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El Mostrador



6 de Agosto del 2006

Michael Laitman, filósofo cabalista
''En los próximos años, el mundo va a entender la causa de sus aflicciones''

por  Ximena Jara

Altruismo, fin de los actos y sentimientos egoístas, integración de placer y dolor en una dimensión común, apertura para entender las leyes del mundo. Estos son algunos de los conceptos clave de la Cabalá (palabra derivada del hebreo 'lekkabel'), una disciplina ocultista que suma cerca de un millón de adherentes en el planeta, y que es explicada por uno de sus principales exponentes a nivel mundial.

Está sentado frente a un laptop con dos personas más. Una cámara registra todos sus movimientos. Llega la traductora, se apresta el camarógrafo, él se acomoda el micrófono y consulta aspectos técnicos sobre la filmación de la entrevista. Para ellos es importante que todo quede bien registrado. Tan importante que la charla debe comenzar cerca de tres veces, los sillones reacomodarse y todas las personas que están cerca, en el lobby del hotel, callarse. Esto no es parte de las enseñanzas espirituales del doctor Michael Laitman, al parecer, sino la preparación para asegurarse de que cada una de las palabras del científico y prestigioso cabalista queden convenientemente grabadas y puedan ser subidas a la web.

Máster en cibernética médico biológica y doctor en filosofía, Laitman es reconocido por ser uno de los teóricos más importantes acerca de la Cabalá, una forma de conocimiento espiritual que crece exponencialmente en el mundo, sumando ya más de 800 mil adeptos.

Según sus seguidores, se trata de una verdadera ciencia, que establece modos muy precisos –fórmulas matemáticas incluidas- para adentrarse en el conocimiento del hombre, su situación en el mundo y su trascendencia espiritual. Su origen se remonta a la antigua Babilonia, hace 4500 años, y actualmente es cultivada principalmente por los judíos, aunque su conocimiento es creciente entre quienes no profesan esa religión. De hecho, Laitman es tajante al decir que la Cabalá “no tiene nada que ver con las religiones”, y que para comprender sus enseñanzas no es necesario profesar una u otra fe. Sin embargo, y a pesar de que un estudiante de la cabalá puede pertenecer a cualquier religión, lo claro es que detrás de esta disciplina hay un asunto de fe, puesto que sus enseñanzas están llenas de alusiones al “Creador”, la trascendencia y la eternidad.

Explicar los postulados básicos de este conocimiento ancestral requiere un libro completo. Libro que Laitman acaba de presentar en Chile bajo el nombre de Cabalá: alcanzando los mundos superiores. Para una persona no iniciada, algunos de sus postulados pueden parecer algo abstractos y complejos, así como resulta sorprendente en primera instancia que el científico asegure no tener ninguna opinión –ni política ni espiritual- respecto de las catástrofes del mundo, incluido el actual conflicto entre el Líbano e Israel.


De la biología a la trascendencia

La palabra “Cabalá” deriva del hebreo “lekkabel”, recibir. En este sentido, se identifica con una serie de respuestas acerca de la existencia del hombre, el propósito de su vida y su trascendencia. En esta entrevista, Laitman intenta clarificar algunos conceptos básicos, y el modo en que la disciplina se relaciona con el mundo concreto.

Su propia relación con la Cabalá se inició cuando, ya siendo un connotado biólogo comenzó a hacerse preguntas sobre la vida que iban más allá de lo orgánico. “Vi la inteligencia que hay en los cuerpos vivos, pero cuyo propósito me era desconocido”, recuerda.
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-Usted plantea que la razón y el conocimiento son a veces un obstáculo para el acercamiento de la Cabalá. ¿Fue así en su caso?
-Pasé varias veces de la investigación por medio del intelecto a la emocional, hasta que encontré un equilibrio entre ellas. Finalmente logré investigar la emoción desde el intelecto, y sacar fórmulas acerca de nuestros sentimientos. En ese proceso entendí cómo la Cabalá le explica a las personas lo que sienten, y de qué modo funcionan las leyes de la realidad. La Cabalá le explica a las personas cómo experimentar el mundo, cómo entrar en la realidad por medio del sentimiento y el intelecto en conjunto. Es una dimensión en la que el placer, el dolor, la verdad y la mentira, están juntas como un solo cuerpo.

-¿Cómo una persona que no tiene fe puede acercarse a la Cabalá?
-Es que la Cabalá no tiene que ver con las religiones ni con las creencias. Es una investigación sobre el ser humano y el mundo, el modo en que lo investigamos, cuáles son las relaciones que se dan dentro de él y cómo comprendemos el sentido de la existencia. La respuesta que se busca es cuál es la razón por la que estamos en el mundo. La Cabalá le enseña a las personas cómo adentrarse en el mundo, así como los adultos enseñamos a los niños pequeños cómo comportarse en la vida. Para nosotros, la cabalá es como el ser humano maduro, que sabe dónde está ubicado, y que nos puede guiar frente a la vida.

-¿De qué modo se explica el auge de la Cabalá en todos estos años?
-Las personas sienten que no hay alegría, que no hay certezas, no hay felicidad ni tranquilidad. Que no hay un motivo para seguir viviendo. Por eso viven en las drogas, se divorcian, se evaden y se sienten inútiles: no creemos que valga la pena vivir. Es una sensación que está en todas partes de la Tierra y que día a día se está incrementando. La Cabalá explica que el hombre tiene un propósito más allá de este mundo, que es sólo el principio, y que uno debe elevarse hacia los niveles superiores, hasta llegar a la divinidad, donde eternamente podrás vivir en tranquilidad y con armonía, sin dolor. La Cabalá le enseña las fuerzas de la naturaleza al ser humano para que sepa cómo elevarse hacia un mundo superior, pero de una manera real y concreta, no en la imaginación, ni por medio de rituales, meditación o creencia. El propósito es que, del mismo modo que experimentamos la realidad física, podamos experimentar otra parte de la realidad.

”Las aflicciones conminan al hombre a despertar”

-Paralelamente al avance de la Cabalá, que podría identificarse con una fuerza positiva, está el avance de la guerra, de la desilusión. Frente a esta oposición, ¿es usted optimista respecto del desarrollo del mundo?
-Soy muy optimista. Creo que en los próximos años el mundo va a entender la causa de sus aflicciones, la razón de las guerras y las aflicciones privadas y globales. Se va a entender que en todo eso hay un “depósito”; algo que permitirá que la persona despierte a un mundo más elevado, que trascienda esta vida. Cuando el hombre se pregunte por lo que hay más allá se va a abrir para nosotros la luz.

-¿Tiene usted una opinión política de lo que está sucediendo en este momento entre el Líbano e Israel?
-Para nada: ni de lo que sucede entre Israel y sus vecinos ni de lo que pasa en todo el mundo. Todas esas cosas son la totalidad de las fuerzas que conminan al hombre a despertar, a buscar las causas de todas las penas y aflicciones. Entonces va a ver que si sufre lo que sufre es porque está en el nivel egoísta, en el más bajo de este mundo. Hay que elevarse por sobre eso. Yo miro la política, las guerras y lo que pasa entre las personas como un total de fuerzas que nos empujan hacia un propósito.

-Usted plantea que el altruismo nace del conocimiento del Creador. Sin embargo, algunos psiquatras dicen que a veces el altruismo es un modo diferente de egoísmo.
-Es verdad. En nuestro mundo se da de un modo egoísta; queremos darle algo a alguien porque pensamos que vamos a disfrutar de eso. No le vamos a dar algo a alguien si no sabemos que vamos a ganar de eso, de alguna manera. Pero hay un altruismo que es totalmente generoso: es cuando logro verme parte de un mismo sistema con todo el resto de las personas, en conexión, como un solo cuerpo, de cuya vida yo participo. Me incluyo en este cuerpo superior, y eso es altruismo verdadero.

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