La Hagadá de Pesaj” nos recuerda uno de los eventos más memorables e
importantes en la vida del pueblo judío. La nación de Israel,
sometida bajo la esclavitud del Faraón, rey de Egipto, decide no
tolerar más la situación, y se escapa.
En Hollywood, lo presentaron extraordinariamente con drama,
emociones, amor y suspenso, en la película famosa de 1956, ``Los
Diez Mandamientos”''. Charlton Heston, quien falleció recientemente,
hace el papel de Moisés, que lucha heroicamente contra el rey
egipcio, emocionando a la audiencia con sus repetidos intentos de
liberar a su pueblo de la esclavitud del Faraón. Y tal como en las
películas espectaculares de Hollywwod, el bueno prevalece con la
ayuda de la fuerza superior, y Moisés conduce a su pueblo a su éxodo
histórico de la esclavitud hacia la libertad.
Sueño y
desilusión
El pueblo judío y la humanidad en general han pasado muchos
cambios en miles de años de existencia, desde aquella salida
histórica hacia la libertad, conduciendo a la humanidad a lo que hoy
pareciera la cúspide de la evolución humana. El hombre ha llegado a
la Luna, clonado animales y trazado el mapa del genoma humano, pero
¿se han realizado realmente todos nuestros sueños y esperanzas?
¿Acaso la modernización y el avance nos han hecho más felices y
libres?
Hasta años recientes, pensábamos que robots amables y máquinas
avanzadas harían nuestro trabajo, mientras nosotros nos quedáramos
cómodos en el sofá, gozando de un buen libro o jugando con los
niños. Actualmente, trabajando sin parar, buscando un solo momento
de descanso, parece que este sueño se ha convertido en una gran
desilusión.
Progresivamente, se nos hace evidente que buenos ideales y valores,
ciencia y alta tecnología, centros comerciales y canales de
comunicación, no son suficientes para crear un mundo realmente
libre. Nos falta un solo ingrediente, pero el más básico de todos:
conocer la tecnología de la interioridad del ser humano, el
ingrediente responsable del logro o falla de todos nuestros planes
maravillosos.
Cómo da vuelta la rueda
Rabí Yehuda Ashlag (Baal HaSulam), el gran cabalista del
siglo XX, nos abre una pequeña grieta hacia el misterio de esta
estructura especial de la naturaleza humana, en su artículo ``La Paz
en el Mundo'': ``Cada individuo de la sociedad, es como una rueda
engranada entre varias ruedas encajadas en una sola máquina, en
donde la rueda individual no tiene libertad de movimiento por sí
misma, sino que se deja llevar por el movimiento del total de las
ruedas, hacia una dirección determinada, adecuando la máquina para
su función general''
Con esta cita, nos explica Baal HaSulam que toda la humanidad está
hecha prácticamente como un gran mecanismo, cuyos elementos están
interconectados entre sí, como ruedas dentadas que activan y giran
una a la otra en perfecta armonía.
La fuerza motriz de cada una de las ruedas del sistema llega del
mecanismo general. Es decir, que mientras más balanceado sea el
sistema, más provecho saca de él cada una de las ruedas. Y si sólo
una rueda, aunque sea la más pequeña de todas, decide repentinamente
girar en dirección opuesta a la general, aprovechándose de la fuerza
producida de las demás ruedas para su propio beneficio, de inmediato
infringe el equilibrio de todo el sistema, dañándose también a sí
misma.
Cada rueda con su propia melodía
Si sólo pudiéramos ver el cuadro completo de este ``sistema de
ruedas dentadas'', al que pertenecen y en el que van ``girando''
todos los seres humanos, veríamos de manera precisa que todos
nuestros hechos, pensamientos y deseos, repercuten en el total del
sistema, el cual nos influye de vuelta, tal como lo expresa Baal
HaSulam en el mismo artículo: ``Y el bien del total constituye el
bien de cada individuo. El que hace daño al total toma su parte en
el daño, y el que beneficia el total toma su parte en el beneficio.
Porque los individuos constituyen parte del total. Y el total no
tiene valor agregado alguno sobre la suma de los individuos''.
De ahí que la verdadera liberación se puede lograr sólo si
reconstruimos la definición de libertad, en concordancia con el
sistema general en el que todos nosotros existimos. La verdadera
libertad, nos explican los cabalistas, es, de hecho, la libertad del
mismo mecanismo interno que nos impide sentir nuestra conexión con
las demás ruedas que giran junto con nosotros. Libertad del dominio
del ego que nos separa y nos aleja a uno del otro.
Cada uno de nosotros tiene en sus manos una fuerza inmensa y
especial, dice la Cábala. Cada persona tiene su propia rueda
dentada, única y especial, sin la cual todo este gran mecanismo,
esta máquina maravillosa de la humanidad, no podría moverse ni
siquiera un milímetro. La verdadera libertad se expresa precisamente
en la habilidad de participar activamente en el descubrimiento de la
perfección que mora entre las ruedas unidas. Y mientras más aumenta
el engranaje, más poderosa la sensación de libertad que descubrimos.
Así, la promesa de salir de la esclavitud moderna a la libertad,
permanecerá, mientras logremos hacer uso del método que nos muestre
cómo tornarnos ruedas armoniosas en el sistema general, para
alcanzar la sensación de la eterna libertad. |