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La
cábala nada tiene qué ver con religiones, entidades divinas, magia,
astrología, espiritismo, esoterismo, adivinación, tarot, ovnis,
fenómenos parasicólogicos y expresiones de charlatanismo comercial
que ofertan “aguas o hilos milagrosos”, afirmó el investigador
Michael Laitman al presentar su libro La revelación de la sabiduría
de la Cábala” en el Instituto Cultural México-Israel (IMCI).
Laitman precisó que la cábala es una ciencia que ayuda al hombre a
conocerse a sí mismo, a identificarse mejor con la naturaleza, a
ubicarse en el universo y a descubrir lo que hay más allá de su
percepción física. Es un conjunto de conocimientos que desde su
acopio en Babilonia, hace más de 5,000 años, está asociado a las
matemáticas, la física, la astronomía, la biología, la medicina, la
sicología, el arte y la filosofía.
Pitágoras, el filósofo y matemático presocrático griego, tradujo el
concepto cábala como filosofía. En la Edad Media científicos e
intelectuales la entendieron también como equivalente a ésta y los
grandes músicos europeos del milenio anterior –enfatizó el
conferenciante- accedieron al conocimiento de la armonía y los ocho
sonidos musicales gracias a los secretos de la cábala.
“La
cábala es una ciencia antigua muy sencilla que permite al hombre
entrar a un mundo superior donde sólo hay energía e información, y
donde se cocina todo lo que ocurre en nuestra vida cotidiana. La
cábala es también una vía de acceso a los diez atributos de lo que
llamamos alma, que no es otra cosa que un sexto sentido cuyo
desarrollo depende de cada persona”.
“Los
conocimientos de la cábala están fundamentalmente orientados a
ayudar al desarrollo del alma”, insistió Laitman –médico, biólogo,
filósofo y maestro en cibernética- quien dio respuesta a unas 20
preguntas planteadas por un público que se reunió en el IMCI
–República de El Salvador 41, Centro Histórico- especialmente
concitado por un “interés especulativo” hacia el tema.
Hubo,
sin embargo, dos preguntas que apuntalaron el propósito del
cabalista –Laitman confesó no ser creyente y profesar el judaísmo
sólo por razones de identidad étnica- por deslindar su objeto de
estudio de cualquier relación con religiones y asuntos esotéricos:
¿Tiene la cábala algo qué ver con la metafísica? ¿Tiene conexión con
la física cuántica?
A
ambas preguntas dio una misma respuesta: hay una buena conexión de
la cábala con la física cuántica, porque cuando en el laboratorio
desaparece la materia y sólo queda la energía, el físico descubre
que detrás de ésta hay información. Este es un resultado similar al
que obtiene el cabalística y el campo de exploración natural de la
metafísica.
En
otra de sus respuestas Laitman –autor de más de 30 libros de temas
científicos heterogéneos, fundador y presidente del Instituto Bnei
Baruj para la Educación e Investigación de la Cábala- resaltó que
uno de los principales objetivos de la cábala consiste en ayudar al
hombre a superar su “naturaleza egoísta”, la que representa el
principal factor de contaminación social y ecología.
“La
cábala estuvo oculta tres mil años debido a esta propensión humana.
La máxima expresión de la ambición y del egoísmo en la antigüedad,
según la Biblia, fue la construcción de la Torre de Babel y fue a
partir de entonces cuando ocultó para evitar que se contaminara o se
le diera un mal uso”, comentó el cabalista.
“Cuando uno observa el comportamiento de las células en su hábitat
normal, se advierte de inmediato el enorme sentido de unidad y
solidaridad que tienen dentro de su comunidad. Cuando algunas se
vuelven egoístas, codiciosas, y comienzan a reproducirse sin mesura,
enferman y se tornan cancerosas”.
Laitman dijo que hoy la humanidad atraviesa –igual que en otros
periodos históricos- por una crisis de identidad cosmológica que
deriva del “egoísmo, la codicia y la arrogancia”. Estas crisis se
expresa en los graves indicios de catástrofe ecológica, el uso
destructivo de la tecnología y, por supuesto, en la amenaza de una
guerra nuclear que acabaría con la especie humana.
La
palabra cábala se deriva del verbo en hebreo lekabbel, que en
español significa recibir. Los conocimientos que reúne -cuyas
fuentes primarias fueron el El Zohar, la Torá, los escritos de Ari,
Yehuda Ashlag y Baruj Ashlag- tienen como función primordial
describir el “deseo de recibir” conocimientos, habilidades y
placeres.
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