Piensa rápido: ¿qué es lo que te haría realmente feliz?”
Con este encabezado daba inicio el artículo aparecido en la revista
Newsweek en su edición de mayo 2007, dedicada al tema de la
felicidad. Reconocidos psicólogos internacionales, sociólogos,
biólogos y economistas intentaron dar respuesta a la eterna
pregunta: ¿cuál es el secreto de la felicidad?”, o más directamente,
¿qué debemos hacer para alcanzar la felicidad?”
El dinero
del vecino vale más
¿Será dinero?”, se preguntaban los investigadores. Si yo
tuviera dinero”, alega el típico fantasioso de la felicidad, haría
todo lo que yo quisiera: viajar por el mundo, comprar lo que se me
antojara, sería independiente y tendría el control de mi existencia.
En pocas palabras, el dinero me traería la felicidad, ¿no es así?”
De manera sorprendente (o no), los estudios más recientes nos
muestran que una vez que tenemos la cantidad suficiente para llenar
los satisfactores básicos, el dinero deja de ser una fuente de
felicidad. De hecho, una investigación muy conocida revela que los
ganadores de la lotería pierden la euforia inicial con bastante
rapidez. Al cabo de poco tiempo, su estado de ánimo es exactamente
igual al que tenían antes de su buena suerte.
Efectivamente, una vez que hemos acumulado más dinero del que
necesitamos para nuestras necesidades básicas, la capacidad de
disfrutar se va opacando con preguntas como, ¿estoy a la altura de
los Pérez?” Pues no importa qué tanto ganemos, siempre nos va a
parecer que los billetes de nuestro vecino valen más.
La economía de la felicidad
¿Qué podemos decir de nuestro tiempo de ocio? ¿Si trabajáramos menos
y tuviéramos más tiempo libre, llegaríamos a sentir la tan ansiada
felicidad?
Los investigadores rechazan tal hipótesis categóricamente. En el
Mapa de la Felicidad del Mundo”, que publicó recientemente la
Escuela de Psicología de la Universidad Leicester de Inglaterra, los
industriosos Estados Unidos de América ocupan un respetable lugar
23, mientras que los franceses, que gozan de un buen número de
semanas de vacaciones, se colocan en un desconcertante lugar 62.
Una por una, los investigadores de la felicidad han desautorizado
las teorías más conocidas sobre el camino que conduce a ella. Han
llegado a la conclusión que a la larga, las circunstancias como
triunfar en la profesión, ser feliz en el matrimonio e incluso gozar
de buena salud no nos garantizan la felicidad.
Por lo tanto, ¿qué es lo que nos haría felices? Ésta es justamente
la pregunta que deja a los investigadores sin habla. Por alguna
razón, es más sencillo identificar los factores que no nos dan la
felicidad, que ofrecer una fórmula práctica para la verdadera
felicidad.
La felicidad está por doquier -dentro de los libros más vendidos, en
las mentes de los creadores de políticas sociales, y es el punto
central de los economistas-, sin embargo, sigue siendo esquiva”,
concluye Rana Foroohar, la veterana editorialista de Economía del
Newsweek.
Entonces, ¿qué podemos hacer para capturar la efímera felicidad?
La mecánica de la felicidad
Para descifrar el secreto de la felicidad, debemos descubrir en
primer lugar quiénes realmente somos y cuál es nuestra naturaleza,
lo cual es muy sencillo: tenemos el deseo de ser felices. En otras
palabras, todos nosotros queremos recibir placer y disfrutar, o como
lo llama la Cábala, el deseo de recibir”.
``...El deseo de recibir placer constituye toda la sustancia de la
Creación, desde el principio hasta el final, hasta que toda la
incalculable cantidad de criaturas y sus variedades no son otra cosa
sino grados y valores distintos del deseo de recibir''.”
Cabalista Yehuda Ashlag (Baal HaSulam), Prefacio a la Sabiduría de
la Cábala.
Tal vez estén familiarizados con lo anterior. Pero nuestra
naturaleza, el deseo de recibir, es mucho más sofisticada de lo que
nos parece. No es tan sólo un deseo constante que siempre nos está
dando ligeros codazos para buscar la felicidad.
Este deseo de recibir es realmente lo que nos mueve a realizar todo,
desde las acciones cotidianas, insignificantes, hasta los
pensamientos que pasan por nuestra mente.
El deseo de recibir busca satisfacción a cada paso y se asegura que
no descansemos hasta satisfacer sus demandas. Es el que determina
constantemente nuestro estado de ánimo; si lo complacemos, nos
sentimos felices, nos sentimos bien, la vida es una canción; pero si
no lo hacemos, estaremos frustrados, enojados, deprimidos, nos
volvemos violentos y hasta con pensamientos suicidas.
Puede que ya lo hayas reflexionado: lo que tan a menudo pasa para
nosotros inadvertido -y lo que por cierto constituye la clave para
develar el secreto de la felicidad- es el hecho que, una vez que
hemos complacido nuestro deseo de recibir”, el placer que en algún
momento sentimos, desaparece.
El célebre autor irlandés Oscar Wilde, definitivamente lo sabía
cuando escribió: ``En este mundo sólo ocurren dos tragedias. Una, es
no conseguir lo que queremos, y la otra es conseguirlo. La última es
por mucho la peor, es una verdadera tragedia”. |