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Myron Acholes y Robert
Merton tenían todo lo que cualquier científico podría jamás desear:
fama, un Premio Nobel en Economía y profesorados en las
universidades más prestigiosas del mundo.
Estaban seguros de que apostar
al mercado era como tirar los dados: se puede fácilmente medir las
probabilidades para cada uno de los posibles sucesos. Su infalible
plan consistía en predecir el mercado con precisión a través de
estudios estadísticos.
Junto a otros expertos,
establecieron un fondo de inversión para beneficiarse bajo cualquier
condición posible del mercado. Lo llamaron Long Term Capital
Management, o LTCM (Administración de Capital de Largo Plazo). El
fondo desarrolló una política de inversión basada en modelos
matemáticos, rindiendo un asombroso 40% de ganancia anual sin
pérdidas ni fluctuaciones. Creían haber descubierto la fórmula
mágica, identificando patrones en un mundo impredecible.
La operación parecía
invencible, hasta que una fatídica noche de septiembre del año '98
estalló la burbuja. El desastre empezó con un evento aparentemente
inocuo: la devaluación del Thai Baht, que impactó los mercados
asiáticos de Europa Oriental, y así la bola de nieve siguió rodando
hasta que finalmente alcanzó al LTCM, sufriendo un colapso total y
una tensión sin precedentes en los sistemas económicos a nivel
mundial.
Una desesperada reunión de
emergencia entre los líderes económicos mundiales logró evitar un
caos económico global.
El
colapso es contagioso
Los
economistas dicen que la caída más dramática del dólar fue provocada
por un cambio en la política de China. Ésta, preocupada por su
propia economía, empezó a diversificar sus inversiones, en vez de
seguir manteniendo todos sus fondos en dólares. Consecuentemente,
Arabia Saudita, Corea del Sur, Irán, Sudán, Rusia y Venezuela
empezaron a considerar desdolarizar sus activos a fin de
salvaguardarlos de la depreciación de la divisa norteamericana.
Una y otra vez reaparece la
sensación de una crisis a escala mundial. Todos los intentos por
predecir las tendencias económicas han resultado inútiles. Entonces,
¿cómo establecemos un sistema económico verdaderamente viable y
estable?
Los sistemas entre
nosotros
La respuesta, según la sabiduría de la Cábala es realmente
muy simple. No se necesita ser un economista brillante para darse
cuenta. Sólo debemos estar conscientes que tanto nosotros como todo
lo que hacemos, incluyendo la economía, debe seguir las leyes del
sistema universal, llamado Naturaleza. Es decir, alcanzar una
perfecta unidad, donde el trabajo de cada individuo beneficia a la
totalidad.
El cabalista Rabí Yehuda
Ashlag (Baal HaSulam) escribe en su artículo ``Construyendo la
Sociedad del Futuro”'' que ``...cada miembro está obligado por la
Naturaleza a cubrir sus necesidades básicas a través de la sociedad,
y también a beneficiar a la sociedad con su propio trabajo”''.
Los sistemas artificiales que
hemos establecido en la sociedad humana están en completo contraste
con este principio. El núcleo de nuestro comportamiento es el ego,
que pone estos sistemas en movimiento; el interés personal antes que
el general, la búsqueda de bienes materiales, honor y control,
incluso (o especialmente) a expensas de los demás.
Todo esto guarda una relación
directa con la economía. En nuestro sistema económico basado en el
ego, el interés personal de los capitalistas y de los accionistas es
la prioridad máxima de las compañías. Incluso cuando ayudan a la
comunidad, uno no puede evitar preguntarse si solamente buscan
hacerse publicidad y engrandecer su reputación en los medios.
Globalización + ego = callejón sin salida
Luego de
miles de años de desarrollo egoísta nos encontramos arrinconados en
una esquina: cuanto más intentamos beneficiarnos el uno del otro,
más descubrimos nuestra interdependencia.
La mínima fluctuación en un
mercado local puede provocar una turbulencia en el mercado mundial.
La globalización ha provocado una fragilidad tal en nuestro planeta,
que la mínima fisura puede hacerlo tambalear y caer. Sucesos locales
tales como la crisis hipotecaria en Estados Unidos, un desastre
natural, un atentado terrorista, afectan directamente los precios de
las mercancías internacionales y amenazan la estabilidad de la
economía mundial.
El
camino de salida
"Y lo
maravilloso de ello es que la Naturaleza, cual hábil juez, nos
castiga de acuerdo a nuestro desarrollo, pues como ven nuestros
ojos, cuanto más se desarrolla la humanidad, tanto mayores son los
dolores y sufrimientos por conseguir nuestro sustento”'' (Baal
HaSulam, La Paz).
La Cábala enseña que la
humanidad está atravesando dos procesos paralelos. Por un lado, se
nos está empujando a unirnos y a trabajar como un solo cuerpo. Por
el otro, el egoísmo humano está creciendo constantemente.
De una forma u otra la
humanidad deberá dar un giro a su egoísmo y trabajar como un solo
cuerpo. Pero en vez de tener que sufrir golpes que nos obliguen a
llevar a cabo este cambio, los cabalistas sugieren que seamos
nosotros mismos los que nos dominemos y tomemos el control del
proceso.
Al aprender acerca de este
sistema general y sus principios, entenderemos qué cambios
implementar en nuestros sistemas sociales a fin de balancearlos con
la Naturaleza, y prosperar en todos los ámbitos de nuestras vidas,
incluyendo en el económico. Afortunadamente ya poseemos la ciencia
que explica el plan de fondo de la Naturaleza: la sabiduría de la
Cábala.
* El rabino
Dr. Michael Laitman es máster en cibernética, doctor en filosofía y
Cábala, profesor de ontología y teoría del conocimiento. Es fundador
y presidente de Bnei Baruj y del Instituto ARI, en Israel. Más
información en:
www.kabbalah.info
y
www.kab.tv/spa.
Aurora
Digital
Buscando La Verdad 03.01.08
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original: edición electrónica. |