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Cuando examinamos los
actos de un individuo los encontramos forzados. Los hace contra su
voluntad, y no tiene ninguna libertad Se parece a un guisado;
cocinándose no tiene otra opción, más que cocinarse. Porque la
Providencia ha enjaezado la vida con dos cadenas: el placer y el
dolor.
Incluso la determinación del
tipo de placer o beneficio, está completamente fuera de la propia
voluntad o libre elección; sigue el deseo de otros. Me siento, me
visto, hablo, como, no porque quiera sentarme, vestirme, hablar o
comer así, sino porque otros quieren que me sienta, vista, hable y
coma así; conforme a los deseos de la sociedad, no de mi propio
libre albedrío ("La Libertad", rabí Yehuda Ashlag, Baal HaSulam).
La naturaleza interna del ser
humano es el egoísmo, el deseo de recibir placer. Esta naturaleza
nos obliga a actuar de acuerdo a una fórmula conductual imbuida en
nosotros: mínimo esfuerzo-máximo rendimiento. El ser humano está
dispuesto a experimentar grandes sufrimientos en el presente por un
deleite futuro. Consciente o inconscientemente, cada hecho, cada
movimiento que realiza, proviene de un cálculo frío de
costo-beneficio.
Cada uno de nosotros es parte
de alguna sociedad que tiene sus propias leyes, las cuales estamos
obligados a cumplir. Estas leyes no sólo determinan nuestro
comportamiento, sino que moldean también nuestra actitud hacia todos
los campos de nuestra vida. Es más; el ser humano está sujeto a las
normas de etiqueta dictadas por la sociedad, por lo que tarde o
temprano éstas se convierten en sus patrones de conducta. Con el
tiempo, el individuo empieza a entender que no es él que elige su
manera de vida, los campos de interés, sus pasatiempos, la comida,
la moda de acuerdo a la que se viste y se comporta, y demás, sino
que todo esto lo escoge y adapta siguiendo la voluntad y el gusto de
su ambiente.
¿Dónde, entonces,
existe nuestra libertad?
Baal HaSulam (rabí Yehuda Ashlag), explica en su artículo
"La Libertad" que cada individuo está conformado por cuatro
elementos que definen su carácter, manera de pensar y acciones, en
cada momento:
1.
Materia prima (el yacimiento): el
yacimiento es la esencia interna del ser humano. Aunque cambie su
forma, jamás cambia su esencia. Por ejemplo, si comparamos el ser
humano con una semilla de trigo: la semilla se descompone bajo la
tierra, y su forma externa desaparece totalmente. Al mismo tiempo,
sin embargo, se forma de ella un nuevo brote de trigo. Exactamente
de la misma manera se descompone nuestro cuerpo, pero nuestro
"yacimiento" -nuestros genes y tendencias- se transfieren a nuestros
hijos.
2.
Atributos invariables: las leyes de desarrollo del
yacimiento jamás cambian. Una semilla de trigo nunca producirá otro
tipo de cereales más que trigo. Estas leyes y los atributos
derivados son predeterminados por la Naturaleza. Cada semilla, cada
animal y cualquier persona, contienen dentro de sí mismos las leyes
de desarrollo de su propio yacimiento. Este es el segundo elemento
del que somos hechos, y no podemos influenciarlo.
3.
Cualidades cambiantes bajo la influencia del entorno: el
tipo de semilla permanece, pero su forma externa cambia de acuerdo a
su ambiente externo. Es decir, la calidad de la envoltura del
yacimiento cambia bajo la influencia de elementos externos y leyes
definidas. La influencia del entorno resulta en que elementos
externos adicionales, como el sol, el suelo, fertilizantes, humedad
y lluvia, se incorporan al yacimiento, y producen una nueva calidad
del mismo. O sea, determinan, la cantidad y calidad de cereales que
crecerán del mismo brote de trigo.
Lo mismo ocurre con el ser
humano: su medio ambiente pueden ser sus padres, educadores, amigos,
colegas, libros que lee, los contenidos que absorbe de los medios de
comunicación, etc. El tercer elemento, entonces, son las leyes según
las cuales el entorno afecta al individuo y causa cambios en sus
atributos modificables.
4. Cambios que afectan
el entorno externo: el ambiente que repercute en las
semillas, también es influenciado por elementos externos. En ciertos
casos, éstos pueden variar radicalmente y afectar el yacimiento de
manera indirecta. Por ejemplo: puede haber una seca, o
alternativamente, caer lluvias fuertes que destruyan todas las
semillas. Con respecto al ser humano, este cuarto elemento se
refiere a cambios en el entorno mismo, que afectan la manera en que
éste influye sobre los atributos cambiables del yacimiento.
La elección del
ambiente correcto
¿Dónde, entonces, existe nuestra libertad? O en otras
palabras, de todo lo mencionado, ¿qué exactamente, es lo que podemos
realmente afectar? El código genético, o yacimiento, no lo podemos
cambiar. Las leyes de acuerdo a las cuales cambia nuestra esencia
tampoco podemos modificar; de la misma manera que no podemos
influenciar la manera en que repercuten las leyes del entorno sobre
nosotros. Pero el entorno dentro del que existimos y del cual
dependemos totalmente, ¡podemos cambiar, en definitiva!
El ser humano puede optar por
"implantarse" en un ambiente que apoye su desarrollo espiritual, el
cual se basa en tres elementos: otras personas que busquen la
espiritualidad, libros auténticos escritos por los cabalistas, y un
maestro que las guíe en su camino hacia el desarrollo espiritual.
Por lo tanto, la elección del ambiente, según la Cábala, es la única
que existe en nuestra vida.
* El rabino
Dr. Michael Laitman es máster en cibernética, doctor en filosofía y
Cábala, profesor de ontología y teoría del conocimiento. Es fundador
y presidente de Bnei Baruj y del Instituto ARI, en Israel. Más
información en:
www.kabbalah.info
y
www.kab.tv/spa.
Aurora
Digital
Buscando La Verdad 30.08.07
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original: edición electrónica. |