desarrollo recibió el nombre de Cabalá, y empezó a extenderse entre los descendientes de Abraham y sus discípulos. Con el tiempo, el grupo creció para convertirse en una nación de alrededor de tres millones de personas. Los integrantes no formaban parte de la nación por nacimiento; únicamente se unían quienes se suscribían al método. Por consiguiente, es imposible llamar a este grupo una nación, basándonos en las características y definiciones de "lo que constituye una nación". Era sencillamente un grupo de cabalistas, es decir, un grupo de investigadores que examinaban lo que se alcanzaba y sentía dentro del sexto órgano de percepción. El grupo empezó a llamarse a sí mismo "la nación de Israel" cuando todos sus miembros adquirieron, al mismo tiempo, una adecuada sensación del mundo en el sexto sentido. Lo que expresamos aquí tan sencillamente representa un nuevo planteamiento en la historia de la humanidad y únicamente una inercia psicológica nos impide adoptar esta percepción de nosotros mismos y del mundo. Los miembros de este grupo cabalista desarrollaron en sus hijos una percepción suplementaria de la realidad Suprema y éstos la acogieron con toda naturalidad.

Así continuaron hasta un determinado momento histórico, en que el grupo entero instantáneamente perdió la capacidad de percibir la realidad Suprema (la explicación de este importante momento histórico se presentará más adelante). Hasta ese momento, la nación estaba constituida por un grupo que vivía al interior de las sensaciones del Mundo Superior. Sin embargo, después de que perdieron la sensación del Mundo Superior, se convirtieron en una nación como las demás. Dejó de ser un fenómeno especial en el mundo, ya que la existencia del grupo se justificaba tan sólo por el grado de percepción espiritual. Por el contrario, de inmediato adquirió la forma correspondiente a la de una nación dispersa entre las naciones del mundo. Sin la sensación del Mundo Superior, este grupo no tenía derecho a llamarse "La Nación de Israel", es decir, la nación que vive según las leyes del sexto sentido de percepción, ya que Israel significa "Yashar-El" (traducido del hebreo, "que aspira al Creador"). Habiendo perdido la sensación del Mundo Superior, en lugar de acciones espirituales, el grupo empezó a practicar sus interpretaciones físicas, atribuyéndoles el nombre de acciones espirituales.

El desarrollo del egoísmo, una etapa necesaria en la historia del desarrollo de la humanidad

Siguiendo su creciente deseo de llenarse de placer, o como la Cabalá lo apunta, con el crecimiento del egoísmo en cada generación, la humanidad lucha por satisfacer sus deseos. Esto determina nuestro progreso, el cambio de estructuras de estado, relaciones sociales, estilo de vida, avance tecnológico, desarrollo cultural, etc.

Nuestra historia empieza con la aparición de un ser humano con un deseo egoísta de recibir el grado cero (aspereza, profundidad). Es un deseo minúsculo en el que la persona sólo siente un impulso por los placeres corporales que están presentes en un animal: sexo, comida, familia y un ambiente limitado. La humanidad se ha estado desarrollando dentro de este deseo durante miles de años.

A medida que el deseo crecía y se volvía más egoísta, el lapso de tiempo para satisfacerlo y reemplazarlo con otro, se fue contrayendo como corresponde. En nuestra época podemos observar la dramática rapidez de la transformación, mientras que hace cien años los mismos cambios hubieran requerido de mayor tiempo.

Cuando la persona empezó a evolucionar de estos deseos corporales a otros de mayor nivel, empezó a ansiar tener riqueza, honor, poder y conocimiento, hasta llegar a la cuarta etapa del deseo de recibir (un deseo espiritual). Por consiguiente, los deseos: 
  • corporales,
  • por riqueza,
  • por honor y poder,
  • por conocimiento, y
  • por la espiritualidad,
se sustituyen unos a otros en el proceso de la evolución humana.

Hoy en día, con el surgimiento de la sabiduría de la Cabalá en el Siglo 20, hemos llegado a una etapa que los cabalistas ya habían descrito. Ellos afirmaron que a partir de 1995 en adelante, la humanidad experimentaría una necesidad interior por la espiritualidad, porque el hombre ya habría agotado todos los deseos que había tenido a lo largo de sus encarnaciones. Su egoísmo se ha desarrollado lo suficiente y aunque todos sus deseos anteriores todavía se encuentran presentes dentro de él, la aspiración espiritual prevalece sobre el resto. La persona empieza a sentir que nada más puede satisfacerlo.

Está escrito en el Libro del Zohar que hacia finales de su desarrollo, la humanidad llegaría a comprender que el Mundo Superior es de hecho el reino en donde estamos destinados a existir. Entonces, ¿por qué no pudimos percibirlo antes y no es sino hasta ahora sentimos este deseo? Esta oportunidad de desarrollo, empezando por el nivel de los deseos egoístas originales, existió mucho antes de la era de los antiguos filósofos en los Siglos 8 y 10 (antes de nuestra era) cuando el Zohar ya había sido escrito. Por diversas razones, la Cabalá no podía entonces demostrar la necesidad de corregir el egoísmo que iba surgiendo en cada etapa del crecimiento de las naciones de esa época. Los antiguos filósofos estudiaron Cabalá, pero no fue aceptada como un método práctico de corrección de la naturaleza humana, así que el mundo continuó evolucionando bajo el poder de su deseo egoísta no corregido. El Libro del Zohar (Siglo 3 de nuestra era) claramente indica que la sabiduría quedaría oculta hasta finales del Siglo 20, cuando el egoísmo humano crecería tanto que las personas se darían cuenta cuán perjudicial es. Por otra parte, el hombre no encontrará nada en este mundo que de alguna forma llene su egoísmo. Estas dos sensaciones lo obligarán a escuchar el consejo que le ofrece la sabiduría de la Cabalá. 

Un deseo de recibir placer constituye nuestra esencia y se llama Alma. ¿Cómo puede ser llenada? Este deseo de recibir placer siente cinco tipos de llenado a través de nuestros cinco sentidos:
  • Vista
  • Oído
  • Olfato
  • Gusto y
  • Tacto
A través de estas cinco "aberturas" en el cuerpo, el hombre recibe la información desde fuera y la absorbe con la ayuda de los sistemas analíticos de su mente, memoria y cerebro, dependiendo de su educación, carácter, ánimo, capricho momentáneo y muchas otras peculiaridades humanas. Después de esto, goza o sufre para después atraerla o rechazarla.

Cualquier investigación que el individuo realiza sobre lo que se encuentra fuera, la acumula dentro de sí. El hombre es totalmente incapaz de trascenderse y percibir la realidad exterior. Sólo podemos expandir el alcance de nuestros sentidos naturales, aumentar su sensibilidad y ampliar su percepción utilizando un microscopio o telescopio además de nuestros propios ojos, un sonar en lugar de nuestro oído y así sucesivamente.

Aunque todo está cambiando constantemente en el mundo, los cinco sentidos funcionan siempre igual. No importa cuántos aparatos o instrumentos podamos inventar o los conocimientos que podamos adquirir sobre nuestro cuerpo, siempre estaremos confinados a las sencillas reacciones que experimentamos de lo que proviene de fuera. Hacia finales del Siglo 20, los científicos finalmente agotaron el sistema existente de aprendizaje. La investigación de nosotros mismos y el estudio de nuestras reacciones a algo que es externo, no nos permite controlar nuestra realidad y existencia.

Las ciencias naturales nos enseñan que toda célula viviente, o un organismo completo deben estar en equilibrio con su ambiente para poder existir y sobrevivir. Sus cualidades interiores deben armonizarse con la realidad exterior. Tiene la obligación de cumplir con este principio de homeostasis. En la ausencia de este equilibrio, el organismo percibe incomodidad y hasta puede perecer.

De este principio se deduce que al adquirir el conocimiento sobre el mundo exterior más allá de nuestras sensaciones corporales, descubrir la forma que tiene en realidad, nos permitiría volvernos similares a él y por consiguiente lograr un estado óptimo de existencia.

Por lo tanto, queda clara la lógica de un deseo en desarrollo: la pasión por el conocimiento es el más fuerte de entre los deseos terrenales y antecede a la aspiración por la espiritualidad. La razón es que lleva al hombre a necesitar el Mundo Superior, haciéndole ver que no podrá sobrevivir sin él. El aprendizaje de las leyes de la naturaleza y el Mundo Superior le otorga al hombre la oportunidad de familiarizarse con las fuerzas de la naturaleza que lo afectan. Si logramos la homeostasis con ellas, nuestra existencia se volverá perfecta.

Una de las consecuencias que habrá al recibir la información espiritual será la desaparición de la noción del tiempo. Adquiriremos un conocimiento absoluto del futuro y controlaremos nuestro destino. La ciencia de hoy comprende la necesidad de ir más allá de nuestros cinco sentidos, pero carece de un método para tal empresa. Descubre la cuarta etapa de su enfoque en la investigación de la realidad.

1. Durante miles de años, el desarrollo de la ciencia se ha basado en la suposición que existe una realidad objetiva que el hombre observa e investiga. Aún cuando no exista un observador, la realidad continúa existiendo. En la mecánica clásica, los eventos ocurren a pesar del observador. La realidad existe objetivamente, ya sea que la perciba o no. De la misma forma, la mecánica cuántica tradicional sólo analiza los cambios que se efectúan en el objeto mismo.

2. Un análisis más profundo nos lleva a concluir que ese no es el caso: nuestra percepción de la realidad depende de nosotros. Einstein introdujo una corrección de velocidad que pertenece al observador. Esto sencillamente toma en cuenta los procesos que ocurren en el universo y que no se manifiestan en la vida diaria del hombre.

3. La observación de cualquier objeto es una interacción entre el observador y el objeto observado. Con esto, la observación de inmediato transforma el estado interior, tanto del objeto observado como del observador. Es imposible hablar del objeto investigado sin tomar en cuenta al investigador. Los cambios en el objeto siempre estarán determinados por el cambio en el observador. Un cambio de condición no sólo depende de la información, sino también del observador. La probabilidad es una característica del futuro como lo es del pasado porque está condicionado al momento psicológico personal del observador. Hue Everett fue el primero en demostrarlo mediante cálculos matemáticos en su artículo, Formulando la mecánica cuántica a través de la noción del 'estado correspondiente'. En otras palabras, en esta teoría de mecánica cuántica tanto el objeto como el observador cambian su estado.

4. Una percepción más elevada del objeto se basa en el hecho de invariabilidad del universo entero, en la unicidad de la Causa y Propósito, en la unicidad del atributo de la Fuerza Superior: la bondad y el otorgamiento. Todos los cambios ocurren únicamente en el observador, en la dualidad de su atributo de recepción-otorgamiento con respecto al único atributo (otorgamiento) de la Fuerza Superior. Solamente la comparación de estos atributos genera la auto-consciencia de la criatura y la sensación del mundo que lo rodea. Esto es, la percepción del universo se realiza por dos influencias en el hombre:
  • La ley invariable de otorgamiento absoluto.
  • La creación que avanza constantemente hacia la semejanza con la Fuerza Superior.
De lo anterior se deduce que la absolutamente perfecta Fuerza Superior ha creado al hombre en toda la magnificencia que conviene, en perfecta armonía con sus propios atributos, pues si es perfecta no puede de ninguna manera crear algo imperfecto. Por lo tanto, nuestra mente procede para que sea forzoso que comprendamos y aceptemos el opuesto de lo que observamos y decidamos que en realidad somos criaturas perfectas, magníficas y en armonía con la Fuerza Superior que nos creó.

Además, todos los atributos sublimes pueden surgir de los nuestros que son insignificantes e inferiores. Por consiguiente, se debe observar el final de una acción y de ella alcanzar la concepción entera de nuestra creación.

La Cabalá se adhiere al cuarto planteamiento; no existe una realidad en la ausencia de un observador. Fuera del hombre sólo hay la Luz Superior, una fuerza excelsa. Esta luz es una, única y homogénea. No existe nada en ella y lo que la persona percibe es tan sólo el resultado de su reacción a esta influencia externa invariable. Al transformar sus propios atributos, la persona siente un cambio en el ambiente, aunque todas las transformaciones ocurren dentro de él. En otras palabras, la realidad no es sino una copia de los atributos interiores del hombre.

Si las persona se vuelve semejante a la Fuerza Superior en su atributo de otorgamiento, sus sensaciones trascienden los limites de sus deseos, deja de depender de la vida y la muerte del cuerpo, del espacio, del tiempo y el movimiento. La ciencia moderna está preparada y dispuesta a adoptar esta propuesta, por consiguiente la antigua y largamente olvidada sabiduría de la Cabalá ha resurgido en esta época.

La sabiduría de la Cabalá sugiere que no debemos preocuparnos por los atributos humanos terrestres, porque no pueden ser corregidos directamente. Sin embargo, la misma diferencia entre nuestros atributos y los espirituales evocan en nosotros la sensación del sufrimiento.

La sabiduría de la Cabala hace este ofrecimiento: si la persona desea alcanzar una existencia perfecta, debe copiar la ley espiritual de otorgamiento para que las leyes interiores y exteriores se vuelvan equivalentes.

Históricamente en el transcurso de nuestro desarrollo (esto es, el crecimiento de un deseo egoísta del nivel 0 al nivel 4) nos oponemos más y más a la ley Superior de otorgamiento. Mientras estamos en los niveles 0, 1 y 2 nuestra oposición no es tan extrema. Sin embargo, después de alcanzar los niveles 3 y 4 de nuestro desarrollo egoísta, que coinciden con nuestra época, nos hemos vuelto una antítesis exacta de la Fuerza Superior y nos exponemos a mayores sufrimientos como nunca antes. Estos sufrimientos son de carácter distinto; se manifiestan como depresiones, desorientación y temor a la destrucción.

Para desarrollar aún más las ciencias, sus representantes deberían colaborar de cerca con los cabalistas. De esta forma. al menos se abrirían para nosotros sorprendentes oportunidades. 
  • Al estudiar teóricamente la sabiduría de la Cabalá, se podrían transferir conclusiones y leyes a otras ciencias y revelar nuevas conexiones y patrones.
  • Al transformar prácticamente su atributos para asemejarse a la Fuerza Superior, cualquier científico convertido en cabalista, recibiría la oportunidad milagrosa de aplicar su conocimiento de las leyes del mundo Superior a su ciencia en esta mundo y por lo tanto avanzar en su campo tanto teórica como prácticamente.
Existe una necesidad urgente de crear una ciencia integral con los consiguientes institutos, especialistas, etc. Hasta ahora hemos logrado comprender el mundo dentro de nosotros, más o menos ampliando el campo de nuestra percepción sensorial. La sabiduría de la Cabalá abre ante nosotros la realidad exterior; con su ayuda, descubriremos las leyes que nos afectan. En la medida que la persona pueda igualar su estructura interior con la Fuerza exterior, podrá utilizarla para su propio beneficio.

Al conectar la investigación de la naturaleza con el equilibrio y las leyes generales que los rigen, regresaremos al punto mismo donde los antiguos filósofos se separaron de los cabalistas y siguieron cada cual su propio camino. A partir de este momento podemos volver a caminar juntos.

Durante los últimos siglos, la psicología materialista empezó a desarrollarse en lugar de la filosofía. La ciencia que estudia nuestros atributos, sentimientos y visión expuso las limitaciones de nuestra percepción y probó que tan sólo percibimos todo dentro de nosotros mismos. Esto nos dio la oportunidad de comprender lo que la Cabalá nos ofrece: trascender los límites de nuestros sentidos.

La semejanza de los atributos con la fuerza general se alcanza paso a paso. A la comparación gradual de los atributos del hombre con el atributo característico de otorgamiento de la Fuerza Superior se le llama ascender los niveles de los mundos espirituales de Assiyá, Yetzirá, Briá, Atzilut, Adam Kadmon y finalmente el Mundo del Infinito, en donde alcanzamos la absoluta equivalencia con la Fuerza Superior (ver el dibujo 1).

Dibujo 1
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Este ascenso incluye 125 niveles: 5 mundos que contienen 5 Partzufim con 5 Sefirot en cada uno de ellos. Todo suma 125 grados de comparación entre los atributos del hombre y el atributo de otorgamiento de la Fuerza Superior. La persona puede positivamente influir en sí mismo y en su ambiente en la medida de su semejanza con la ley general.
 

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