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La
educación en Israel, así como la juventud, se encuentran en una
verdadera crisis. Actos de violencia, valores que se han perdido,
confusión y falta de una dirección clara son una expresión parcial
de la frustración que sufren los jóvenes de hoy.
Además, la cadena de índices
negativos sobre el rendimiento escolar de los niños israelíes en
distintas evaluaciones -tal como se refleja en un reporte oficial
publicado hace unas semanas-, parecería ser una broma de mal gusto.
Por si fuera poco, recientemente se llevó a cabo la huelga de
maestros más larga de la historia contemporánea del país, en la
escuela intermediaria.
El sistema educativo actual
está cerca de perder el control. Aunado a esto, en los últimos años
se ha popularizado la peligrosa tendencia de distribuir Retalín de
manera ilimitada, una droga cuyo objetivo sería mantener serenos y
calmados a nuestros hijos, pero que en realidad no representa
ninguna solución al problema.
Si estuviéramos hablando sólo
de una situación hipotética, lo anteriormente expuesto podría
resultar hasta entretenido; pero estamos hablando de educación, el
diamante de la corona, el corazón. Hablamos de la educación de
nuestros hijos, los suyos y los míos.
Entonces, dejemos de lado el
"ruido de fondo”, los intereses y los interesados que giran
en torno al problema educativo, y hablemos por un momento nosotros,
los padres.
En esta historia somos los clientes” del sistema y el cliente, aún
si no tiene siempre la razón, al menos sabe bien lo que quiere.
Una generación
completa exige respuesta
La nueva generación es significativamente diferente a las
anteriores. Es suficiente echar un rápido vistazo a nuestros hijos
para comprobar esta realidad. Muchos de ellos, ya no se llevan por
las mismas cosas que eran tan importantes para nosotros, la
generación anterior. Carrera, dinero, respeto, control o
conocimiento, son unos ejemplos de las aspiraciones que les habíamos
destinado con total naturalidad. Sin embargo, la nueva generación no
encuentra estos objetivos lo suficientemente atractivos como para
dedicarles sus vidas.
Los chicos de hoy necesitan
instrumentos prácticos que les ayuden a entender la realidad. Ellos
exigen un llenado espiritual. Por lo tanto, cuando discutimos acerca
del problema educativo, en primer lugar debemos comprender que la
juventud actual es mucho más desarrollada que lo que nosotros
entendemos, y aspira a algo mucho más elevado que lo que les estamos
ofreciendo.
Desde una edad temprana, el
niño percibe cosas que nosotros no podemos entender, y las
investigaciones realizadas hasta hoy muestran que el niño comprende
mucho más que lo que nosotros creemos, pero como consecuencia de que
es aún pequeño, no logra expresar con claridad las sensaciones que
surgen con efervescencia en su interior.
De manera natural, cada
generación está más desarrollada que la anterior; así ha sucedido
siempre. Sin embargo, pareciera que en las últimas generaciones algo
se ha complicado. La brecha intergeneracional es casi imposible de
cerrar, en especial, en torno al problema educativo
emocional-espiritual. Desde el punto de vista de la espiritualidad,
estamos en una etapa de transición, y en los próximos años podremos
apreciar la influencia de esta necesidad (de llenado espiritual),
sobre la vida moderna.
La educación se ha
perdido
Hace cincuenta años dijo Albert Einstein:"La educación
es lo que queda cuando el hombre olvida todo lo que ha aprendido en
la escuela”'. Y tenía razón.
Las escuelas se esfuerzan por preparar al niño para tener una
profesión útil, para ser un hábil tecnócrata, pero hace tiempo que
renunciaron a la pretensión de educar. La escuela se ve a sí misma
como la encargada de ejercer el rol de entrenadora de alumnos, para
que éstos puedan adquirir elementos que le permitan continuar su
vida como un hombre de high-tech (alta tecnología), abogado,
contador público o publicista exitoso. Sin embargo, educación allí
no encontrarán.
La esencia de la educación
radica en enseñar al niño a ser un verdadero hombre, no sólo un
"adulto”, sino "un ser humano”, en el completo sentido
de la palabra. Es decir, aquel que tiene valores verdaderos. El
sistema educativo intenta llevar a cabo sus acciones futuras
basándose en elementos correspondientes a programas del pasado.
Intentamos imponerles a nuestros niños aquello que fue bueno para
nosotros, pero estos niños pertenecen a una nueva generación y, por
lo tanto, estos fundamentos no son, en absoluto, aptos para él.
Por consiguiente, debemos
desarrollar un método nuevo, apropiado para la generación joven, que
le permita cuestionarse para qué vivimos, entender el propósito de
su existencia, y fortalecer su interior. Un método que considere al
joven como un ser humano integral, como un hombre que busca
respuestas.
* El rabino
Dr. Michael Laitman es máster en cibernética, doctor en filosofía y
Cábala, profesor de ontología y teoría del conocimiento. Es fundador
y presidente de Bnei Baruj y del Instituto ARI, en Israel. Más
información en:
www.kabbalah.info
y
www.kab.tv/spa.
Aurora
Digital
Buscando La Verdad 14.02.08
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original: edición electrónica. |