El ser humano es el centro
de la realidad -tanto los Mundos Superiores como este mundo corporal, con todo
lo que abarcan, fueron creados sólo para él y parece difícil entender que para
este diminuto ser humano- que no capta más que el equivalente de una fibra de
este mundo, por no mencionar los Mundos Superiores que son infinitamente sublimes.
El Señor se tomó la molestia de crear todo esto”, (Rabí Yehudá Ashlag,
Introducción al Libro del Zohar, ítem 3). ¿Cuánto se ha escrito
y hecho en nombre del amor? Sin embargo, ¿quién de nosotros puede decir que realmente
sabe lo que es? Todos queremos ser amados, queridos, sentirnos seguros, tranquilos y pacíficos.
Si buscáramos recordar los momentos más felices de nuestra vida, descubriríamos
que fueron aquellos en los que nos sentimos queridos. Todos queremos amar, entregar
el corazón a nuestros familiares; pero en realidad, no siempre sabemos cómo hacerlo.
La sabiduría de la Cábala nos explica cuál es la razón de esta necesidad tan
profunda e interna de amar y sentirnos amados, además de cómo conseguir el amor
pleno y eterno.
El deseo es amar El origen de todos
nosotros proviene de una sola alma creada por el Creador, llamada el alma de Adam
HaRishón (El Primer Hombre, en hebreo). Los cabalistas explican que la naturaleza
del Creador es el amor y otorgamiento absolutos, mientras que la del alma de Adam
HaRishón es el deseo de recibir placer y deleite. El Creador creó el alma
por puro amor; por lo tanto, el deseo interno imbuido en ésta es amar. Así,
el placer más grande que el alma es capaz de sentir es el placer del amor. Pero
¿cómo podría ésta realizar este anhelo y lograr amar al
Creador?
Plan de entrenamiento El Creador
diseñó un plan de entrenamiento” especial para que el alma desarrolle
el deseo de amar.Primero, la dividió en múltiples partes llamadas almas individuales,
y se ocultó de ellas. Éstas recibieron un deseo egoísta -de recibir amor- y
luego fueron vestidas en cuerpos de este mundo. Los cabalistas explican que es
difícil sentirlo en nuestra vida cotidiana, ya que el Creador se oculta de
nosotros, Él nos ama inagotablemente. No obstante, los demás seres humanos
no están ocultos de nosotros, lo cual nos permite practicar” con ellos
el amor al prójimo, para luego llegar al amor al Creador. Es decir, a través
de nuestras relaciones con los demás, aprenderemos a elevarnos por encima de
nuestro deseo innato de recibir amor egoístamente, y adquiriremos la naturaleza
del mismo Creador.Cuando esto suceda, volveremos a nuestro estado pleno: unidos en
una sola alma, y habiendo alcanzado el placer supremo que quiso impartirnos el Creador,
el placer resultante del amor y el otorgamiento. Entonces, Él volverá a revelarse
entre nosotros, permitiéndonos reciprocarle con amor, debido a la práctica”
del amor hacia los demás que hayamos adquirido.
Como una criatura recién nacida Nuestro
plan de entrenamiento diseñado por el Creador incluye varias etapas, en las cuales
aprenderemos cómo reconectarnos con el resto de los fragmentos del alma de Adam
HaRishón. Este proceso de evolución del deseo de amar se asemeja al del
crecimiento de una criatura recién nacida. Al principio, el individuo siente su
propio deseo únicamente, y se ve a sí mismo como el centro del universo.
Necesita amor y demanda atención, como un bebé. Al ir creciendo y
desarrollándose el deseo de amar, el individuo aprende que le conviene cooperar y
crear lazos de amor con su entorno, para ganar así lo que no puede conseguir por
sus propios medios. Mientras más crece el deseo del hombre, más disfruta
aprovecharse del prójimo. Piensa que sería más feliz si dominara al
resto de las personas y las usara para su propio bien. Pero al alcanzar la última
etapa de su desarrollo, descubre que lo que más le falta es la capacidad de amar y
otorgar ilimitadamente, como el Creador.
Tal como los padres aman a sus hijos Uno
de los más grandes placeres que conocemos es el de criar a nuestros hijos. Pese a
toda dificultad y sacrificio que esto implica, la mayoría en el mundo desea tener
hijos y dedicarles todo su tiempo. El amor y la entrega a ellos proporciona el más
grande deleite. Si amáramos a toda la humanidad como a nuestros hijos, la vida
sería mucho más simple. Sin embargo, nuestra realidad actual es totalmente
inversa. Entonces, ¿cómo podríamos desa-rrollar en nuestro corazón
un amor hacia los demás como si fuesen nuestros hijos? El que realmente lo busca,
sin desistir, descubre la sabiduría de la Cábala, el método que nos
permite llegar al amor verdadero.
Alcanzando la naturaleza del
CreadorEn nuestra época, en la que la Cábala se revela entre las masas,
todas las almas están recibiendo la oportunidad de aprender cómo amar al
prójimo. El que responde a este despertar interno en su corazón, puede
estudiarla y llegar a experimentar el amor. A través de esta sabiduría
ancestral, el hombre llega a familiarizarse con los deseos de las demás almas
y a amarlas incondicionalmente, como el Creador ama el alma de Adam HaRishón,
de la que todos nosotros somos parte. De este modo, junto al resto de la humanidad,
el hombre logra alcanzar la naturaleza del Creador y amar como Él. Cuando todos
nosotros sepamos amar uno al otro, podremos reunirnos y volver a existir como una
sola alma, volviendo a nuestro estado perfecto, y alcanzando la unión eterna
con el Creador.
* El Rav
Dr. Michael Laitman es máster en ciber-nética, doctor
en filosofía y Cabalá, profesor de ontología y
teoría del conocimiento. Es fundador y presidente de
Bnei Baruj y del Instituto ARI, en Israel. Más
información en
www.kabbalah.info.