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Como
el hacha corta y divide un objeto físico en dos,
así la desemejanza en forma separa y divide el objeto espiritual en
dos.
No se trata de estar cerca o lejos físicamente sino de la
equivalencia en forma.
Las personas son iguales en forma [cuando] cada una
ama lo que la otra ama y odia lo que la otra odia.
Prefacio al Zohar (Rabí Yehudá Ashlag)
Fíjate qué curioso es nuestro mundo. Tú y yo nos encontramos a un
metro de distancia, hablamos, nos vemos, pero ninguno tiene la
menor idea sobre los pensamientos y deseos del otro o de dónde
realmente está. Es posible que en este momento estés pensando en
otra persona que vive o vivió en algún otro continente o época.
Es
sabido que las personas enamoradas llevan consigo a su enamorado
adonde sea que vayan. Hablarles es una experiencia realmente
aburrida; aunque estuvieran contigo, sus pensamientos están en su
maravilloso mundo de los enamorados.
En
contraste a esto, si me preguntaras al lado de quién estuve sentado
hoy en el tren en camino al trabajo, o al lado de quién estuve
parado en la fila para comprar las entradas de la semifinal de
fútbol, seguramente no podría decirte, porque mientras esperaba en
la fila o viajaba en el tren, estuve pensando en otras cosas o
personas.
En
conclusión, la cercanía o lejanía corporal, no es lo mismo que la
cercanía o lejanía en nuestra vida interna. Es decir, cuando hay
algo que realmente queremos o con el que sentimos proximidad, éste
ocupa todos nuestros pensamientos, sentimientos e imaginación.
Equivalencia natural
Si
observamos cómo funciona la ley de equivalencia de forma en la
naturaleza, notaremos que no hay nada nuevo aquí. Vemos sólo lo que
nuestro sistema de percepción -por ejemplo, el ojo- es capaz de
captar por equivalencia de forma.
El
ojo humano divisa una longitud de onda que concuerda con la gama
que va desde el violeta hasta el rojo. Por eso, somos incapaces de
captar una longitud de onda más alta que la violeta, por ejemplo,
la ultravioleta, a menos que tengamos un equipamiento apropiado.
La
abeja divisa una longitud de onda ultravioleta y de esa manera
localiza flores de distintos tipos. Los mosquitos, en cambio,
captan la longitud de onda apropiada a ellos y así pueden dirigir un
ataque directo a tus venas. La ley de equivalencia de forma
funciona aquí de una manera ¡muy tangible!
Sabemos que la realidad está compuesta de múltiples frecuencias que
afectan nuestras vidas aunque somos incapaces de percibirlas, como
la radiación de los rayos X, o las ondas de radio. Si sólo
tuviéramos el instrumento adecuado de captación, capaz de
transformar estas ondas en una longitud adecuada a nuestros
sistemas naturales de percepción -los oídos, ojos, nariz y diversos
sensores de nuestros cuerpos- podríamos reconocer la existencia de
estas ondas en el aire.
Por
ejemplo, si te preguntara si ahora hay alguna transmisión en tu
estación de radio predilecta, contestarías que no lo puedes saber a
menos que prendiéramos la radio en la frecuencia de dicha
estación. ¿Qué es entonces lo que se genera en la radio?
El
aparato de radio simplemente sintoniza la frecuencia que ya se
encuentra en el aire, incluso antes de prenderla. Luego convierte el
mensaje producido por la emisora radial, de una frecuencia de onda
que no podemos percibir, a una que nuestro oído es capaz de captar.
Cercanos y lejanos
Cuando usamos el término cercano, nos referimos por ejemplo a la
tía Juanita que vive en Buenos Aires o a José, el hijo de Rosa, la
hermana de la abuela. A veces también usamos ese término para
enfatizar la cercanía de ideas entre nosotros, como cuando ambos
creemos que es necesario un cambio social en el país. Otras veces,
este concepto se usa para expresar la medida de amor recíproco entre
nosotros; por ejemplo, al pensar y desear que el otro tenga una vida
buena y agradable.
¿Qué
es entonces, la cercanía espiritual?
La equivalencia de forma espiritual
En
el mundo espiritual funciona la ley de la equivalencia de forma,
sólo que en el mundo espiritual no se habla de la igualdad de
frecuencias u ondas, sino de una semejanza o desemejanza de
intenciones.
En
el mundo espiritual se miden sólo las intenciones (los
pensamientos). La naturaleza del hombre es pensar en sí mismo y su
propio provecho, mientras que la Fuerza Superior que dirige nuestras
vidas y toda la realidad, actúa sólo por amor; para dar, otorgar.
Así,
en el plano espiritual existe una inversión de forma entre el ser
humano y la fuerza que dirige nuestras vidas. Por lo tanto, si
nuestro deseo es conocer y entender el Gobierno sobre el mundo,
tendremos que adquirir el atributo de otorgamiento. Mientras
sigamos pensando sólo en nosotros mismos y en nuestro beneficio, no
podremos saber las causas de lo que ocurre a nuestro alrededor y
dentro de nosotros, ya que quedaremos en un estado opuesto al de la
Fuerza Superior.
Sólo
si encontramos la manera de elevarnos por encima de nuestro egoísmo,
liberándonos de la auto-preocupación, alcanzaremos la medida de
equivalencia de forma, como dijeron nuestros sabios: Así como Él es
misericordioso, también tú serás misericordioso; así como Él es
piadoso, también tú serás piadoso.
Así
penetraremos en un mundo nuevo, de otorgamiento, generosidad y
amor. Por consiguiente, lograremos experimentar el bien y la
felicidad; ¡la Meta principal de la Creación!
*El
Rav Dr. Michael Laitman es máster en cibernética, doctor en
filosofía y Cabala, profesor de ontología y teoría del conocimiento.
Es fundador y presidente de Bnei Baruj y del Instituto ARI, en
Israel.Más información en:
www.kabbalah.info.
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