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Desde
que se inició el conflicto en Irak, más de 3.000 soldados
estadounidenses han perecido, y la cifra sigue aumentando. Cientos
de miles de civiles iraquíes han sucumbido a manos de sus
conciudadanos. Irak es un reflejo desolador del estado actual en que
se encuentra el mundo.
Según el cabalista rabí Iehuda Ashlag, esto es tan sólo el
principio. Escribió que si la humanidad no cambia su rumbo, podría
ser arrastrada a una tercera y hasta una cuarta guerra mundial y
aquellos que queden, igual tendrían que hacer el cambio que se
requiere que nosotros hagamos hoy.
No
es una cuestión de buenas o malas decisiones políticas, ni de un
líder en particular que esté llevando al mundo a su perdición.
Existe una razón por la que todo esto está ocurriendo y cuanto más
pronto lo comprendamos, más rápido lograremos remediar la situación.
Tal como lo expresa el rey Salomón, no está en manos de los
gobernantes determinar el curso que sigue el mundo; está en manos de
la fuerza que lo ha creado y lo guía. Es por eso que está escrito:
"A ti se te ha mostrado para que supieras que el Señor, Él, es Dios;
no hay nadie más que Él" (Deuteronomio 4:35).
El
cabalista rabí Ashlag explicó que "No hay nadie más aparte de Él.
Significa que todo lo que experimentamos, bueno y malo, amigos o
enemigos, son todos Sus mensajeros, sin excepción. Y si esta es la
manera en que los enfocamos, descubriremos al Creador a través de
nuestra relación con ello".
Hacia el final de sus días, Ashlag escribió una serie de ensayos en
los que describe el curso de acontecimientos que desencadenarían en
el logro espiritual de la humanidad.
Al
tiempo que afirmó que estos eventos serían obligatorios, enfatizó
que podría ser que se desarrollaran, ya sea internamente, dentro del
reino espiritual de cada persona, o fuera de nosotros, en el mundo
estrictamente físico.
En
esos escritos, el rabí Ashlag explica que el ego humano
continuamente se desarrolla en cantidad y calidad. Queremos tener
más dinero, más poder, más sexo, más de todo. Pero en la cumbre del
egoísmo desearemos saber cómo controlar el mundo entero, cómo
funciona todo y gobernarlo. En suma, anhelaremos ser como una
deidad.
La
Cabala, y prácticamente todos los textos espirituales, nos explican
que el Creador es bueno, y por lo tanto, desea hacer el bien a todos
nosotros, Sus creaciones. Y puesto que no hay nada mejor que el
Creador mismo en toda la realidad, Él desea darnos todo de Sí mismo;
es decir, Su conocimiento y Su poder.
El
Creador nos ayuda a llevar esto a cabo, en la escuela de este mundo,
mediante pruebas que tenemos que superar y es por eso que el ego
humano se desarrolla continuamente: cuanto más grande el egoísmo,
más se intensifica la prueba.
Así
vamos progresando en la espiritualidad: tratando de construir un
mejor mundo y sociedad. A medida que voy aprobando los exámenes, me
voy convirtiendo en el titular de cada grado; es decir, logro verlo
desde el punto de vista del Creador, habiendo alcanzado Su
conocimiento y poder y, por lo tanto, en ese nivel ya no soy más un
títere accionado por hilos.
Las
atrocidades de nuestro mundo son un reflejo de nuestro inflado e
indómito ego. Pero estas penosas experiencias no tienen por qué
aparecer bajo la forma de tiranos, desastres naturales, terrorismo o
pandemias globales.
Si canalizamos nuestros egos en la dirección correcta en el momento
en que brotan no tendrán por qué manifestarse de maneras tan
negativas.
El
ego humano sólo apunta a cualidades de nuestra alma que (aún) no son
similares a las del Creador. En un principio, las sentimos como
pequeños inconvenientes, como ligeros dolores de cabeza. A medida
que el ego crece y la diferencia con el Creador se acentúa, el dolor
de cabeza se convierte en migraña. Pero si trabajamos dentro de
nosotros, mientras es una pequeña jaqueca, ésta no tendrá que
convertirse en una migraña, por lo que evitaremos la necesidad de
hacer frente a las tragedias colosales. Percibiremos la vida y
nuestras relaciones con los demás como una secuencia de
revelaciones, infinitas posibilidades de parecemos al Creador.
Por
consiguiente, sentiremos amor por los demás en lugar de odio, y la
escuela rigurosa se convertirá en un alegre jardín de juegos.
Para
que esto ocurra, necesitamos un sistema de enseñanza. La Cabala
afirma que si no hay nada aparte de Él, entonces es Él que ha puesto
el ego dentro de nosotros y que tuvo que haber tenido una razón. En
lugar de tratar inútilmente de suprimir el creciente ego, la Cabala
ha desarrollado libros de estudio que nos muestran cómo canalizarlo,
tal como lo hace el Creador con los corazones de los reyes,
trazándoles el camino como si fueran ríos.
Esta
es la gran revelación que la Cabala ofrece al mundo: en lugar de ir
aniquilándonos unos a otros, aprendamos todos a ser omniscientes,
poderosos y semejantes a Dios. De ser así, ¡ganaremos todos!
*El Rav Dr. Michael Laitman es máster en ciber-nética, doctor en
filosofía y Cabala, profesor de ontología y teoría del conocimiento.
Es fundador y presidente de Bnei Baruj y del Instituto ARI, en
Israel. Más información en:
www.kabbalah.info.
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