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Así como en este mundo hay leyes absolutas
que lo manejan, también en el mundo Superior hay leyes que influyen en nosotros, aún cuando
no estemos conscientes de su existencia.
Si quisiéramos entender las manifestaciones
que se producen en el mundo en que vivimos, deberíamos primeramente entender su raíz,
o sea, de dónde vienen.
Si observamos simplemente lo que ocurre,
debemos admitir que no tenemos idea de por qué pasa lo que pasa en nuestro mundo, desde
los fenómenos más simples como por ejemplo el estado del tiempo, el estado de ánimo cambiante,
la salud y la enfermedad, un encuentro casual con una voz del pasado, el estallido de guerras
sangrientas o el triunfo de un equipo de fútbol por diferencia de un gol.
Después de que sucede algo, se le puede
encontrar mil causas de acuerdo a la variedad creativa de nuestra imaginación, y siempre
habrá una explicación: “Estoy enfermo porque ayer no me abrigué después
de ducharme”; “Ese entrenador no sabe tomar decisiones en los momentos
críticos”, etc.
Pero, ¿es realmente así?
La Sabiduría de la Cábala investiga
el origen del cual se derivan todas las consecuencias, describiendo el comportamiento en nuestro
mundo de acuerdo a leyes absolutas de la Naturaleza, que aún cuando permanezcan ocultas a
la persona común, no son una colección de fenómenos casuales.
Se puede dar como ejemplo la fuerza de la
gravedad que actúa sobre nosotros. Seguramente, si nos paramos sobre una silla y saltamos
al piso, será gracioso, pero si saltamos desde el techo de un rascacielos, será una
catástrofe.
En este ejemplo, el error y la consecuencia
son inmediatos y aparentes, y a nuestro entender, la consecuencia se relaciona directamente a
la causa. Pero si nos imagináramos que existe cierta dilación entre el salto y el
efecto, podríamos entender mejor de qué habla la Cábala.
La Cábala ve la consecuencia y su causa
al mismo tiempo, pero nosotros sólo sentimos el efecto, sin entender la conexión con
la causa, su factor.
“La ley de gravitación” es
una ley absoluta, no se puede esquivar o engañar. Lo máximo que podemos hacer es conocerla
y comportarnos de acuerdo a sus principios. Pero si todavía no conocemos esa ley y no vemos
la relación de causa-efecto entre ella y nosotros, ¿cómo podremos prevenir la
próxima caída?
Y sobre esto los cabalistas nos responden
claramente: “El no conocer la ley no nos absuelve del castigo”. O sea, no podemos
saltar de un rascacielos y decir: “¡Ay, perdón, no sabía!”
De la misma manera definida y absoluta
actúan también las leyes espirituales de las que hablan los cabalistas, y si deseamos
disfrutar de la vida y realizarla completamente, tendremos que familiarizarnos con ellas.
Ley de la raíz y la rama
Una de estas leyes espirituales es la “ley
de la raíz y la rama”. Ésta determina que todo lo que ocurre en el mundo corpóreo
es una copia, un sello, de lo que ocurre en el mundo espiritual, el mundo Superior.
Los sabios de la Cábala explican que
éste se encuentra oculto a nuestros sentidos, aunque para ellos es perceptible, al punto
que hasta se refieren a ello como el mundo auténtico, mientras que a este mundo físico
lo consideran como el mundo imaginario de consecuencias. Al mundo que ven ellos lo llaman el
mundo de las causas o el mundo de las raíces y al que nosotros vemos lo llaman el mundo
de las consecuencias o el mundo de las ramas.
Todo lo que nosotros pensamos, percibimos,
sentimos, imaginamos, vemos, escuchamos, etc., ya ha sido determinado y decidido en el mundo
Superior, sin que estemos enterados para nada de ello.
El rabí Iehuda Ashlag (autor del Sulam,
la interpretación más respetada del Libro del Zohar) lo describe en su artículo
“La esencia de la sabiduría de la Cábala”, de la manera siguiente:
“No existe ni un elemento o acontecimiento en la realidad de nuestro mundo inferior
(corporal), que no tenga su ejemplo en el mundo Superior (espiritual), de forma equivalente
como de dos gotas de agua, llamadas raíz y rama”. Es decir, que la parte que se
encuentra en el mundo inferior (nuestro mundo) es considerada la “rama” que
corresponde a su ejemplar, el cual se encuentra en el mundo Superior. Y éste último
es la “raíz” de esa parte inferior, ya que es de allí (del mundo Superior)
que fue grabada y formada aquella parte del mundo inferior”.
Si es así, ¿hay lo qué hacer?
Los cabalistas nos permiten intervenir en
este sistema y cambiar nuestro destino. El cambio comienza con aprender el accionar del sistema.
Si en mi estado actual no puedo modificar nada, pero hay otro lugar en donde tengo la posibilidad
de cambiar mi destino y determinarlo, es muy importante que lo sepa. ¿Por qué? Para que
no siga perdiendo mi tiempo y esfuerzos en vano, en intentos frustrados de ser feliz, como hasta
ahora.
Lo importante es empezar la búsqueda del
camino hacia ese mismo lugar de donde se puede realmente influir en el sistema general del
universo y sus leyes, y cada uno de nosotros puede alcanzarlo, siguiendo las huellas de los
cabalistas que lo han logrado.
* El Rav
Dr. Michael Laitman es máster en ciber-nética, doctor
en filosofía y Cabalá, profesor de ontología y
teoría del conocimiento. Es fundador y presidente de
Bnei Baruj y del Instituto ARI, en Israel. Más
información en
www.kabbalah.info
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