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La búsqueda de la armonía a través de la Cabalá

Rav Dr. Michael Laitman

26 de noviembre, 2006

El deseo de recibir placer se desarrolló en nosotros con el tiempo, a través del crecimiento de los deseos humanos. Su primera manifestación fue con los deseos sencillos, como el deseo de comer, de reproducirse, y experimentar la vida familiar. La apariencia de aún más avanzados deseos, como el anhelo por la riqueza, el honor, la soberanía y los conocimientos, promovió la evolución de la sociedad humana y su estructura social: la educación, la cultura, la ciencia y la tecnología. La humanidad marchó hacia adelante orgullosamente, creyendo que el progreso y el crecimiento económico nos satisfarían y nos harían más felices. Lamentablemente, hoy en día estamos empezando a darnos cuenta que esta larga "evolución" ha llegado a un estancamiento.

Este estancamiento se debe a que nuestro deseo de recibir placer no puede permanecer satisfecho por mucho tiempo. A todos nosotros nos ha pasado, al menos una vez, que teníamos un gran anhelo por algo, deseándolo a veces por años. Pero en el momento que hemos recibido lo que anhelábamos, el placer se desvaneció rápidamente, el vacío volvió y nos encontramos a nosotros mismos persiguiendo nuevas metas, con la esperanza que nos traerían la satisfacción anticipada. Este proceso ocurre en ambos niveles, en el personal y en el de toda la humanidad.

Ahora que hemos acumulado suficiente experiencia por miles de años, tenemos bien claro que no sabemos cómo llegar a una felicidad sostenible, o aunque sea, a una seguridad interna básica. Estamos desconcertados. Este fenómeno está en la base de las crisis y desafíos que nos afligen.

Aún más, la predilección humana egoísta y natural de perseguir los placeres egocéntricos a costa de los demás se ha intensificado con el paso del tiempo. Hoy en día, las personas intentan más que nunca forjar su éxito basándose en la ruina de los demás. La intolerancia, la alienación y el odio han llegado a nuevas y horrendas alturas, poniendo en peligro la propia existencia de la especie humana.

Cuando observamos la Naturaleza, vemos que todas las criaturas vivientes están diseñadas para seguir el principio del altruismo o preocuparse por los demás. Este principio es fundamentalmente diferente al que motiva a los seres humanos.

Las células dentro de los organismos se unen en una entrega recíproca con el propósito de sustentar el cuerpo entero. Cada célula en el cuerpo recibe lo que necesita para su subsistencia, e invierte el resto de sus energías sirviendo al cuerpo en su totalidad. En cada nivel de la Naturaleza, lo individual trabaja para beneficiar el total del cual forma parte, y en ello encuentra su propia sensación de plenitud. Sin las actividades altruistas, el cuerpo no puede persistir. De hecho, la vida misma no puede perdurar.

Hoy en día, después de múltiples investigaciones en campos diversos, la ciencia está llegando a la conclusión de que la humanidad, en efecto, también es un solo cuerpo íntegro. El problema radica en que nosotros, los seres humanos, permanecemos todavía ignorantes a esta conclusión. Debemos despertarnos y entender que los problemas que ofuscan nuestras vidas actuales no son coincidentales y no pueden ser resueltos por ningún medio que conocemos del pasado. Estos problemas no van a desaparecer sino que van a empeorar hasta que cambiemos la dirección y comencemos a funcionar de acuerdo con la ley exhaustiva de la Naturaleza—la ley del altruismo.

Cada fenómeno negativo de nuestras vidas, desde el más específico hasta el más general, proviene del desobedecimiento a las leyes de la Naturaleza. Tenemos bien claro que si saltamos de un edificio alto nos heriremos, ya que sabemos, por cierto, que en ese caso estaríamos actuado en contra de la ley de la gravedad. Lo que no nos queda claro es que nuestra vida dentro de la sociedad humana y las relaciones entre nosotros, también son manejadas por leyes absolutas. De tal manera, hoy en día debemos detenernos, y examinarnos a nosotros mismos, para ver dónde estamos transgrediendo las leyes de la naturaleza y encontrar la manera correcta de vivir. Todo depende de nuestra conciencia únicamente: cuanto mejor conozcamos el sistema de la naturaleza, menos sufrimientos experimentaremos, y más rápido evolucionaremos.

A nivel inanimado, el altruismo ya está establecido como ley de la existencia; pero, a nivel humano nosotros mismos debemos formar este tipo de relación. La Naturaleza lo ha dejado en nuestras manos con el fin de que podamos elevarnos a un nuevo y exaltado nivel de existencia. Esta es la diferencia esencial entre el ser humano y el resto de las criaturas.

En la actualidad, después de numerosas generaciones de evolución, hemos acumulado suficiente experiencia para entender hacia dónde nos está conduciendo la ley de evolución de la Naturaleza.

Una meta importante en el estudio de la Cabala es utilizar este conocimiento para influir en el destino de cada uno de nosotros. El proceso incluye darnos cuenta del verdadero propósito de estar aquí, descubriendo el significado de la vida y la razón por la cual ésta se nos ha otorgado.

*Máster en cibernética médico-biológica y doctor en filosofía y Cabala, profesor de ontología y teoría del conocimiento, fundador y presidente del Instituto Bnei Baruj para la Educación e Investigación de la Cabala y del Instituto Ashlag de Investigación (ARI, de sus siglas en inglés), con sede en Israel. Durante doce años fue discípulo y asistente del rabí Baruj Shalom HaLeví Ashlag (el Rabash), el primogénito y sucesor del rabí Yehudá Leib HaLeví Ashlag, conocido como Baal HaSulam por su prestigioso comentario, Sulam (Escalera), sobre El Libro del Zohar.
El sitio de Internet del Rav Laitman, www.kabbalah.info, es la más extensa fuente de contenido espiritual de acceso gratuito en la Web. Las clases del Rav Laitman se transmiten directa y diariamente, a través de televisión por cable y vía satélite en Israel, en Estados Unidos, y por Internet vía www.kab.tv.

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