Constantemente, a nivel internacional, se habla de realizar
esfuerzos por alcanzar la igualdad entre los hombres y mujeres como
condiciones para el logro de la justicia, la paz y el desarrollo.
Sin embargo, los resultados nos demuestran que algo está fallando en
el enfoque utilizado para conseguir estos objetivos.
Hoy en día, vemos que las mujeres han sufrido mucho más que los
hombres como producto del desarrollo. Los hombres se sienten cada
vez menos responsables del hogar, y a la vez, se les han otorgado
más medios con los cuales buscar poder, dinero, honor y diversión.
Las mujeres, por otro lado, están perdiendo el hogar como eje
fundamental, los hijos dejan sus casas a temprana edad, los
divorcios están a la orden del día, y en medio de esta situación,
quedan ellas envueltas en una encrucijada sin satisfacer sus
profundas demandas internas.
Por eso, no es de sorprendernos que el número de mujeres que sufren
de depresión es el doble que el de los hombres, tal como lo
demuestra el más reciente estudio del Instituto Nacional de Salud
Mental de Estados Unidos (NIMH, por sus siglas en inglés).
De vuelta a las raíces
Una apreciación del tema de género desde su raíz podría
traernos a una situación más promisoria. Analizar los derechos de la
mujer nada más desde la perspectiva terrenal y no desde la óptica de
su de- sarrollo espiritual, hace que nos quedemos cortos en
reconocer el papel tan importante que ésta juega en el mundo moderno
y en la historia de la humanidad en general.
La Cábala asigna a la mujer el papel principal en el mundo, porque
es ella la encargada de la continuidad, perpetuando a la humanidad
de generación en generación.
Puesto que ella forma la base para la generación siguiente
-educándola y apoyándola-, el progreso en general, la vida en sí,
sería imposible sin la mujer.
Esto proviene de nuestras raíces espirituales, porque la Creación es
de género femenino. Según la Cábala, el mundo existe alrededor de la
mujer. Maljut -que representa el ser creado en general- es un
componente femenino del mundo, mientras que Zeir Anpin -su parte
masculina que representa la fuerza del Creador- existe solamente
para ayudarle a satisfacer sus deseos, o como se le llama en la
Cábala, llenarla de Luz.
Aprendiendo a recibir
La Cábala es llamada la ciencia de la recepción", porque nos enseña
cómo recibir, lograr la eterna felicidad, tranquilidad, serenidad,
paz y amor ilimitados. Es decir, nos enseña que en lugar de agotar
nuestra vida persiguiendo metas efímeras, que tarde o temprano
pierden su atracción, podemos aprender cómo recibir el placer que
permanezca para siempre.
Los cabalistas de todas las generaciones han estado preservando y
desarrollando este método para traerlo a nosotros y hacerlo adecuado
para ser utilizado en nuestro tiempo, cuando fuera necesario
corregir el egoísmo que habría alcanzado su máximo nivel, tal como
lo explica el Libro del Zohar.
La cooperación armoniosa entre los dos sexos, sin embargo, es
fundamental en el logro de esta Meta. Complementar uno al otro en
vez de chocarnos, aportando lo que sólo nosotros podemos, cada uno
con sus cualidades inherentes, es lo que nos conduce eventualmente a
la felicidad.
No obstante, esto no ocurre de manera repentina o casual, sino que
es un proceso gradual que da inicio al desearlo consciente y
personalmente.
El mundo, el hogar de todos
En nuestro mundo nada sucede de manera accidental. Todo lo
que traspasa de un nivel a otro es el efecto descendiente de las
fuerzas de lo Alto. Y si algo repentinamente nos parece como un
acontecimiento inesperado, fortuito, es solamente por nuestra
percepción limitada. Si viéramos el sistema entero del mundo, la
interacción total, nos daríamos cuenta que todo tiene una causa y un
efecto.
Esto significa que para poder afectar un cambio verdadero en el
mundo en general, y en nuestras relaciones personales, en
particular, es imprescindible ascender al nivel de donde se originan
los cambios.
Sin embargo, vemos que no sólo que la humanidad no haya ganado
acceso a los secretos de la vida, sino que incluso aquellos marcos
que han sido establecidos con una finalidad específica para el
desarrollo de la sociedad, tales como la familia, la procreación, y
demás, están perdiendo más y más su valor, a causa del creciente
egoísmo.
En cambio, hemos creado un universo artificial para
auto-satisfacernos, empujándonos hacia un estado de profunda crisis
en las parejas, en las relaciones entre padres e hijos, y a todo
nivel.
No obstante, esta crisis en la que nos encontramos, tiene un
propósito: que comprendamos que para poder no sólo llegar a una vida
feliz, sino a una tolerable, es necesario establecer una relación
consciente con la fuerza gobernante del mundo, la parte de la
naturaleza que se oculta actualmente de nosotros. Si pudiéramos
lograrlo, mediante la adopción de Sus leyes, es decir,
equilibrándonos con la naturaleza, alcanzaríamos la felicidad
absoluta, hombres y mujeres -uno al lado del otro-, en perfecta
armonía. |