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El ser humano es incapaz de efectuar un
movimiento que no signifique alguna ganancia para él. Esta ganancia
es el combustible que lo mantiene en marcha. Puede ser a corto o
largo plazo. Si uno siente que no habrá beneficio presente ni
futuro, detendrá inmediatamente su accionar. El ser humano no puede
existir sin sentir que ganará algo.
La Cabalá enseña al hombre a recibir. Para
lograr la espiritualidad, toda persona debe expandir su voluntad de
recibir y no desviarse de ella. Debe desplegar su voluntad de
absorber todos los mundos, incluido éste. Es el propósito para el
cual fuimos creados. No hace falta volverse monje, asceta o
retirarse de la vida. El judaísmo, por el contrario, obliga al
hombre a casarse, tener hijos, trabajar y llevar una vida plena,
pues el mundo está construido para conducirnos de modo adecuado y
preciso al mejoramiento.
Sin embargo, debe aprender a recibir, a
utilizar correctamente su voluntad sin limitarla. Nada debe ser
abandonado, todo ha sido creado por algún motivo y no es necesario
apartarse de la vida.
Puede suceder que alguien que comienza a
estudiar la Cabalá no tenga sentimientos espirituales y se lance al
estudio con la ayuda de su intelecto. Pero es el corazón el que
debemos abrir mediante nuestro intelecto. Un corazón desarrollado
discrimina lo correcto de lo incorrecto y nos conduce naturalmente a
las acciones y decisiones correctas.
los cabalistas comienzan por enseñar
espiritualidad en pequeñas dosis para que los estudiantes
acrecienten su voluntad de recibir más Luz, más conciencia y más
percepción espiritual. Una voluntad más poderosa trae aparejados más
profundidad, mayor comprensión y mayores logros, permitiendo que la
persona alcance su mayor nivel posible de espiritualidad, hasta las
raíces de su alma. |