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La situación de la generación joven sólo empeorará si no tomamos
una postura clara y exigimos un cambio verdadero y duradero. Un
cambio como ese, puede llegar sólo desde abajo. Desde nosotros, los
padres de la nueva generación.
La sociedad y el ego
que ruge
El ocuparse cada uno de sí mismo proviene directamente de la
consideración que tiene el Estado de Israel respecto al tema de la
educación. Las personas se preocupan por sí mismas, sin prestar
atención a los demás o a los valores en verdad relevantes",
escribieron representantes del último año de secundaria, en una
carta pública dirigida al primer ministro y a la titular de
Educación, hace unas semanas. En esa reflexión, precisamente, se
plantea el origen del problema.
El ego humano que se encuentra en proceso de continuo desarrollo a
través de la historia, llega hoy a su último y más elevado estadio.
En los siglos anteriores el ego se desarrolló lentamente, pero en la
última centuria se produjo un incremento mucho más significativo.
Este salto cualitativo dio un empuje al desarrollo científico y
tecnológico, pero por otra parte, creó una generación egoísta,
caracterizada por una necesidad apremiante de comprender el
significado de la vida. Quien piensa que los miembros de esta
generación no están preparados para entenderlo, se equivoca.
Las preguntas que en el pasado eran patrimonio de unos pocos y que
se des-pertaban en el hombre a una edad relativamente madura,
irrumpen y se instalan, hoy día, en el centro de la escena,
exigiendo respuestas.
La incapacidad de responder a esta nueva necesidad que, en la
mayoría de los casos es inconsciente e indefinida, crea una
frustración que viene habitualmente acompañada de violencia e
hiperactividad.
El niño acumula frustraciones hasta que la situación estalla.
Otra forma que encuentran los jóvenes de evadir la realidad ante la
imposibilidad de obtener respuestas, es a través de las drogas o
cualquier otro placer que les traiga felicidad instantánea (aunque
momentánea)" a un costo de unos pesos.
Sedientos de contacto
Este anhelo desesperado conduce a los jóvenes a unirse a redes
sociales virtuales que florecen y cambian constantemente. Allí, los
jóvenes buscan integrarse y ser parte de una estructura mayor,
cálida, segura y estable.
Encuestas publicadas recientemente dan cuenta que en el mundo actual
casi la mitad de los niños crecen en un marco familiar transitorio e
inestable. La célula familiar cálida, amorosa y protectora de antaño
fue reemplazada por una estructura improvisada", parejas cambiantes
que cumplen con su función de padres sólo parcialmente y por un
tiempo limitado.
En muchas ocasiones irrumpen en la vida del niño nuevos hermanos"
que él no conoce y que según la época, desaparecen hacia su otra
familia.
Resulta así que este niño vulnerable atraviesa las etapas más
importantes de su desarrollo, sumido en una sensación continua de
inestabilidad, miedo al abandono y temor a perder a uno de sus
padres o a ambos.
Estos procesos, cuyo significado psicológico está claro para todos,
influyen en forma directa en la formación de la personalidad del
niño. Si a esto agregamos la necesidad interna de la que hablamos
anteriormente, obtendremos un niño-adulto, que aún asignándole
cientos de maestros en una misma aula, nada ayudará para educarlo.
La situación actual nos exige pensar en forma diferente; es
necesario un cambio básico y profundo.
El cambio llegará desde abajo
¿Y nosotros? Una de dos: o estamos demasiado ocupados en otros
asuntos como para disponer de tiempo libre y ocuparnos de lo que de
verdad es importante, o no entendemos lo que está sucediendo, la
gravedad de la situación.
No cabe duda; lo más sencillo que podemos hacer es dejar las cosas
como están. Dejar a los maestros lidiar con el Tesoro y desear que
esta historia termine lo antes posible para que podamos volver a la
rutina diaria y ocuparnos de cosas más importantes. Pero, aunque
duela admitirlo, esto no va a terminar así nomás, y mucho menos
rápidamente. La situación sólo empeorará si no tomamos una postura
clara y exigimos un cambio verdadero y duradero.
Un cambio así, puede llegar sólo desde abajo. Desde nosotros, los
padres de la nueva generación. Es nuestra obligación, generar un
cambio básico en nuestra sociedad.
Debemos presionar para producir un cambio absoluto en el orden de
prioridades, que coloque a la educación (y no al sistema educativo"
ni a los maestros", que no son los responsables de la situación
actual) en el centro del orden del día. Tenemos que iniciar un
diálogo público profundo, abierto y auténtico para poder entender
cómo nosotros, como sociedad y seres humanos, nos ocuparemos de
resolver esta situación.
No existe ningún motivo para temer a las grandes preguntas". Los
niños son mucho más abiertos frente a ellas que los adultos y, para
nuestra sorpresa, las entienden mejor.
Es posible que queramos sacarnos de encima esta carga, pero no hay
aquí nadie más que haga el trabajo por nosotros. Le debemos eso a la
generación joven, a nuestros hijos e hijas. |