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Podemos comunicarnos
mediante códigos como hacen los jóvenes en los chats, permanecer
anónimos tras la pantalla de un ordenador y bajo un seudo nombre,
pero no para siempre. Tarde o temprano, tendremos que despojarnos de
las máscaras y alojar al prójimo en nuestros corazones no en
nuestras salas de encuentro.
Hoy en día, la juventud no
necesita extensas cartas, colocadas dentro de sobres con sellos.
Éstas han sido reemplazadas por la pantalla y el teclado, o el
teléfono celular.
Desde temprana edad, los niños aprenden a utilizar software de
mensajería instantánea como Yahoo, MSN, ICQ o Skype. Son
aplicaciones existentes de libre disposición, fáciles y rápidas. El
internet les permite traspasar las barreras del tiempo y el espacio,
permitiéndoles el acceso a cualquier parte del planeta, aunque
confinados a sus ordenadores personales o teléfonos móviles. Esto
les convierte de hecho en personas pragmáticas, pero alejadas, como
la tecnología que usan.
Sin embargo, ¿son las
comunicaciones en línea las que nos alienan, o es nuestra alienación
la que nos motiva a desarrollar este tipo de comunicaciones? ¿Qué
pasará con una generación que no conoce otra manera de relacionarse
que no sea a través de cables, o tecnología inalámbrica?
Todo está conectado
Cuando niño, jamás soñé que dispositivos que veíamos en la
ciencia ficción llegaran a ser herramientas de uso diario en edades
tempranas. De pequeños, si queríamos jugar con los amigos, usábamos
una antigua herramienta llamada ``pies''. Caminábamos hasta sus
casas para hablarles. Por formalismo, generalmente eran las madres
de mis amigos con quienes yo debía conversar primero.
Hoy en día, podemos enviar
mensajes a nuestros amigos instantáneamente usando los teléfonos
móviles. Y por supuesto, ya no hay necesidad de pedir permiso a
nadie para hacerlo. Los jóvenes hablan con sus amigos principalmente
por SMS, sustituyendo las palabras por acrónimos, y los sentimientos
por emoticones. Parecería que incluso las relaciones se han
convertido en algo virtual para nuestros hijos.
Conectados después de
todo
Para entender la esencia de la conexión entre los seres
humanos, debemos conocer su raíz. Según la Cábala, esta raíz mora en
un sitio en el que el tiempo y el lugar no existen. Los cabalistas
nos dicen que en ese sitio, todos estamos conectados, somos una sola
alma, denominada "el alma de Adam ha Rishón (el primer hombre)''.
Esta alma es como un organismo constituido por millones de células
que se relacionan en estrecha colaboración. En algún punto de su
evolución, las partes (células) perdieron la noción de su
conectividad, y el alma se fragmentó en una multitud de trozos
separados.
Esta separación originó
alienación y odio entre nosotros, y desde entonces, hemos estado
buscado inconscientemente sustitutos para este sentimiento de
plenitud que una vez compartimos. En realidad, todos los sistemas
sociales que como seres humanos hemos creado a través de la
historia, persiguen un solo propósito: restaurar nuestra conexión y
reciprocidad perdidas.
Un elemento clave en nuestra
desvinculación es el ego. Éste no solamente provocó la
fragmentación, sino que desde entonces ha venido incrementando
nuestra separación. Por un lado, el ego nos hace querer utilizar a
los demás, haciéndonos así dependientes de ellos para satisfacer
nuestras necesidades, como con la globalización. Pero por el otro,
provoca que deseemos encontrar otras formas de satisfacernos, dejar
de ser dependientes de otros, y que las demás personas simplemente
desaparezcan.
No aceptamos fácilmente la
realidad de que estamos conectados y que no podemos hacer nada para
cambiarlo. Este "compañerismo'' nos molesta y atribula, y de aquí
nuestra resistencia y negativa a reconocer el hecho de la conexión.
Los medios que usamos hoy día para comunicarnos, reflejan claramente
nuestra alienación así como nuestra conectividad.
Por una parte, queremos
compartir con todos, y por otra, permanecer anónimos y seguros
detrás de nuestra pantalla de la computadora. Si no las utilizamos
con la intención correcta, las comunicaciones modernas nos impulsan
al aislamiento en lugar de unirnos, aunque estemos técnicamente
conectados.
Cuanto más crece nuestro
aislamiento, más sentimos la necesidad de una conexión real. Pero
ésta no puede lograrse a través de teléfonos, ordenadores o
cualquier otro dispositivo. Debe ser cultivada en la interioridad de
nuestros corazones.
Tarde o temprano, aunque probablemente temprano, descubriremos que
necesitamos enriquecer nuestra plataforma de comunicación con
sentimientos y pensamientos más que con mensajes textuales. Al
hacerlo, volveremos a descubrir la íntima unión que una vez poseímos
en el alma de Adam ha Rishón, y restauraremos los vínculos
naturales, directos y saludables entre nosotros.
Cábala, conectando a
las personas
El alma de Adam ha Rishón no tuvo la intención de
permanecer hecha añicos. Una vez que sus fragmentos (nosotros) sean
conscientes de que estamos separados, conocerán que esta es la razón
del sufrimiento y se esforzarán en reconectarse nuevamente. Según la
Cábala, esta etapa de reunificación comenzó en el año 1995.
Las crisis globales existentes
son los primeros síntomas de nuestra interdependencia. Pero en
realidad, no deberían agobiarnos, sino motivarnos a ayudarnos
mutuamente y no considerarlas dificultades, sino una oportunidad
para reforzar nuestros vínculos. Cuando restablezcamos nuestro
enlace, sentiremos la unidad, la colectividad del alma de Adam;
percibiremos nuestra existencia -actualmente limitada por nuestra
estrecha percepción- como inclusive, eterna, más allá de eones y
universos. Además, experimentaremos la bendición de una ilimitada
libertad.
Hasta entonces, continuaremos
ocultándonos tras nuestros monitores, considerando que estamos a
salvo mediante nuestro anonimato. La siguiente fase consistirá en
quitarnos nuestras máscaras y verdaderamente unirnos en nuestros
corazones. Y mientras tanto... tienes un nuevo correo.
* El rabino
Dr. Michael Laitman es máster en cibernética, doctor en filosofía y
Cábala, profesor de ontología y teoría del conocimiento. Es fundador
y presidente de Bnei Baruj y del Instituto ARI, en Israel. Más
información en:
www.kabbalah.info
y
www.kab.tv/spa.
Aurora
Digital
Buscando La Verdad 14.01.08
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original: edición electrónica. |