Lo que ocurre a continuación, fue descrito con todo el lujo de
detalles emotivos por el laureado autor israelí Amos Oz, en su
libro "Una historia de amor y oscuridad'':
...y luego, hubo bailes y lágrimas y banderas y los autos tocaban
con todo poder sus bocinas, y en todas las sinagogas se oía el
Shofar, y los libros de Torá fueron retirados de sus arcas,
arrastrados hacia los círculos de personas bailando y en las
primeras horas de la madrugada se abrieron los bares en toda la
ciudad y repartieron bebida y pasteles gratis. Extraños se abrazaban
en las calles, besando uno al otro, mientras lloraban y me dijo mi
papá: "Presta atención, hijo mío, porque esta noche jamás la
olvidarás; hasta el último día de tu vida''."
Y tal como lo previó el padre de Oz, no hemos olvidado aquella
noche. Por un momento estábamos todos felices y emocionados por el
largo exilio que parecía haber concluido. Queríamos creer que las
naciones del mundo finalmente nos acogerían y nos retendrían en su
seno. Pero sesenta años después de aquel momento, aún hay dudas
sobre nuestro derecho a existir.
Un puñado de sueños
Es imposible ignorar todos los logros, dirán seguramente. Tenemos
bandera, himno, ejército y parlamento; hay razones para estar
orgullosos. Pero, ¿acaso se han cumplido todos nuestros sueños?; ¿es
que nos hemos tornado en una nación realmente independiente y unida
en su tierra? Y más aún, ¿hay quien garantizaría que si se repitiera
una votación en la ONU, pasaríamos hoy como entonces?
La enorme brecha entre los sueños del pasado y la realidad del
presente, nos está forzando a empeñarnos en un profundo y valiente
examen. Algo aquí se ha echado de menos. No es suficiente haber
vuelto a la tierra de nuestros antepasados después de 2.000 años de
exilio con una cultura renovada y la apariencia del eterno ki-
butznik conduciendo un tractor en el campo. Se necesita algo más.
Algo que convierta la alegría momentánea de aquel momento histórico
de 1947, en una felicidad plena y perpetua. Necesitamos algo que no
nos deje soltarnos de las manos. La realidad de la vida dura del
Israel del siglo XXI, conduce a muchos a pensar que ese algo" se fue
para siempre.
El mandato de la Naturaleza
La sabiduría de la Cábala que se está revelando más y más
en esta época, explica que la razón de ser del pueblo de Israel es
el rol especial que tiene que desempeñar hacia las naciones del
mundo. Este rol le fue asignado desde los tiempos de su formación,
cuando el patriarca Abraham extrajo" de la antigua civilización
babilónica unos cuantos discípulos que querían desvelar la "Fuente
de la vida'', tal como él.
Este grupo es el que se ha tornado, con el tiempo, en el Pueblo de
Israel".
Abraham estableció un nuevo método que conduce al hombre a
desarrollarse y elevarse, y a descubrir un mundo maravilloso de
fuerzas ocultas. Un mundo gobernado por atributos de amor infinito,
entrega al prójimo y garantía mutua. Sin embargo, el exilio
extendido hizo que nos olvidáramos de esa sabiduría.
No obstante, a fines del siglo XIX comenzó un nuevo movimiento de
regreso a la vida espiritual, desencadenando en la gran necesidad
del pueblo judío de restablecer la Nación de Israel. Esta
independencia material que hemos recibido, sin embargo, no fue más
que una oportunidad de volver al grado superior de existencia que
una vez habíamos alcanzado.
Mientras el pueblo retornaba a Israel, inició otro importante
proceso paralelo: la sabiduría de la Cábala -el método de elevación
que habían ocultado los cabalistas durante el exilio hasta que
madurara la generación- comenzó entonces a salir a la superficie. Y
de hecho, los dos grandes cabalistas del siglo XX, Baal HaSulam y el
Rav Kuk, confirmaron que había llegado el momento: "Estoy feliz por
haber sido creado en una generación tal, en la que ya está permitido
publicar la sabiduría de la Verdad"'' (Baal HaSulam, La Sabiduría de
la Cábala y su Esencia"). Ambos clamaban por reavivar los mismos
valores esenciales sobre los cuales se estableció nuestra nación, y
diseminarlos por todo el mundo.
Hemos vuelto a esta tierra para crear aquí un modelo de sociedad
basada en valores espirituales, que sirva como ejemplo para el mundo
entero.
Expandiendo el círculo
Es cierto que autos bocinando en las calles, gente bailando
en círculo y extraños que se abrazan repentinamente se pueden hallar
en el Israel de hoy, sólo cuando los equipos de fútbol o basquetbol
ganan la Copa, pero eso no significa que debemos darnos por
vencidos. Al contrario, debemos tratar la agrietada realidad que
presenciamos como una oportunidad para construir la felicidad de
nuestra existencia sobre los cimientos de nuestra naturaleza
original.
El éxtasis del pueblo de Israel debe resurgir alrededor de nuestro
ideal espiritual. El mundo está esperándonos a que los unamos a este
círculo de amor, removiendo conjuntamente la piedra que ha estado
cubriendo las fuentes rebosantes de alegría. El mundo está esperando
una nueva votación, que esta vez, será por el propósito interno de
la Nación de Israel. |