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Hace
unos pocos meses terminó otra guerra. Al parecer, es como que
simplemente estamos obligados a pasar una guerra cada tantos años.
Es una cuestión habitual desde los tiempos de la fundación del
Estado de Israel.
En todos los edificios hay un refugio, en cada casa se tiene una
máscara antigas, cualquier niño sabe los códigos de incorporación
militar de emergencia, ni qué hablar de un concepto tan natural como
el acto terrorista suicida.
En otros países, como por ejemplo Australia, Italia o Suiza, se vive
sin la amenaza de misiles de largo alcance o de autobuses que
explotan. ¿Por qué aquí, en Israel, no ocurre lo mismo? ¿En qué
somos distintos a los demás países? ¿Por qué los ojos del mundo
están puestos justamente en este granito de arena sobre el mapa del
planeta que se llama Israel?
¿Acaso existe una razón para estas guerras, esta presión y toda esa
atención del mundo puesta permanentemente en nosotros?
Los cabalistas nos enseñan que el pueblo de Israel tiene una misión
exclusiva en la realidad, y que este pueblo no tendría derecho de
existencia si no fuera por su rol como pueblo elegido. Es decir que
fue creado tan solo para dicho propósito. Así también el desarrollo
de la nación israelí ocurrió de una forma distinta al del resto de
las naciones.
En otras palabras, toda nación tiene una raíz genética que la
singulariza. En cambio, la singularidad que distingue a la nación
israelí, es su raíz espiritual. Eso quiere decir que el pueblo judío
está destinado a conducir a toda la humanidad al nivel más elevado
posible de existencia.
La historia cuenta que en su intento por resolver el enigma de la
existencia humana, el patriarca Abraham logró cruzar la barrera que
separa el mundo corporal del espiritual. A razón de este
descubrimiento escribió el primer libro de Cabala, "Sefer Yetzirá"
("Libro de la Creación").
Abraham comenzó a difundir su ciencia entre los ciudadanos locales,
hasta que con el pasar del tiempo este grupo inicial de estudiantes
creció y se transformó en un pueblo que fue posteriormente llamado
Pueblo de Israel.
Hasta la destrucción del Segundo Templo, el pueblo de Israel vivía
su vida en percepción de ambos mundos: corporal y espiritual. Era
necesario que permanecieran conectados al mundo material, no
conformándose únicamente con la vida espiritual, para que pudieran
cumplir con su asignación de transmitir el método de evolución
espiritual que habían descubierto, a todas las naciones del mundo.
La humanidad en total es un único cuerpo universal dentro del cual
cada nación tiene su propio rol y función. El pueblo judío tiene una
tarea especial: realizar el método de corrección y transmitirlo al
resto de las naciones del mundo. Este es el significado de la frase
"Luz a las naciones". Es más; para inculcar en toda la humanidad el
deseo de llegar a la cima de la espiritualidad, el pueblo de Israel
tiene que alcanzarla primero. Mientras, el sufrimiento sigue
aumentando.
Según la sabiduría de la Cabala, somos el pueblo elegido, en cuyas
manos se encuentra el método de corrección de toda la humanidad; es
la misma Tora que recibimos en el Monte Sinaí, el mismo método de
evolución espiritual desplegado ante nosotros en todos los libros
originales de Cabala.
Pero, ¿qué es esta correc¬ción que tenemos que realizar? ¿Qué es lo
que está fallando en nosotros o en el mundo?
Los cabalistas que alcanzaron la realidad universal nos cuentan que
la raíz del mal se oculta en el egoísmo humano, el atributo
dominante de cada persona. Este egoísmo -que fue evolucionando en un
proceso natural, desde un pequeño nivel primario, al comienzo de la
existencia humana, hasta su máxima expresión de hoy en día- es como
un afilado cuchillo que separa a las personas.
Los cabalistas singularizan esa separación entre las almas como la
raíz de los males del mundo, y describen en las fuentes auténticas
de la Cabala un método de corrección del egoísmo, que comenzará
primero con el pueblo de Israel y luego con el resto de la
humanidad, volviendo así a existir como un solo hombre con un solo
corazón, basándose en el principio "Ama a tu prójimo como a ti
mismo".
Ese mismo egoísmo que ha crecido en dimensiones monstruosas, es
también la razón por la que el pueblo de Israel cayó de su nivel
espiritual después de la destrucción del Segundo Templo. Fue ese
mismo odio infundado que provocó la destrucción espiritual del
pueblo judío, su salida al exilio y una amnesia de dos mil años.
Nuestro regreso a Israel en esta última era, simboliza el comienzo
del cambio esperado: la Tierra de Israel fue el lugar donde
aplicamos ese método en el pasado, y el lugar al cual volvimos para
seguir con nuestra asignación: transmitir el método al resto de la
humanidad.
Los golpes que nos afligen hoy día, están especialmente destinados a
despertarnos para hacer nuestro deber. En el momento que nos
replanteemos y entendamos en lo individual y como pueblo, cuál es la
esencia de nuestra existencia en el mundo y nuestro rol sobre la
Tierra, podremos restablecer la conexión que perdimos con el mundo
espiritual, y volver a expe¬rimentar seguridad, prosperidad,
independencia y plenitud.
*El Rav Dr. Michael Laitman es máster en ciber-nética, doctor en
filosofía y Cabala, profesor de ontología y teoría del conocimiento.
Es fundador y presidente de Bnei Baruj y del Instituto ARI, en
Israel. Más información en:
www.kabbalah.info.
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