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Januca y la Cabala
Tenemos que resolver el problema con nosotros mismos, en nuestro interior; dentro de todos y cada uno de nosotros.
De ahí llegará la victoria sobre todos los extraños y lograremos la gratitud de todo el mundo.
 

14 de deciembre, 2006

Vivimos en un mundo muy complejo, una vorági­ne. Tratamos de huir de los sufrimientos, pero sólo de vez en cuando logramos saborear placeres en nuestra vida. No sabemos si hay algún plan en la Naturaleza para nosotros. Es una exis­tencia bastante intrascen­dente.

Cuando investigamos to­dos los elementos de la Creación, vemos qué inteli­gente, sabia y especial es, habiendo creado todo con un propósito, una causa y un efecto.

Sabemos cómo indagar los niveles inferiores al nues­tro: inanimado, vegetativo y animal. Sólo la razón de la existencia del ser humano permanece desconocida.

Es por eso que los cono­cimientos acerca de la socie­dad, del carácter humano, y la psicología, no se han convertido en una ciencia, sino en una acumulación de observaciones recolectadas a través de nuestras vidas.

La sabiduría de la Cabala es muy antigua, desarrolla­da por Abraham el Patriar­ca hace 5.000 años. Nos enseña que para saber cómo comportarnos y evolucio­nar, primero tenemos que estudiarnos a nosotros mis­mos y a nuestra sociedad.

Nació cuando la humani­dad comenzó a formar su primera civilización, en la antigua Babilonia. Las per­sonas querían, por orgullo, construir una torre que lle­gara al cielo para poder dominar a la Naturaleza; y dejaron de entenderse entre sí.

Abraham, que en realidad era uno de ellos, les dijo: "Esta no es la manera correcta de actuar y vamos a fallar. Nosotros no conocemos la Naturaleza y no podemos seguir nuestro ego creciente. Tenemos que ir por otro camino. Es decir, aunque el ego siga creciendo tendremos que volver a crear, por encima del él, las mismas relaciones que te­níamos antes".

Verán que si así lo hace­mos, si lo usamos para llegar al amor hacia el prójimo, descubriremos precisamente dentro de él, dentro de nues­tra naturaleza, una regla­mentación; ¡leyes maravillo­sas de la Naturaleza!

Al superar su propio ego­ísmo -implementando el al­truismo-, Abraham descu­brió las leyes de la Natura­leza Superior, llamadas así porque superan al ego.

Por ayudarle a recibir la revelación de la naturaleza verdadera del hombre y de cómo es activado, llamó a este método "La Sabiduría de la Cabala", de lekabel (recibir, en hebreo).

Luego, empezó a enseñar­la a los demás babilonios, y estableció su grupo de ca­balistas que con el tiempo se convirtió en una nación. Después de haber llegado a la tierra de Israel    -comportándose de la manera ense­ñada por Abraham y Moi­sés -llegó a experimentar un crecimiento del ego, tratán­dose con menosprecio en vez de las relaciones de amor recíproco, la garantía mutua, ama a tu prójimo como a ti mismo y como un solo hombre con un solo corazón, de cuando recibie­ron la Tora.

Y como las fuerzas espi­rituales son las que determi­nan los hechos en el reino físico, al empezar a tratarse de forma egoísta, causaron lo mismo en la exterioridad, facilitando el ataque de sus vecinos, los griegos.

Surgió un problema aún más grave con los helenis­tas, que estaban mezclados con los judíos. Una parte del pueblo quería seguir la Tora de Abraham y la otra dijo: "No. No somos capa­ces de superar nuestro ego; tenemos que ser como el resto de las naciones". Que­rían vivir de acuerdo al ego como los babilonios en su tiempo.

Lucharon entre ellos has­ta que el gran sacerdote Matityahu se levantó, como Abraham en su tiempo, usando el mismo método, y dijo: "No. No podemos aceptarlo. Tenemos que des­trozar toda esta nueva in­fraestructura griega. Debe­mos elevarnos por encima de ello y volver a ser una sola nación con un solo corazón hacia el Creador, esta fuerza preciosa, buena y benévola, la fuerza del amor".

Y así se levantaron, lu­charon y prevalecieron.

Todo lo que sucedió con Abraham en Babilonia, lue­go con Moisés y Matityahu, es la misma lucha; el ego empieza a intensificarse, obligándonos a elevarnos por encima de él con amor, y así prevalecemos.

El pueblo de Israel llamado así (Iashar-directo, Él-Dios) porque sabe cómo elevarse por encima del ego, hacia el amor, no pudo superarlo y cayó bajo su dominio, causando la des­trucción del Templo, la cual continúa hasta ahora.

Los hijos de Israel se levantan de nuevo, apoyán­dose en el mismo método que desarrolló Abraham, diciendo: "¡Oye, pueblo ju­dío! ¡Vamos! Elevémonos de nuevo a nuestro nivel, en el que realmente existimos co­mo la nación de Israel, como un solo hombre con un solo corazón, y vencere­mos a nuestros enemigos: los griegos, los amalequitas, los nazis; todos, hasta el último". ¡Esto es lo único que nos podrá salvar!

No se trata de hacer guerras con ninguno de ellos; nuestra unificación es una condición para triunfar, como nos enseñó Abraham, Moisés (en la escena de la entrega de la Tora) y Ma­tityahu: tenemos que matar a los griegos entre nosotros.

Es decir, los deseos de permanecer sumergidos en el egoísmo. Tenemos que elevarnos por encima de ellos y unirnos en un amor fraternal.

De ahí llegará la victoria sobre todos los extraños. Toda la humanidad va a reconocernos como el pue­blo elegido, especial, sagra­do, que significa el otorgan­te, el que otorga el amor, el pueblo altruista.

¡Si llegamos a eso, logra­remos la gratitud de todo el mundo!

Esa fue la fiesta de Januca en la historia, y es la misma Januca que tenemos que realizar hoy día, como ju­díos entre todos los helenis­tas, los deseos helenistas dentro de cada uno de nosotros. Tenemos que re­solver el problema con no­sotros mismos, en nuestro interior; dentro de todos y cada uno de nosotros.

*El Rav Dr. Michael Laitman es máster en cibernética, doctor en filosofía y Cabala, profesor de ontología y teoría del conocimiento. Es fundador y presidente de Bnei Baruj y del Instituto ARI, en Israel.Más información en: www.kabbalah.info.

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