El libre albedrío, ¿existe o no? ¿Dónde se
encuentra la verdadera libertad en nuestra vida?
“…cuando examinamos los actos de un
individuo los encontramos forzados. Los hace contra su voluntad, y no tiene ninguna libertad…
Se parece a un guisado, cocinándose… no tiene otra opción, más que cocinarse. Porque la Providencia
ha enjaezado la vida con dos cadenas: el placer y el dolor.
“…incluso la determinación del
tipo de placer o beneficio, está completamente fuera de la propia voluntad o libre elección…
sigue el deseo de otros.
“…me siento, me visto, hablo, como… no porque
quiera sentarme, vestirme, hablar o comer así, sino, porque otros quieren que me sienta, vista,
hable y coma así; conforme a los deseos de la sociedad, no de mi propio libre albedrío”.
“La Libertad”,
Rabí Yehuda Ashlag (Baal HaSulam).
La naturaleza interna del ser humano es el egoísmo,
el deseo de recibir placer. Esta naturaleza nos obliga a actuar de acuerdo a una fórmula conductual
imbuida en nosotros: mínimo esfuerzo-máximo rendimiento. El ser humano está dispuesto a experimentar
grandes sufrimientos en el presente por un deleite futuro. Consciente o inconscientemente, cada hecho,
cada movimiento que realiza, proviene de un cálculo frío de costo-beneficio.
Cada uno de nosotros es parte de alguna sociedad
que tiene sus propias leyes, las cuales estamos obligados a cumplir. Estas leyes no sólo determinan
nuestro comportamiento, sino que moldean también nuestra actitud hacia todos los campos de nuestra
vida. Es más, el ser humano está sujeto a las normas de etiqueta dictadas por la sociedad, por lo
que tarde o temprano, éstas se convierten en sus patrones de conducta.
Con el tiempo, el individuo empieza a entender
que no es él que elige su manera de vida, los campos de interés, sus pasatiempos, la comida, la moda
de acuerda a la que se viste y se comporta, y demás, sino que todo esto lo escoge siguiendo la voluntad
y el gusto de su ambiente.
¿Dónde, entonces, existe nuestra libertad?
Baal HaSulam (Rabí Yehuda Ashlag), explica en su
artículo “La Libertad”, que cada individuo está conformado por cuatro elementos que definen
su carácter, manera de pensar y acciones, en cada momento:
-
Materia prima – el “yacimiento”:
el yacimiento es la esencia interna del ser humano. Aunque cambie su forma, jamás cambia su esencia.
Por ejemplo, si comparamos el ser humano con una semilla de trigo: la semilla se descompone bajo la
tierra, y su forma externa desaparece totalmente. Al mismo tiempo, sin embargo, se forma de ella un
nuevo brote de trigo. Exactamente de la misma manera se descompone nuestro cuerpo, pero nuestro
“yacimiento” –nuestros genes y tendencias- se transfieren a nuestros hijos.
-
Atributos invariables: las leyes de desarrollo
del yacimiento jamás cambian. Una semilla de trigo nunca producirá otro tipo de cereales más que
trigo. Estas leyes y los atributos derivados son predeterminados por la Naturaleza. Cada semilla,
cada animal y cualquier persona, contienen dentro de sí mismos las leyes de desarrollo de su propio
yacimiento. Este es el segundo elemento del que somos hechos, y no podemos influenciarlo.
-
Cualidades cambiantes bajo la influencia del
entorno: el tipo de semilla permanece, pero su forma externa cambia de acuerdo a su ambiente, externo.
Es decir, la calidad de la envoltura del yacimiento cambia bajo la influencia de elementos externos y
leyes definidas. La influencia del entorno resulta en que elementos externos adicionales, como el sol,
el suelo, fertilizantes, humedad y lluvia, se incorporan al yacimiento, y producen una nueva calidad
del mismo. O sea, determinan, la cantidad y calidad de cereales que crecerán del mismo brote de trigo.
Lo mismo ocurre con el ser humano: su medio
ambiente puede ser sus padres, educadores, amigos, colegas, libros que lee, los contenidos que
absorbe de los medios de comunicación, etc. El tercer elemento, entonces, son las leyes según las
cuales el entorno afecta al individuo y causa cambios en sus atributos modificables.
-
Cambios que afectan el entorno externo:
el ambiente que repercute en las semillas, también es influenciado por elementos externos. En ciertos
casos, éstos pueden variar radicalmente y afectar el yacimiento de manera indirecta. Por ejemplo:
puede haber una seca, o alternativamente, caer lluvias fuertes que destruyan todas las semillas.
Con respecto al ser humano, este cuarto elemento se refiere a cambios en el entorno mismo, que
afectan la manera en que éste influye sobre los atributos cambiables del yacimiento.
La elección del ambiente correcto
¿Dónde, entonces, existe nuestra libertad? O en
otras palabras, de todo lo mencionado, ¿qué exactamente, es lo que podemos realmente afectar?El código genético, o yacimiento, no lo podemos
cambiar. Las leyes de acuerdo a las cuales cambia nuestra esencia tampoco podemos modificar; de
la misma manera que no podemos influenciar la manera en que repercuten las leyes del entorno sobre
nosotros. Pero el entorno dentro del que existimos y del cual dependemos totalmente, ¡podemos cambiar,
en definitiva!
El ser humano puede optar por “implantarse”
en un ambiente que apoye su desarrollo espiritual, el cual se basa en tres elementos: otras personas que
busquen la espiritualidad, libros auténticos escritos por los cabalistas, y un maestro que las guíe en
su camino hacia el desarrollo espiritual.
Por lo tanto, la elección del ambiente, según la
Cabalá, es la única que existe en nuestra vida.
Cacería de placer
El deseo siempre ha sido la fuerza motriz que ha
impulsado a la humanidad. Durante años hemos estado tratando de satisfacer nuestros deseos, pero
mientras más comemos, más hambrientos parecemos ponernos, y nuestros anhelos se intensifican.
Pero, en nuestra generación es como si una cuerda
oculta se hubiese roto. Cada área de la vida moderna cambia a una velocidad meteórica, y nuestro ambiente
ofrece oportunidades sin precedentes. Sin embargo, nos encontramos en medio de una carrera persiguiendo
objetivos fantasmas que parecen alejarse, cuanto más nos esforzamos en alcanzarlos.
Entonces, ¿qué es lo que realmente busca la juventud?
Hoy, después de siglos de tentativas erróneas, la juventud busca algo más profundo, más verdadero que lo
que este mundo actual ofrece, algo que pueda llenar ese vacío, su abismo interno.
El gran cabalista de nuestros tiempos, Rabí Yehuda
Ashlag (Baal HaSulam), advierte este fenómeno en sus escrituras. Explica que esto sólo se expandirá,
ya que este abismo es producto de nuestra necesidad de conocer no cómo tener una vida mejor, sino
contestar una pregunta simple: ¿Para qué es la vida?
La sabiduría de la nueva generación
Según la Cabalá, cada generación nace con los deseos,
logros, y desilusiones de sus generaciones precedentes. En consecuencia, cada generación es en cierto modo,
una mejora de la generación anterior. En su artículo "La Paz" Baal HaSulam escribe, "respecto a las almas,
todas las generaciones desde el principio de la Creación… son como una generación que ha extendido
su vida por miles de años".
Nuestra juventud, por lo tanto, posee un empuje mucho
mayor y más deseos que nosotros. La asimilación de conocimiento pasado no significa sólo que ellos
dominen teléfonos móviles y computadoras más hábilmente que nosotros. Se trata de cuestiones mucho
más sustanciales: tienen un deseo inherente de descubrir para qué viven. Y cuando no pueden contestar
esta pregunta, se ponen agitados, distraídos, y deprimidos, y luego los "diagnosticamos" como que sufren
de un trastorno, y les prescribimos medicamentos adictivos.
En la actualidad, a una parte creciente de ellos se
le hace cada vez más difícil encontrar el propósito de su existencia. Estos jóvenes se frustran, y
algunos sacan su frustración en el alcohol o drogas. Pero sólo tratan de evitar el dolor causado por
el vacío dentro de ellos.
La solución
Hasta ahora, en vez de tratar el problema desde su
raíz, buscamos suprimir los síntomas, luchando contra el "mensajero", calmando a nuestros hijos con
medios superficiales, en vez de tratar de leer el mensaje. Necesitamos un cambio sustancial en nuestro
sistema de educación y los valores que éste promueve. Nuestros niños quieren saber para qué vivimos, y
depende de nosotros proporcionar la respuesta.
El concepto clave que debería dirigirnos en este
proceso es "enseñar a la juventud de acuerdo a su manera". En vez de intentar adaptar al niño o
adolescente al modelo que hemos creado o con el que crecimos, deberíamos tratar de acoplar nuestros
métodos de educación y plan de estudios a las necesidades cambiantes de nuestros hijos, para encontrar
la mejor manera de convertir a nuestros niños en seres humanos maduros; humanos, en el sentido pleno
de la palabra.
No es la cantidad de conocimiento que un niño absorbe
lo que debería importarnos, sino la calidad. Es imperativo que cuando deje el sistema de educación, sea
capaz de responder la pregunta esencial sobre la vida, que todos los jóvenes preguntan. Para que esto
pase, gradualmente debemos incorporar el contenido que explica la naturaleza humana, el origen de nuestras
emociones y experiencias, nuestro papel como individuos y como sociedad, y, ante todo, el propósito que
la vida nos conduce a alcanzar.
Reconectando la Fuente de la Vida
La sabiduría de la Cabalá establece que sólo conociendo
las leyes ocultas de la naturaleza descubriremos el cuadro completo de la realidad. El que descubre la
fuerza que funciona detrás de las acciones, entiende dónde se dirige la vida y ve las consecuencias de
cada acto que decide tomar o evitar. La Cabalá explica que nuestro mundo parece estrecho y sin atractivo
porque la parte espiritual que ha madurado dentro de nosotros, nuestra alma, permanece separada de la
fuente de la vida. Sostiene que reconectar y quitar esta separación curará todos los sufrimientos.
La creciente desorientación, enajenación, y separación
de la juventud no son coincidencia. Están aquí para inducir un cambio positivo en la realidad. Si unimos
nuestra realidad actual con la solución ofrecida, descubriremos la parte oculta que nuestros niños buscan
con tanta desesperación, tratando de escapar de la realidad. Entonces, no necesitarán ninguna medicación,
y sentirán que sus padres y profesores les están proporcionando las herramientas para afrontar la vida
exitosamente.
* El Rav
Dr. Michael Laitman es máster en ciber-nética, doctor
en filosofía y Cabalá, profesor de ontología y
teoría del conocimiento. Es fundador y presidente de
Bnei Baruj y del Instituto ARI, en Israel. Más
información en
www.kabbalah.info
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