Desde el punto de vista espiritual,
la fiesta de Sucot marca uno de los puntos críticos en la evolución espiritual: la primera
entrada de Luz dentro del alma. Esta Luz es llamada “Torá”, y llenarse con ella
proporciona una gran felicidad. Por eso, la fiesta siguiente a Sucot, que marca la recepción
de la Torá, se llama Simjat Torá (La alegría de la Luz).
Las medidas y el emplazamiento físico de
la Sucá -o cabañas- que corresponden a las usadas por nuestros antepasados en el Desierto
del Sinaí, nos fueron dadas, como todas las otras Mitzvot, por cabalistas. Las Mitzvot
(mandamientos o preceptos) son las leyes de los Mundos Superiores que se nos fueron transmitidas
a este mundo. Cada Mitzvá (singular de Mitzvot) que realizamos en este mundo representa una ley
espiritual de los Mundos Superiores. Los cabalistas observan estas leyes dentro de la esfera
espiritual de sus almas y experimentan las fiestas como una forma más elevada, eterna y completa
de existencia.
Para poder realizar un acto espiritual
tenemos que haber adquirido un Masaj (pantalla). Esto significa que hayamos alcanzado la
habilidad de trascender nuestros propios deseos egoístas, y que hayamos recibido, como
resultado, una única clase de placer, llamada “la Luz del Creador”. Cada vez
que actuamos con una intención pura de otorgar, realizamos, de hecho, un “acto
espiritual”. Inversamente, cuando ese mismo acto es realizado para auto-complacernos,
se lo considera como un acto corporal y egoísta.
La Sucà espiritual
La Sucá en la espiritualidad, es la estructura
del Kli (vasija) que es capaz de recibir Luz. Dicho de otra forma, la Sucá simboliza el alma.
Para recibir la Luz Superior, debemos construir dentro de nosotros una estructura espiritual,
llamada Sucá, reflejando nuestras relaciones recíprocas con la Luz.
Mientras el alma va pasando por el proceso
de corrección, es incapaz de recibir la Luz Superior en Su total magnitud. Por lo que esta
Luz permanece “alrededor” o fuera de ella, aguardándola, y de ahí su nombre: “Luz
Circundante”. Para que la Luz pueda entrar y llenarla, el alma debe igualar sus cualidades
con las de la Luz. Y como la cualidad de la Luz es el amor, para asemejarse a ella, uno debe
trascender su propio egoísmo y llegar a ser igual a la cualidad de la Luz –amor y
otorgamiento.
El modo mediante el cual el alma alcanza
estas propiedades de semejanza con la Luz es representado por las leyes de construcción de
la Sucá. Si deseamos avanzar en la espiritualidad, debemos pedir sólo dos cosas: unidad y
amor hacia el Creador, en lugar de simplemente empaparnos con el placer de Su Luz y nada
más. Esto requiere que poseamos la pantalla (Masaj) que nos proteja del placer egoísta que
recibimos cuando sentimos la Luz del Creador. La adquisición de esta pantalla, entonces,
se indica mediante la edificación del techo de paja de la Sucá.
En la medida que nuestra petición se
centre sólo en adquirir las habilidades de amar y otorgar a los demás, la Luz Circundante
corregirá nuestras almas, concediéndonos el poder de trascender todos nuestros deseos
egoístas. El poder del techo de paja nos permite recibir la Luz Superior dentro de nuestras
almas. En tal estado, nuestras cualidades se tornan iguales a las del Creador y logramos
unirnos a Él en amor eterno. Ésta es la verdadera felicidad, la alegría de la Torá, Simjat
Torá.
Las cuatro especies
Las cuatro especies que se usan en la fiesta
de Sucot representan cuatro estados que experimentamos a lo largo del crecimiento espiritual.
Cada uno de ellos se distingue por tener aroma y sabor, por tener sólo aroma, por tener sólo
sabor, o por no tener ninguno de ellos. El aroma denota la mente y el gusto representa el
corazón:
• Algunas veces la espiritualidad
parece agradable a ambos, mente (aroma) y corazón (sabor). Los cabalistas llaman a este
estado Etrog (cítrico).
• En otros momentos uno piensa que
la espiritualidad es apasionante pero difícil de comprender. En ese estado, se la considera
con “sabor”, pero sin aroma. Los cabalistas llaman a este estado Lulav (rama
de palma).
• Otras veces, la espiritualidad
se experimenta como fragante pero sin sabor, como el Hadas (mirto). Su importancia está
muy clara, pero mientras que el corazón no puede sentirlo, la mente sí es capaz de
comprenderlo.
• Finalmente, cuando uno no puede
sentir ningún aroma ni sabor en la espiritualidad, uno se encuentra en el estado de
Aravot (sauce).
Para poder avanzar en la espiritualidad,
sin embargo, debemos dirigirnos hacia el Creador incluso cuando nos hallemos en un estado
en que no sintamos ni aroma ni sabor en la espiritualidad. Eventualmente, el unir todos
los estados hacia un objetivo común nos proporcionará la habilidad para recibir y experimentar
un verdadero placer espiritual ilimitadamente y en todas las circunstancias.
* El Rav
Dr. Michael Laitman es máster en ciber-nética, doctor
en filosofía y Cabalá, profesor de ontología y
teoría del conocimiento. Es fundador y presidente de
Bnei Baruj y del Instituto ARI, en Israel. Más
información en
www.kabbalah.info
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