“…el rezo tiene que realizarse
en el corazón… O sea, que el corazón esté de acuerdo con lo que el hombre expresa con sus
labios… ‘porque el hombre mira con sus ojos, y el Señor ve el corazón’”
Rabí Baruj Ashlag, “Shamati 122”.
De acuerdo a la sabiduría de la Cabalá, las
fiestas de Israel nos describen de manera simbólica el proceso del desarrollo espiritual de cada
persona. Éste es un proceso circulatorio llamado “año”, lo cual significa que en cada
nueva situación, el individuo pasa las mismas experiencias, solo que de manera más profunda y clara,
ayudándole a entenderse mejor a sí mismo. Así se cambian en el cabalista 6,000 estados de desarrollo
espiritual, hasta que consigue sentir todos los placeres que un ser humano puede experimentar.
Con el pasar de estos “años”, el
cabalista se tropieza una y otra vez con situaciones que le ayudan a subir al próximo peldaño.
Los cabalistas llamaron a estas situaciones ''fiestas, feriados y Sábados''.
La sabiduría de la Cabalá describe la
realidad que está oculta de nosotros, la cual es revelada a la persona en el trayecto de
su desarrollo espiritual. Le ayuda al cabalista a comprender cómo fue creado el hombre y
para qué vive.
Esta investigación se ha estado realizando
miles de años por muchos cabalistas que vivieron a lo largo de las generaciones, desde la época
de Abraham el Patriarca hasta nuestros días. El conocimiento que se acumuló fue transmitido de
generación en generación, en forma escrita y oral. Los libros de Cabalá escritos en el transcurso
de los años describen los alcances espirituales a los que llegaron los escritores. En nuestros días,
cualquiera de nosotros puede llegar a estos logros.
“Adam HaRishón (El Primer
hombre)”
La Torá nos cuenta que el mundo fue creado en
un trayecto de seis días, seis pasos de cambio entre la luz y la oscuridad. En el sexto día fue
creado “Adam HaRishón (el Primer hombre)”, y precisamente antes del Sábado él pecó y
fue expulsado del ''Paraíso''. Adam HaRishón simboliza un estado de perfección, de unión de todas
las almas. Puesto que pecó, se dividió su alma en miles de partes –es decir, almas-, las
cuales se desconectaron una de la otra. En cada uno de nosotros existe una de estas miles de almas.
Nuestro deber es unir a todas en una sola, el alma de Adam HaRishón. De esta manera podremos corregir
su “pecado” y regresar al “Paraíso”.
La fecha de Rosh HaShaná (el Año Nuevo del
calendario judío), nos recuerda que tenemos que empezar a corregir nuestras almas, devolviéndolas
a su estado original, a la integridad.
El individuo que comienza su corrección espiritual
en la parte del alma de Adam HaRishón que se encuentra en él, descubre al paso de los primeros diez
días -en los que experimenta los diez estados espirituales-, la diferencia entre su estado actual y
el estado perfecto, del cual cayó su alma.
Y así él llega a la corrección de su alma que
está compuesta de diez Sefirot, las cuales simbolizan los diez días de Teshuvá (Días del Perdón).
Cuando él entiende la magnitud de la diferencia entre ambos estados, pide fuerzas de corrección y
siente que necesita expiación. Este estado se llama en la espiritualidad “Yom Kipur (Día del
Perdón, del cual se deriva la palabra Kapará-Expiación, en hebreo)”
Y este es el orden de los estados espirituales
que pasa el hombre:
De Rosh HaShaná (Año Nuevo) hasta Yom Kipur
(Día del Perdón), revela el hombre qué es lo que tiene que corregir;
En Yom Kipur, pide las fuerzas que le ayuden a
corregirse;
En Sucot, recibe estas fuerzas y pasa la
corrección;
Y en Simjat Torá (el Recibimiento de la Torá)
termina con dicha el trabajo de unir las partes del alma de “Adam HaRishón”.
Puesto que se habla de estados internos que no
dependen de los días del año, el cabalista puede pasar un año entero en un lapso de dos días
corporales, por ejemplo. El ritmo de los cambios internos determina el largo del proceso. De
acuerdo a esto, es importante recordar que el Año Nuevo (Rosh HaShaná) corporal es sólo una
evocación del estado espiritual que éste representa. Un cabalista puede estar en un estado
llamado “Año Nuevo Espiritual” también en cada día corriente de la semana.
Cada cabalista pasa en total 6,000 años de
cambios en el trayecto de su vida, hasta que llega al estado en el cual termina la corrección
de su alma, su parte individual de Adam HaRishón.
Así completa el cabalista su rol, y no
necesita reencarnarse más “…resulta de esto que todo aquel que nace, nace sólo
con una pequeña fracción de la parte del alma de Adam HaRishón, y cuando corrige su parte
ya no necesita volver a reencarnarse. Por lo tanto, el hombre no puede corregir, sino sólo
la parte que le pertenece, y sobre esto se escribió en el libro ‘Árbol de la Vida’
del Arí, ’no hay día parecido a su amigo y no hay momento parecido a su compañero, y no
hay un hombre parecido a otro... sino, cada uno tiene que corregir la parte que le
pertenece’”, Rabash, artículo “A qué grado tiene que llegar el ser humano”.
Es mi deseo bendecir a los habitantes de
todas las naciones del mundo, que en este Año Nuevo nos embarquemos todos en el sendero del
desarrollo espiritual y que consigamos llegar juntos al Año Nuevo verdadero (espiritual),
cumpliendo así nuestra función, y alcanzando la plenitud ya, en esta vida.
* El Rav
Dr. Michael Laitman es máster en ciber-nética, doctor
en filosofía y Cabalá, profesor de ontología y
teoría del conocimiento. Es fundador y presidente de
Bnei Baruj y del Instituto ARI, en Israel. Más
información en
www.kabbalah.info
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