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Millones de personas
mueren de hambre en los países del Tercer Mundo y miles de millones
más no tienen suficiente comida o, al menos, agua potable. Sus vidas
son mucho más difíciles que las de los habitantes de las naciones
occidentales, por lo que en muchos casos es un verdadero prodigio
que puedan salir adelante.
En los países occidentales,
las personas no sufren de estos males. Por regla general están
saludables, económicamente estables y con un futuro casi asegurado.
Pero ellos tienen sus propios problemas, empezando por la depresión.
A pesar del elevado nivel de vida, la depresión es la enfermedad que
con mayor rapidez se extiende en el Primer Mundo.
De acuerdo a un boletín
oficial del Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH) de Estados
Unidos, los desórdenes depresivos provocan que una persona se sienta
exhausta, sin valor, indefensa y desesperada. Estos pensamientos y
sentimientos negativos traen como consecuencia que la gente quiera
rendirse”.
De hecho, los preocupantes
índices de suicidios en el mundo occidental son la prueba de que más
y más personas están dándose por vencidas, pese a que aparentemente
lo tengan todo.
Si comparáramos las vidas de
los habitantes del Primer Mundo con las de aquellos que viven en los
países en desarrollo, esperaríamos lo contrario: que quienes viven
en el Occidente tratarían de sacar el mayor provecho de las
oportunidades que se les brindan, mientras que los de los países más
pobres estarían sumidos en la desesperación. ¿No es extraño que una
vez que lo tenemos todo, lo tiremos por la borda, incluyendo
nuestras vidas?
¿De quién es mi vida?
Para comprender esta aparente paradoja necesitamos tener
una perspectiva más amplia. El hecho es que hoy en día, todos somos
interdependientes.
Para salvar nuestras vidas y las de los niños es indispensable
cooperar. Sin embargo, no tendremos el deseo de cooperar a menos que
sepamos para qué. Necesitamos comprender la razón de nuestra
existencia, el significado de nuestras vidas, y de este conocimiento
extraer la motivación para realizar acciones globales positivas.
Según la sabiduría de la
Cábala, nuestra interdependencia proviene del concepto de unicidad”,
del hecho que no sólo somos interdependientes sino que todos
conformamos una entidad. Nuestros rostros pueden parecer distintos,
pero bajo la piel somos muy parecidos. Si no fuéramos tan similares,
la medicina moderna no hubiera podido existir.
Entre más penetramos en la
materia, más semejantes se hacen los elementos. Así, si se analizan
las partículas que constituyen cada átomo, se encontrarán sólo dos
elementos básicos: el núcleo y los electrones que lo rodean.
Los fundamentos más básicos de
toda forma de vida son los mismos. Y no sólo son los mismos, sino
que constantemente intercambian sus elementos, electrones, por lo
que los físicos contemporáneos dicen que en el nivel más fundamental
de la naturaleza, todos somos literalmente uno. Si comprendemos eso,
veremos que entender el significado de nuestras vidas así como
lograr bienestar, no es tanto una cuestión de lo que hago para mí
mismo, sino qué tanto interactúo con el resto del mundo y para toda
la humanidad.
El significado de la
vida
El concepto de unicidad fue descubierto por los antiguos
cabalistas hace unos cinco mil años, pero es hoy en día un hecho
científicamente comprobado.
Este concepto nos dice
"que el propósito de la vida no es una cuestión personal, sino una
percepción panorámica”, amplia, de todo lo que existe. Según la
sabiduría de la Cábala "sólo cuando trascendemos a nosotros
mismos, a nuestros egos, podemos entender el significado de la vida,
porque entonces vemos el cuadro completo”; es decir, el lugar
que ocupamos en el marco total de la Creación. Es sólo entonces que
comprendemos por qué nacemos y lo que tenemos que hacer en esta
vida.
Para discernir el significado
de la vida, tenemos que lograr tal sensación del universo que no
habrá diferencia entre la vida y la muerte, y la existencia como
entidades físicas o espirituales. Si pudiéramos vivir libremente en
todas las dimensiones, terrenales y espirituales, y no tan sólo en
nuestra presente percepción, sabríamos que verdaderamente somos
eternos.
En tal estado mental, la vida
de uno se hace tan importante como la del otro. No puede existir
animosidad entre la gente, porque somos uno solo. La rivalidad será
comparable a un riñón intentando dominar al hígado. En tal estado de
existencia cada persona logra semejanza con Dios, totalmente
responsable de la realidad completa y totalmente consciente de todo
lo que ocurre dentro de ella, en cualquier lugar y en cualquier
momento.
De hecho, la Cábala nos dice
"que el significado de la vida radica en su propósito que todas
las creaciones sean como Dios: eternas, omnipotentes y omniscientes.
Los cabalistas le llaman equivalencia de forma” y todos
nosotros podemos lograrla a través de la sabiduría de la Cábala.
* El rabino
Dr. Michael Laitman es máster en cibernética, doctor en filosofía y
Cábala, profesor de ontología y teoría del conocimiento. Es fundador
y presidente de Bnei Baruj y del Instituto ARI, en Israel. Más
información en:
www.kabbalah.info
y
www.kab.tv/spa.
Aurora
Digital
Buscando La Verdad 07.02.08
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original: edición electrónica. |