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Autor: Rav Dr. Laitman
¿Saben por qué solamente los ancianos cuentan
historias y leyendas? ¡Porque las leyendas son la cosa más
inteligente del mundo! Todo cambia en el mundo, pero las auténticas
leyendas permanecen. Las leyendas son sabiduría y narrarlas requiere
de mucho conocimiento y de destreza para ver cosas que otros no ven.
Para eso hay que haber vivido mucho, razón por la que sólo los
ancianos saben narrar leyendas. Como está escrito en el mayor y más
antiguo libro de magia: ¡" Un anciano es alguien que ha adquirido
sabiduría"!
A los niños les encanta escuchar leyendas
porque poseen imaginación y cerebro para encarar todo y no
únicamente lo que los demás pueden ver. Si un niño crece pero igual
sigue viendo lo que los demás no ven, se torna sabio e inteligente,
"adquiere sabiduría". Y como ve lo que los demás no ven, sabe que la
imaginación es real. Sigue siendo un niño, un "niño sabio", como
está escrito en el "Zohar", el libro de magia más grande y más
antiguo.
Había una vez un mago grande, noble y de buen
corazón, con todos los atributos que se suelen mencionar en los
libros infantiles, pero, como tenía tan buen corazón, no sabía con
quien compartirlo, no tenía a nadie a quien amar, con quien pasar el
tiempo, con quien jugar... también necesitaba sentirse deseado, pues
es muy triste estar solo.
¿Qué podía hacer? Pensó en crear una piedra,
pequeñita pero hermosa, y quizás allí encontraría la respuesta.
"Tocaré la piedra y sentiré que hay algo constantemente a mi lado, y
ambos nos sentiremos bien, porque es muy triste estar solo."
Agitó su varita y en ese instante apareció una
piedra justo como la que quería. Se puso a tocarla, a abrazarla y a
hablarle, pero la piedra no respondía. Se mantenía fría y no
reaccionaba. Hiciera lo que le hiciese, la piedra seguía siendo un
objeto insensible. Esto no le convino al mago para nada. ¿Por qué no
contestaba la piedra? Probó creando otras piedras, y luego rocas,
colinas, montañas, llanuras, la Tierra, la Luna y la Galaxia. Pero
con todas lo mismo... nada. Se seguía sintiendo solo y triste.
En su tristeza, se le ocurrió que en vez de
piedras, podría crear una planta de hermosas flores. La regaría, le
daría aire y sol, le tocaría música... y la planta sería feliz. Y
ambos estarían contentos, porque era triste estar solo.
Agitó su varita y al instante apareció una
planta justo como la que quería. Estaba tan contento que se puso a
bailar a su alrededor, pero la planta no se movió ni bailó con él ni
siguió sus movimientos. Sólo respondía de la manera más simple a los
dones del mago. Si la regaba, crecía, si no, se moría. Esto no le
alcanzaba al mago de buen corazón que anhelaba entregarlo todo.
Tenía que hacer algo más, porque es muy triste estar solo. Creó
entonces todo tipo de plantas de todos los tamaños: bosques, selvas,
huertos, plantaciones y alamedas. Pero todas se portaban igual que
la primera planta... y nuevamente se encontró solo.
El mago pensó y pensó. ¿Qué podía hacer? ¡Crear
un animal! ¿Qué clase de animal? ¿Un perro? Sí, un lindo perrito que
estuviera siempre con él. Lo llevaría a pasear y el perro brincaría,
haría piruetas y correría de un lado a otro. Al volver a su palacio
(o más bien a su castillo, dado que era un mago), el perro estaría
tan contento de verlo que correría a saludarlo. Ambos serían
felices, pues es muy triste estar solo.
Agitó su varita... ¡y allí estaba! Un perro
justo como el que él quería. Lo cuidó, lo alimentó, le dio de beber
y lo acarició. Hasta corrió con él, lo bañó y lo sacó a pasear. Pero
el amor perruno se limita a estar cerca de su amo, donde quiera que
esté. El mago sufría al ver que su perro no podía corresponderle,
aunque jugara tan bien o fuera a todas partes con él. Un perro no
podía ser su amigo de verdad, no podía apreciar lo que hacía por él,
no comprendía sus pensamientos, sus deseos ni todas las molestias
que se tomaba por él. Pero justo eso era lo que el mago anhelaba.
Produjo otras criaturas: peces, aves, mamíferos, todo en vano,
ninguna lo comprendía. Era tan triste estar solo.
El mago se sentó y reflexionó. Comprendió que
un amigo de verdad debía ser alguien que lo buscara, que deseara
mucho estar con él, que fuera como él, capaz de amar como él, de
comprenderlo,... que se le pareciera... que fuera su compañero.
¿Compañero? ¿Amigo de verdad? Debería ser alguien cercano a él, que
comprendiera sus dones, que pudiera corresponderle y darle algo a su
vez. Los magos también desean amar y ser amados. Entonces ambos
estarían contentos, porque es muy triste estar solo.
Entonces el mago pensó en crear un hombre. ¡El
podría ser su amigo de verdad! Podría ser como él... sólo
necesitaría alguna ayuda para ello. Entonces ambos se sentirían
bien, porque es muy triste estar solo... Pero para poder sentirse
bien, primero debería sentirse solo y triste sin el mago...
El mago agitó nuevamente su varita y creó al
hombre a la distancia. El hombre no percibía la existencia de un
mago , autor de todas las piedras, las plantas, las colinas, los
campos y la luna, la lluvia, los vientos, etc., un mundo entero
lleno de cosas hermosas, incluyendo computadoras y fútbol, que lo
hacían sentir bien y falto de nada. El mago, por su parte, seguía
sintiéndose triste por estar solo. El hombre no sabía que había un
mago que lo había creado, que lo amaba y que lo estaba esperando y
que decía que juntos se iban a sentir bien porque es muy triste
estar solo.
Pues, ¿cómo podría un hombre que se siente
contento, que tiene de todo, hasta una computadora y el fútbol, que
no conoce al mago, desear encontrarlo, conocerlo, acercársele,
amarlo, ser su amigo y decirle: "Ven, nos sentiremos bien ambos,
pues es muy triste estar solo sin ti"? Una persona conoce sólo lo
que la rodea y hace lo que hacen las personas que están próximas,
habla acerca de los mismos temas, desea las mismas cosas: no
ofender, pedir regalos de buena manera, una computadora, fútbol.
¿Cómo podría saber que existe un mago que está triste por estar
solo?
Pero el mago, en su compasión, busca
constantemente, y cuando el momento ha llegado, agita su varita y
llama a su corazón. El hombre piensa que está buscando algo y no se
da cuenta de que es el mago que lo está llamando." Ven, nos
sentiremos bien ambos, porque es muy triste estar solo sin ti."
Entonces el mago agita nuevamente su varita y
el ser humano lo siente. Comienza a pensar en él, en que sería bueno
estar juntos, porque es muy triste estar solo, sin el mago. Otro
giro de la varita y el hombre siente que existe una torre mágica
llena de bondad y poder en la que el mago lo espera y sólo en la
cual se sentirán a gusto, porque es muy triste estar solo...
Pero ¿dónde se encuentra esta torre? ¿Cómo
puede alcanzarla? ¿Cuál es el camino? Desconcertado y confuso, se
pregunta cómo puede encontrar al mago. Sigue sintiendo el movimiento
de la varita en su corazón y no puede conciliar el sueño. Ve por
doquier magos y torres de poder y hasta pierde el apetito. Esto
sucede cuando alguien desea mucho algo y no lo encuentra, y se
siente triste de estar solo. Pero para ser como el mago: sabio,
grande, noble, compasivo, amoroso, no alcanza con un ademán de la
varita: el hombre debe aprender a obrar maravillas por sí mismo.
Entonces el mago, secreta y sutilmente, gentil
e inocuamente, lo va guiando hacia el más grande y más antiguo de
los libros de magia, el Libro del Zohar, indicándole el camino hacia
la torre de poder. El ser humano lo toma para encontrarse pronto con
el mago, hacerse su amigo y decirle: "Ven, estaremos bien juntos,
porque es muy triste estar solo."
Pero un elevado muro rodea la torre, y muchos
guardias lo ahuyentan, impidiéndoles estar juntos y sentirse bien.
El hombre se desespera, el mago se esconde en la torre tras puertas
trancadas, el muro es alto, los guardias alertas lo rechazan, nada
puede pasar. ¿Qué sucederá? ¿Cómo podrán estar juntos y sentirse
bien dado que es triste estar solo?
Cada vez que el ser humano desfallece y cuanto
más se desespera, siente de repente un movimiento de la varita y se
precipita nuevamente hacia los muros, tratando de evadir a los
guardias ¡a cualquier precio! Quiere forzar las puertas, alcanzar la
torre, trepar los peldaños de la escalera y alcanzar al mago.
Y cuanto más avanza y se acerca a la torre y al
mago, más vigilantes, fuertes y arduos se tornan los guardias,
despellejándolo sin piedad.
Pero a cada vuelta el hombre se torna más
valiente, más fuerte y más sabio. Aprende a realizar él mismo toda
clase de trucos y a inventar cosas que sólo un mago puede inventar.
Cuanto más rechazado es, más desea al mago, más lo ama, y desea más
que nada en el mundo estar con él y ver su rostro, porque será bueno
estar juntos, y aunque le regalen todo el universo, sin el mago se
siente solo.
Entonces, cuando ya no soporta más estar sin
él, se abren las puertas de la torre y el mago, su mago, corre hacia
él diciendo: "Ven, estaremos bien juntos, porque es muy triste estar
solo."
Y a partir de allí se vuelven amigos leales,
muy cercanos y no existe placer más exquisito que ése entre
compañeros por siempre. Están tan bien juntos que apenas recuerdan
lo triste que era estar solos... |