¿Será posible que facebook, la red social más grande del mundo,
refleje el nuevo estilo de sociedad? ¿O es que se trata de otro
aumento de ego cuya consecuencia final está destinada a romper
corazones e intensificar el distanciamiento entre todos nosotros?
¿Qué es lo que no se ha dicho sobre facebook? Que es la red social
más exitosa del mundo, que tiene un valor teórico de aproximadamente
quince mil millones de dólares, que consta de millones de
navegadores en todo el mundo, que la compañía Microsoft pagó 240
millones de dólares por una porción de 1,6% del sitio, el cual ya
está próximo a los doscientos mil (¡!) israelíes inscritos, y la
lista continúa.
Pero detrás de los números, el éxito y las palabras pomposas,
resalta una pequeña aunque no simple pregunta: ¿por qué?
¿Por qué preferimos manejar nuestras relaciones sociales mediante
mensajes textuales, correos electrónicos y juegos de internet, en
lugar de salir y encontrarnos en el mundo real?
Facebook es, sin lugar a dudas, lo más "candente'' que existe hoy
día en la Red. Todos anexan amigos, juegan con nuevas aplicaciones,
montan y bajan imágenes, se fotografían, se conocen y ¿qué es lo que
no hacen? Muchos usuarios confiesan ser completamente adictos.
¿Será que facebook responde a una verdadera necesidad social o es
simplemente otra forma fácil de escapar de la realidad a un mundo
ficticio, donde uno pueda tener decenas o incluso centenares de
amigos, un mundo más bello, de entretenimiento, donde las
fotografías que presento son retocadas y sin defectos, un mundo
donde no hay (por el momento) conflictos sociales?
"Unidad'' que presiona
Somos seres humanos y como criaturas que fueron creadas sólo para
recibir, nos gusta acariciar nuestro ego y mostrarle al mundo, cuán
bellos, capaces e inteligentes somos, y qué gran cantidad de amigos
tenemos. Ver y ser vistos. La red social nos proporciona un
excelente escenario para lograr precisamente todo esto. Ver a todo
el mundo y al mismo tiempo que nos vean de la mejor manera posible;
ser más grandiosos que la vida, con lindas fotos, alabados,
cortejados, despertando un gran interés que quizás esconda una
verdadera necesidad; necesidad a la que la sabiduría de la Cábala
llama "unidad''.
La Cábala se ocupa mucho de la relación entre los seres humanos. Nos
explica que para entender la esencia de la conexión entre nosotros,
tenemos que conocer su raíz. Los cabalistas nos dicen que en una
época, todos nosotros estábamos unidos en una sola alma colectiva,
una especie de cuerpo compuesto de incontables células (almas) que
se mantenían en una relación continua y mutua.
En un momento determinado, en el proceso de la Creación de la
realidad, tal como la conocemos hoy en día, se fragmentó el alma
colectiva en innumerables partes. Con la fractura perdimos esa
sensación de relación mutua entre nosotros. Esta separación entre
las diferentes partes del alma colectiva -que en realidad somos
nosotros- creó en nuestro interior, entre otras cosas, una sensación
de vacío tal que ha hecho que desde entonces nos encontremos
buscando sustitutos a ese sentido de plenitud que una vez
experimentamos.
En realidad, los sistemas sociales que hemos creado, en su raíz,
buscan de manera inconsciente restablecer ese lazo perdido. Ese
viejo recuerdo que nos devuelve a nuestras raíces espirituales.
El principal protagonista, responsable de la separación entre las
diferentes partes del alma colectiva, es el ego, que se apoderó del
centro del escenario y que en los últimos siglos ha estado
aumentando progresivamente su potencia.
En nuestros días, el ego está llegando a un nuevo récord y pareciera
que junto al desarrollo impresionante al que nos va conduciendo,
está cavando un profundo abismo en nuestros corazones, destruyendo
meticulosamente todo tipo de relaciones humanas cálidas que hayamos
tenido.
El ego nos hace sentir que dependemos de los demás para satisfacer
nuestras necesidades; nos empuja a abusar de ellos y usarlos; pero
cuando los demás dejan de beneficiarnos, los apartamos de nuestra
vida sin mirar hacia atrás.
En otras palabras, no podemos soportar el hecho que necesitemos de
los demás, forzándonos a permanecer unidos en contra de nuestra
voluntad. Esta unión nos presiona y hasta nos angustia. Por
consiguiente, buscamos diferentes maneras de oponernos y negarnos a
esta conexión que nos envuelve a todos en conjunto, y a la que de
todas formas tendremos que volver, eventualmente.
Cómo alcanzar una conexión verdadera y gratificante, en la segunda
parte de este artículo la próxima semana. |