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La Cábala nos explica el
proceso para lograr la felicidad, de la manera siguiente: primero,
deseamos algo y nos esforzamos por obtenerlo. En el momento que
conseguimos lo que anhelábamos, nos invade una sensación de placer,
alegría y deleite. En términos cabalísticos, el primer encuentro
entre cualquier deseo y su satisfacción es el punto máximo del
placer.
Es decir, tan pronto logramos
lo que queremos, el deseo se va desvaneciendo. En pocas palabras, ya
no sentimos el deseo por lo que hayamos conseguido, y como
resultado, el placer se va esfumando hasta desaparecer por completo.
Por ejemplo, has sentido tanta
hambre que crees que podrías comerte un trozo de filete grueso y
jugoso, tú solo, sin convidar a nadie (los vegetarianos pueden
pensar en un enorme plato de verduras). Pero, ¿qué pasa cuando
empiezas a comer?
La primera probada es un
éxtasis y la siguiente es maravillosa. La que le sigue es buena y
luego, pues, sí, está bien. Sin embargo, después va disminuyendo su
importancia, hasta que acabas diciendo: "Ni un bocado más, voy a
reventar”.
Esto se aplica a todo, no sólo
a la comida. Podemos pasarnos años soñando con el auto deportivo.
Pero cuando al fin lo tenemos, aunque por unos momentos o días
sintamos una emoción inmensa, descubrimos que poco a poco lo vamos
disfrutando menos. Hasta que al final, cada vez que lo conducimos,
sólo pensamos en la gigantesca deuda que hemos adquirido, y en el
hecho que habrá que pagarla en los próximos tres años.
El profesor de Economía
Richard Easterlin, de la Universidad del Sur de California, uno de
los pioneros en la investigación de la felicidad, llama a este
fenómeno "adaptación hedonista”, que significa: "compro
un auto nuevo y me acostumbro a él; adquiero un nuevo guardarropa e
igualmente me acostumbro. Rápidamente nos adaptamos al placer que
recibimos”.
Pero, este no puede ser el
final de la historia. Después de todo, al describir estos
acontecimientos, vemos que todos nosotros anhelamos encontrar el
placer duradero. ¿Es posible que la Naturaleza nos haya colocado en
este círculo vicioso en el que siempre seremos desgraciados? ¿Será
la felicidad tan sólo un cuento de hadas que nunca se va a convertir
en realidad?
La
fórmula (secreta) de la felicidad
Afortunadamente, la Cábala nos explica que la naturaleza no es
cruel; que de hecho, su único deseo es darnos la felicidad que tanto
buscamos. Si nuestra aspiración a ser felices no fuera destinada a
ser realizada, no habríamos sido creados con ella. El propósito de
la naturaleza es dejar que logremos alcanzar, de manera
independiente, una sensación de total y completa felicidad, no
parcial o temporal, sino absoluta, perfecta y eterna.
Y en realidad, estamos más
cerca de alcanzarla de lo que pensamos. De hecho, la reciente
tendencia por investigar la felicidad y la creciente comprensión de
que siempre permanecemos insatisfechos nos han permitido
efectivamente acercarnos a la verdadera felicidad. Estamos
comenzando a reconocer el patrón: la felicidad no depende de qué
cantidad de dinero ganamos o qué tan bien funciona nuestro
matrimonio. De hecho, no tiene relación alguna con cualquier placer
terrenal que tratemos de recibir, sino con nuestra condición
interna. Estamos empezando a descubrir el hecho fundamental que la
felicidad puede ser lograda sólo si utilizamos un principio distinto
de gozo.
La Cábala nos ayuda a resolver
el problema de la felicidad desde su raíz. Ya hemos explicado la
razón por la que nunca experimentamos placer duradero: el encuentro
del placer con el deseo neutraliza de inmediato el deseo, y éste al
ser neutralizado, nos impide disfrutar del placer.
Así que el secreto de la
felicidad, nos explica la Cábala, "es agregar otro ingrediente a
este proceso: la intención”. Esto significa que continuamos
deseando como antes, sólo que le damos un nuevo giro al deseo: lo
dirigimos hacia fuera de nosotros, como si estuviéramos dando a
otro. En otras palabras, esta intención de otorgamiento, convierte a
nuestro deseo en un conductor del placer.
Si elevamos nuestro deseo al
plano espiritual, en función de dar, el placer que sentimos nunca va
a parar; continuará fluyendo a través de nuestro deseo siguiendo
nuestra intención. Y nuestro deseo podrá seguir recibiendo
continuamente sin nunca llegar a saciarse.
Y esa es la fórmula para el
placer interminable o la felicidad duradera. Cuando uno aplica esta
fórmula, pasa en realidad por una transición muy profunda, y empieza
a sentir diferentes tipos de placer. La Cábala los llama
"espirituales” y justamente son eternos.
La verdadera felicidad se
encuentra a la vuelta de la esquina, esperando a que aprendamos cómo
experimentarla, cómo agregar la intención a nuestro deseo. Al
estudiar la Cábala adquirimos esta nueva intención espiritual de
manera natural y empezamos a recibir conforme al deseo de la
Naturaleza, o sea, plenamente. Y es por esto que Cábala
”significa recibir”, en hebreo, ya que es la sabiduría que
justamente nos enseña cómo recibir el placer duradero.
* El rabino
Dr. Michael Laitman es máster en cibernética, doctor en filosofía y
Cábala, profesor de ontología y teoría del conocimiento. Es fundador
y presidente de Bnei Baruj y del Instituto ARI, en Israel. Más
información en:
www.kabbalah.info
y
www.kab.tv/spa.
Aurora
Digital
Buscando La Verdad 01.02.08
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original: edición electrónica. |