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La Paz

Rabí Yehuda Leib HaLevi Ashlag

Una investigación científica y empírica acerca de la necesidad del trabajo de Dios

“Y habitará el lobo con el cordero, y el tigre se acostará junto con el cabrito; también el becerro y el leoncillo y el cebón (andarán) juntos; y un niñito los conducirá. Y acontecerá que en aquel día tornará el Señor la segunda vez a extender Su mano para recobrar los restos de Su pueblo que aún quedaren en Ashur, y de Egipto, y de Pathrós, y de Kush, y de Elam, y de Shin’ar, y de Hamath, y de las islas del mar”. (Isaías 11:6-11)

Rabí Shimón Ben Halafta dijo: “Dios no encontró una vasija para guardar la bendición para Israel, salvo la paz, como está dicho: El Señor le da fuerza a Su pueblo; el Señor bendice a Su pueblo con la paz” (Tratado Okatzin).

Después de haber demostrado en artículos anteriores la forma general de Su trabajo, cuya esencia no es sino Su amor por los demás, determinado prácticamente como “otorgar a los otros”; esto implica que la manifestación de Su amor es otorgar bondad a los otros. Por lo tanto, debe ser determinado como otorgamiento a los demás, lo que se adapta mejor a su contenido, apuntando a asegurar que no nos olvidemos del objetivo.

Ahora que sabemos a ciencia cierta el método de Su trabajo, todavía queda por investigar si este trabajo resulta aceptable para nosotros sólo por la fe, sin ninguna base científica o empírica, o si también tenemos una base empírica para ello,  que es lo que quiero demostrar en este artículo. Pero primero debo demostrar completamente la cuestión en sí misma; es decir: ¿quién es el que acepta nuestro trabajo?

Pero dado que no soy un entusiasta de la filosofía formativa,  ya que no me gustan los estudios basados en la teoría,  y es bien sabido que la mayor parte de mis contemporáneos están de acuerdo conmigo ya que hemos experimentado con esos fundamentos, y sabemos que son enclenques, y cuando las bases se mueven, toda la construcción se derrumba. Por lo tanto, he venido aquí para hablar sólo a través de la crítica de la razón empírica, comenzando por el simple reconocimiento de aquello con lo que nadie está en desacuerdo, actuando analíticamente, hasta llegar a determinar el tópico anterior. Y esto será probado sintéticamente viendo cómo Su trabajo es confirmado y reafirmado mediante el reconocimiento simple del aspecto práctico.

Las contradicciones en la Providencia

Toda persona de mente recta que examina la realidad ante ella, halla en ésta dos contraposiciones. Cuando uno examina la estructura real de la Creación, hay un liderazgo aparente y afirmado de gran sabiduría y habilidad, tanto en lo que respecta a la formación de la realidad cuanto en asegurar su existencia general.

Tomemos como ejemplo la gestación de una persona: el amor y el placer de sus progenitores es la primera razón que garantiza que cumplan con su deber. Cuando la gota esencial es extraída del cerebro del padre, la Providencia garantiza muy sabiamente un lugar seguro para ella que la cualifica para recibir vida. La Providencia también le provee el pan de cada día en la cantidad exacta, y asimismo le prepara un lugar maravilloso en la matriz de la madre, para que nada extraño pueda dañarla.

Atiende cada una de sus necesidades, como una niñera capacitada que no la olvidaría siquiera por un momento, hasta que haya adquirido la fuerza suficiente para salir a nuestro mundo. En ese momento, la Providencia le presta la fuerza suficiente para romper las paredes que la rodean y como un guerrero entrenado y bien armado irrumpe y sale al mundo.

Luego, la Providencia tampoco la abandona. Como una madre amorosa, le trae gente amorosa y leal en la que puede confiar llamados Madre y Padre, para ayudarlo en su período de debilidad hasta que crece y es capaz de proveerse a sí misma. Igual que el hombre son los animales, las plantas y los objetos, todos son cuidados con sabiduría y misericordia para asegurar la continuidad de la especie.

Pero aquellos que examinan cómo se asegura la existencia de esa realidad pueden ver claramente grandes trastornos y confusiones, como si no hubiera allí líder ni guía. Cada hombre hace aquello que le parece correcto, se construye a sí mismo sobre la ruina de otros; el mal prospera y los  justos son  atropellados sin misericordia.

Tenga  en cuenta que esta contradicción, puesta ante los ojos de toda persona sensata, ha preocupado a la Humanidad desde sus primeros días. Muchos métodos intentan explicar estas dos aparentes oposiciones en la Providencia que tienen lugar en el mismo mundo.

El primer método: la Naturaleza

Este método es antiguo. Dado que no han hallado un camino y una salida para acercar a estos dos conspicuos opuestos, llegaron a suponer que el Creador, que creó todo esto,  que vigila poderosamente su realidad, no sea que cosa que alguno de ellos sea cancelado, es un ser sin inteligencia y sin sentido. Por lo tanto, Él crea la realidad y la vigila con sabiduría maravillosa. Sin embargo, Él mismo es negligente, lo hace en forma insensata. Ya que si existiera una mente y un sentimiento en Él, seguramente no habría dejado tales  disfunciones  en la provisión de la realidad, sin lástima ni compasión hacia el atormentado.

Por lo tanto, a Él se le llamó “Naturaleza”; es decir, un supervisor mecánico, descorazonado. Por eso, creen que no hay nadie con quien estar enfadado, o a quien rezar o ante quien justificarse.

El segundo método: dos autoridades

Otros fueron más hábiles. Hallaron difícil de aceptar el supuesto de la supervisión de la naturaleza porque vieron que la supervisión sobre la realidad, para asegurar su existencia, es una sabiduría más profunda que cualquier logro humano. No podían estar de acuerdo en que el supervisor Mismo no tuviera inteligencia, porque: ¿Cómo uno puede dar aquello que no posee? ¿Puede alguien enseñarle a su amigo si uno mismo es un necio? Y, ¿cómo puede usted decir acerca de Aquel realiza ante nosotros tales hechos agudos y sabios, que no sabe lo que hace, que Él lo hace por azar? Resulta evidente con claridad que el azar no puede organizar ningún hecho ordenado, mucho menos asegurar su existencia eterna.

En consecuencia, arribaron a un segundo supuesto, el de que existen dos supervisores, uno que crea y sostiene el bien y el segundo que crea y sostiene el mal. Y  han elaborado en gran parte ese método, con evidencias y señales a lo largo de su camino.

El tercer método: múltiples dioses

Este método nació del seno del segundo método de las dos autoridades. Esto se debe a que han dividido y separado cada acción en sí misma, es decir, la fuerza,  la abundancia, la dominación,  la belleza, el hambre, la muerte, el desorden y así sucesivamente. Y han asignado a cada una su propio supervisor y han expandido el sistema a voluntad.

El cuarto método: abandonando su operación

Por último, cuando el conocimiento fue montado y vieron la estrecha vinculación entre todas las partes de la Creación, reconocieron  que el concepto de múltiples dioses era completamente imposible. Así, otra vez volvió a surgir la cuestión de la oposición  que se percibe en la Creación.

Esto los condujo a un nuevo supuesto de que en realidad el Supervisor es sabio y cuidadoso, pero debido a Su exaltación más allá de toda concepción, nuestro mundo se considera como un grano de arena; nada ante Sus ojos. Para Él no merece la pena molestarse con nuestros asuntos insignificantes y este es el motivo por el cual nuestro modo de vida es tan desordenado y cada hombre hace lo que le parece correcto.

Junto a estos métodos, existen métodos religiosos de unidad Divina, pero este no es el lugar para examinarlos. Yo sólo quería examinar las fuentes de las cuales fueron tomados los métodos viciados y los extraños supuestos que dominaron y se propagaron enormemente en diversas épocas y lugares.

Hallamos que la base sobre la que fueron construidos todos estos métodos surgió y provino de la contradicción entre los dos tipos de providencias perceptibles en nuestro mundo. Por lo tanto, todos estos métodos se produjeron sólo para reparar esa gran rasgadura.

Pero no hay nada nuevo bajo el sol. No sólo que aquella gran rasgadura no se enmienda, sino que crece y se expande ante nuestros ojos en un terrible abismo. No vemos un refugio o una salida del mismo. Examinando todos esos supuestos que la Humanidad ha venido realizando durante varios miles de años sin ninguna utilidad, pregunto: ¿Quizás no tendríamos que buscar la reparación de esta gran rasgadura desde el punto de vista del Supervisor, sino que esta gran corrección está en nuestras propias manos?

La necesidad de actuar con prudencia con las leyes de la Naturaleza

Todos podemos ver claramente que la especie humana debe llevar una vida social, lo que significa que no puede existir y sostenerse sin la ayuda de otros. Por lo tanto, imagínese un evento donde uno se retira de la sociedad a un lugar solitario y vive allí una vida de miseria y gran dolor debido a la incapacidad de proveer las propias necesidades. Uno no tendría ningún derecho de reclamarle a la Providencia sobre su destino. Y si una persona se quejara y maldijera ese amargo destino, sólo demostraría una gran insensatez.

Esto es porque mientras la Providencia ha preparado para ella un lugar cómodo y deseable dentro de la sociedad, no tendría ninguna justificación para retirarse de ella a un lugar desolado. Esa persona no debe ser compadecida, ya que va contra la naturaleza de la Creación y tiene la opción de vivir como la Providencia lo ha dispuesto. Por lo tanto, no deberíamos compadecernos de ella. Esa frase es aceptada por toda la Humanidad sin controversia.

Y puedo agregar y enfatizarlo sobre una base religiosa y darle esta forma: ya que la Providencia se extiende desde el Creador, que indudablemente tiene un propósito en Sus actos, ya que no hay acto sin propósito, encontramos que quien rompe una de las leyes de la Naturaleza que Él ha grabado en nosotros, corrompe la meta  establecida.

Debido a que el propósito está construido indudablemente sobre todas las leyes de la Naturaleza, sin ninguna excepción, así como el trabajador hábil no agregaría ni quitaría siquiera un fino cabello de aquello que es necesario para lograr el objetivo. Así, aquel que altera incluso una simple ley, daña y perjudica el propósito de la meta que el Señor ha establecido, y será castigado por la Naturaleza. Por lo tanto, nosotros, criaturas del Señor no debemos compadecerle, porque es el objetivo del Señor lo que él mancha y profana. Esto, creo, es la forma de la sentencia.

Y creo que no es una buena idea que alguien contradiga mis palabras, la forma que le he dado a la sentencia, porque las palabras de la sentencia son una, por lo que hay una diferencia si decimos que el supervisor es llamado Naturaleza, es decir, sin inteligencia ni propósito, o si decimos que el supervisor es sabio, maravilloso, o sea, que conoce, siente y tiene un propósito en sus acciones.

Al final, todos estamos de acuerdo en que depende de nosotros observar los mandamientos de la Providencia, es decir, las leyes de la Naturaleza, y todos nosotros admitimos que quien rompe las leyes de la Providencia, es decir, las leyes de Naturaleza, debería ser castigado por Ella y no debe ser compadecido. Entonces la naturaleza de la sentencia es uniforme y la única diferencia radica en el motivo: aquellos que mantienen que esto es necesario y yo, que mantengo que esto está decidido.

Y de ahora en adelante, no tendré que usar ambas lenguas, es decir, referirme a la Naturaleza y a un Supervisor, entre los cuales, como he mostrado, no hay ninguna diferencia respecto al seguimiento de las leyes, es mejor para nosotros encontrarnos a mitad de camino y aceptar las palabras de los Cabalistas, de que la Naturaleza (Teva), tiene el mismo valor numérico (en Hebreo) que la palabra Dios (Elohim), es decir, ochenta y seis. Entonces, podré llamar a las leyes de Dios mandamientos de la Naturaleza y viceversa, ya que son uno y lo mismo, y no necesitamos discutirlo más.

Ahora es de importancia vital para nosotros observar los mandamientos de la Naturaleza y saber lo que demanda de nosotros, no sea que nos castigue en forma despiadada. Hemos dicho que la Naturaleza obliga al hombre a llevar una vida social y esto es simple. Pero necesitamos examinar los mandamientos que la Naturaleza nos exige observar a este respecto, es decir, el aspecto de la sociedad.

Cuando lo examinamos en general, encontramos que hay sólo dos preceptos sociales que observar, que pueden ser llamados “recepción” y “otorgamiento”. Es decir, que cada miembro debe, por naturaleza, recibir sus necesidades por parte de la sociedad y debe beneficiar a la sociedad a través de su trabajo por el bienestar de ésta. Y si él rompe uno de estos dos mandamientos, será castigado sin misericordia.

No necesitamos analizar en exceso el mandamiento de recepción debido a que el castigo se lleva a cabo inmediatamente, lo que previene cualquier negligencia. Pero en el otro mandamiento, el de otorgamiento a la sociedad, no sólo que el castigo no ocurre inmediatamente, sino que se da indirectamente. Por lo tanto, este mandamiento no es observado en forma apropiada.

Debido a esto la Humanidad es llevada a estrellarse en una atroz confusión y los conflictos y el hambre y sus consecuencias no cesan hasta el día de hoy. Y lo maravilloso de esto es que la Naturaleza, como un juez competente, nos castiga según nuestro desarrollo, para que podamos ver que en la medida que la Humanidad se desarrolla, crecen los dolores y los tormentos a medida que la Humanidad se desarrolla, aumentando los dolores y tormentos provistos  para nuestra existencia.

Entonces tienen frente a ustedes una base empírica y científica, de que Su providencia nos ha ordenado  que observemos con todas nuestras fuerzas el mandamiento de otorgamiento a los demás con completa precisión, de tal modo que ningún miembro de nuestra sociedad trabaje menos de la medida necesaria para asegurar la felicidad de la sociedad y su éxito. Y mientras estemos ociosos en cumplirlo al máximo, la Naturaleza no dejará de castigarnos y tomar su venganza.

Y además de los golpes que recibimos hoy, también debemos considerar tener la espada preparada para el futuro, y debemos sacar la conclusión correcta, de que finalmente la Naturaleza nos derrotará a todos y nos obligará a unir las manos en el cumplimiento de los mandamientos con toda la medida requerida.

La prueba de Su trabajo a través de la experiencia

Pero si alguien desea criticar mis palabras aún podría cuestionar: aunque haya probado lo suficiente que uno debe ayudar a los otros, ¿dónde está la prueba de que esto tiene que ser realizado en el nombre del Señor?

De hecho, la historia misma se ha intrincado a nuestro favor y ha preparado para nosotros un hecho comprobado que es suficiente para apreciar plenamente este asunto y extraer conclusiones inequívocas: todo el mundo puede ver como una sociedad grande como el Estado de Rusia, con una población de cientos de millones de personas, que tiene a su disposición más tierra que toda Europa, con una riqueza sin igual en materias primas, que ya ha acordado vivir una vida comunitaria y prácticamente ha suprimido la propiedad privada, donde cada preocupación sólo se refiere al bienestar de la sociedad, incluso cuando aparentemente ha adquirido la medida completa de la virtud del otorgamiento a los otros en toda su esencia, tanto como la mente humana puede comprender.

Sin embargo, veamos lo que ha ocurrido con ellos: en vez de crecer y superar los logros de los países capitalistas, se han deteriorado cada vez más, hasta que no sólo han fallado en beneficiar las vidas de los trabajadores que trabajan más duro que en los países capitalistas, sino que ni siquiera pueden asegurarles el pan de cada día y la vestimenta. En realidad, ese hecho nos desorienta. Porque a juzgar por la riqueza de ese país, no deberían haber llegado a tal estado. Pero ellos sólo han cometido un pecado, por el cual el Señor no les perdonará.

Ese pecado es que todo este trabajo precioso y exaltado, que es el otorgamiento a los otros, que han comenzado a realizar, tiene que ser en nombre del Señor y no por la Humanidad. Y debido a que hacen su trabajo no en Su nombre, desde el punto de vista de la Naturaleza, no tienen derecho de existir. Porque tratemos de imaginar que cada persona en esa sociedad anhelara observar la palabra de Dios al grado que está dicho: “Y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu fuerza” (Deuteronomio 6: 5), y en esa medida cada uno se apresurara a satisfacer las necesidades de su prójimo, con la misma prisa que tiene para satisfacer las propias, como está escrito: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Y si Dios mismo fuera el objetivo de cada hombre cuando trabaja por el bienestar de la sociedad; esto es, en el sentido que a través del trabajo uno espera lograr la adhesión con Él, la fuente de toda bondad y la verdad y todo lo agradable en el mundo, sin duda que dentro de pocos años crecerían   en riqueza por encima de todos los países del mundo juntos. Ello se debe a que entonces podrían utilizar las materias primas de su rico suelo y se convertirían en un ejemplo para todos los países, y serían considerados bendecidos por el Señor.

Pero cuando todo el trabajo de otorgamiento sólo está basado en el bien de la sociedad, esto es en verdad una base raquítica, porque ¿quién y qué obligaría al individuo a trabajar para la sociedad? En un principio árido, sin vida, uno no puede esperar encontrar motivación aún en individuos desarrollados. Entonces surge la pregunta: ¿dónde encontraría el trabajador o el granjero suficiente motivación para seguir trabajando?

Ya que su pan de cada día no aumentará o  disminuirá debido a sus esfuerzos, cuando no hay ninguna recompensa o un objetivo. Es bien conocido por los investigadores de la naturaleza que uno no puede realizar siquiera el mínimo movimiento sin motivación; es decir, sin algo que lo beneficie a uno.

Cuando, por ejemplo, uno mueve su mano de la silla hacia la mesa es porque piensa que poniendo la mano sobre la mesa recibirá mayor placer. Si uno no pensara así, dejaría su mano sobre la silla por el resto de la vida, sin moverla ni una pulgada, y más aún cuando se trata de esfuerzos mayores.

Y si uno dice que la solución es ponerlos bajo vigilancia para que aquel que es haragán en su trabajo sea castigado privándolo del salario, le preguntaría: dígame ¿de dónde deberían sacar estos supervisores mismos la motivación para este movimiento? Porque estar parado en cierto lugar y vigilar a otros y trabajar con ellos también constituye un gran esfuerzo, quizás mayor que el trabajo mismo.

Por lo tanto, es como si uno quisiera poner en marcha una máquina sin abastecerla de combustible.

Por lo tanto, son condenados por la naturaleza, ya que las leyes de la naturaleza los castigarán por ser incapaces de adaptarse a obedecer sus mandamientos; es decir que ellos realicen estos actos de otorgamiento como trabajo para el Señor, para llegar a través del mismo al propósito de la Creación, que es la adhesión con Él. Hemos explicado en el artículo de Matan Torá (capítulo 6) que esta adhesión llega al trabajador en la medida de Su bondad agradable y placentera, aumentando en la medida deseada, para elevarse y conocer Su validez, desarrollándose cada vez más hasta que él logre la gran exaltación implícita en las palabras: “Porque nunca jamás oyeron (los hombres) ni con los oídos percibieron, ni ojo de nadie ha visto un Dios fuera de Ti” (Isaías 64: 3).

E imagine si el granjero y el trabajador vieran ante sus ojos ese objetivo cuando trabajaban por el bien de la sociedad, seguramente no necesitarían ningún supervisor porque ya tendrían suficiente motivación para realizar un gran esfuerzo, suficiente como para elevar a la sociedad a la máxima felicidad.

En verdad comprender que de esta manera se requiere gran cuidado y una práctica confiable, pero todo aquel que puede ver que sin ello no tiene ningún derecho de existir a los ojos de la Naturaleza pertinaz y obstinada. Esto es lo que quise demostrar aquí.

Así he probado por deducción empírica, más allá de la historia práctica que se despliega ante nuestros mismos ojos, que no hay otro remedio para la Humanidad, salvo la aceptación del mandamiento de la Providencia, que es el otorgamiento a los otros para traer alegría al Señor, en la medida de los dos versículos. El primero es: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, que es el atributo del trabajo en sí mismo, es decir, que la cantidad de trabajo para otorgar a los demás, para su felicidad, no debe ser menor que la medida grabada en el hombre para atender sus propias necesidades. Además, se debería colocar las necesidades del prójimo por delante de las propias, como se dice en el artículo de Matan Torá (capítulo 4).

El otro es: “Y amarás al Señor, tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu fuerza” (Deuteronomio 6: 5), que es el objetivo que debe estar ante los ojos de cada uno cuando trabaja para las necesidades de su amigo, cuya instrucción es que él trabaja sólo para complacer al Creador, para hacer Su voluntad.

Y si ustedes desean escuchar, se alimentarán con los frutos de la tierra, para que la pobreza, el tormento y la explotación ya no estén  sobre la tierra, y la felicidad de todos y cada uno se elevará aún más allá de la medida. Pero siempre que  rechacen tomar sobre ustedes el trabajo de Dios, en toda su anterior medida, la naturaleza y sus leyes estarán listas para tomar venganza y esto no cesará hasta que nos derrote y aceptemos su autoridad en todo lo que ordena.

Ahora les he dado una investigación científica práctica, examinada a través del conocimiento experimental,  en lo que respecta a la necesidad absoluta de todas las personas de tomar sobre sí mismas el trabajo de Dios con todo su corazón, con toda su alma y con todas sus fuerzas.

Aclaración de la frase de la Mishná: “todo está en el depósito y una fortaleza se extiende sobre toda la vida”.

Ahora que hemos aprendido todo lo anterior, podemos entender una frase confusa de la Mishná que dice así: “Él (Rabí Akiva) diría: ‘todo está en depósito y una fortaleza se extiende sobre toda la vida. La tienda está abierta y el comerciante vende por pago diferido, el libro está abierto y la mano escribe, y todos los que quieren tomar prestado pueden venir y tomar prestado, y los cobradores regresan en forma regular y cada día se reembolsa tanto consciente como inconscientemente y ellos tienen en quien confiar y  el juicio es verdadero y todo está listo para el banquete”.

Esa frase permaneció confusa por alguna buena razón, sin siquiera un indicio en cuanto a su significado, lo que nos habla de la gran profundidad que tenemos aquí. De hecho, el conocimiento que hemos adquirido hasta el momento la aclara muy bien.

La rueda de transformación de la forma

Antes que nada déjenme presentar la opinión de nuestros sabios sobre la concatenación de las generaciones del mundo, que aunque nosotros veamos los cuerpos cambiar de una generación a la siguiente, esto sólo es el caso de los cuerpos. Pero las almas, que son el corazón de la esencia del cuerpo, no se ausentan por transitoriedad, sino que van de cuerpo en cuerpo, de generación en generación. Son las mismas almas que estaban en el momento de la gran inundación en la época de Babilonia y durante el exilio en Egipto, y así sucesivamente, hasta esta generación y hasta el final de la corrección.

Porque en nuestro mundo no hay ninguna alma nueva aunque los cuerpos sean nuevos, sino sólo una cierta cantidad de almas que encarnan sobre la rueda de transformación de la forma, porque ellas se invisten cada vez en un nuevo cuerpo y en una nueva generación.

Por lo tanto, respecto a las almas, todas las generaciones desde el principio de la Creación hasta el final de la corrección, son como una generación que ha extendido su vida a lo largo de varios miles de años hasta que se desarrolle y se  corrija como debería ser. Y el hecho de que mientras tanto cada uno ha cambiado su cuerpo varios miles de veces es completamente irrelevante, porque el corazón de la esencia del cuerpo, que es llamada alma, no sufrió en absoluto por estos cambios.

Y hay mucha evidencia que apunta a eso y una gran sabiduría llamada el secreto de la reencarnación de las almas, que aquí no vamos a desarrollar. Pero para quienes creen que es exagerado debido a su falta de conocimiento en esta sabiduría, vale la pena decir que la reencarnación ocurre en todos los objetos de la realidad tangible, que cada objeto, a su manera, vive una vida eterna.

Y aunque nuestros sentidos nos dicen que todo es transitorio, sólo se trata de una apariencia. Pero de hecho solo hay encarnaciones aquí, que cada ítem no descansa siquiera un momento sino que reencarna en la rueda de transformación de la forma sin perder nada de su esencia en su camino, como los físicos han demostrado. Y ahora vamos a aclarar las palabras: “todo está en depósito”. Esto ha sido comparado con alguien que presta dinero a su amigo para hacerlo socio en el beneficio. Y para asegurarle que no perderá su dinero se lo da como garantía, y así él se libera de cualquier incertidumbre. Lo mismo se aplica a la creación del mundo y a su existencia, que Dios ha dispuesto para que el hombre  trabaje, y finalmente gane al través de esto el exaltado objetivo de adherirse a Él, como está dicho en Matan Torá (capítulo 6). Por lo tanto, uno debe asombrarse: ¿quien hará que la Humanidad observe Su trabajo hasta que finalmente arribe a este exaltado final?

Rabí Akiva nos dice que “todo está en depósito”, es decir que  todo lo que Dios estableció en el negocio de la Creación y lo dio al pueblo, Él no se lo dio licenciosamente, sino que se aseguró con una garantía. ¿Y debería asombrarlo cuál garantía?

Él responde a esto diciendo: “y una fortaleza se extiende sobre toda la vida”, es decir que Dios ha hecho un acto inteligente y ha extendido una maravillosa fortaleza sobre toda la Humanidad, de la que nadie se escapará, sino que cada uno debe estar atrapado en esa fortaleza y aceptar necesariamente Su trabajo, hasta que logren su objetivo sublime. Esta es la garantía que Dios se aseguró para que no sobrevenga ningún daño a la obra de la Creación.

Y luego lo interpreta en detalle y dice: “la tienda está abierta”, es decir que aunque este mundo parezca una tienda abierta sin dueño, de modo que cualquiera puede llegar y tomar lo que le plazca, Rabí Akiva nos advierte acerca del tendero que vende con pago diferido. Esto significa que aunque usted no pueda ver a ningún comerciante aquí, sepa que de hecho hay uno y que la razón de que no le cobre inmediatamente se debe a que él se lo vende con pago diferido.

Y usted podría decir: ¿cómo sabe cuál es mi deuda? A lo que responde: “el libro está abierto y la mano escribe”. Lo cual significa que hay un libro en el que está escrito cada acto y ninguno se pierde, y el objetivo gira alrededor de la ley de desarrollo que Dios ha grabado en la Humanidad, la cual nos empuja constantemente hacia delante.

Esto significa que las conductas corruptas en las situaciones de la Humanidad generan las buenas situaciones, y cada buena situación no es más que el fruto del trabajo en la mala situación que la precedió. En verdad estos valores de lo bueno y lo malo no se refieren a la situación misma, sino al propósito general, que cada situación que acerca a la Humanidad al objetivo es llamada bien y aquella que la separa es llamada mal.

Y bajo ese parámetro, sólo “la ley de desarrollo” construye. Que la corrupción y el mal que toma forma en una situación se considera la causa y el generador de la buena situación, de modo que cada situación dura solamente el  tiempo suficiente para cultivar el mal en ella, hasta el punto que el público no puede soportarlo más. En ese momento deben unirse contra éste y destruirlo, y encontrar una situación mejor para la corrección de esa generación.

Y la nueva situación también dura hasta que las chispas del mal maduren en ella y crezca a un nivel en el que ya no puedan ser toleradas, momento en el que debe ser destruida y una situación más confortable es construida en su lugar. Y así las situaciones se concatenan una a una y grado a grado hasta que llegan a una situación corregida en la que no haya chispas de mal.

Y encuentran que las semillas a partir de las cuales crecen las buenas situaciones no son otra cosa que los actos corruptos mismos, es decir, que cada mal expuesto que viene de las manos de los impíos en la generación,  se unen de la mano y se acumulan en gran cantidad, hasta que el público ya no puede soportarlo. Entonces le hacen frente y la destruyen y crean una situación más deseable. Así, usted ve que cada mal específico se condiciona a la fuerza motriz por la cual se desarrollará la buena situación.

Estas son las palabras de Rabí Akiva, “el libro está abierto y la mano escribe”, porque cualquier situación en la que toda generación es colocada, es como un libro. Y todos los que hacen el mal son como manos que escriben, porque cada mal es grabado y escrito en el libro hasta que lleguen a un monto que el público ya no puede soportar por más tiempo, momento en el cual se destruye la mala situación y se organiza bajo una más deseable.

Así todos y cada uno de los actos son contabilizados y escritos en el libro, es decir, en la situación. Y él dice: “todos aquellos que quieran tomar prestado pueden venir y tomar prestado”, es decir, aquel que  cree que este mundo no es como una tienda abierta sin dueño, sino que hay un comerciante que exige el precio justo por la mercancía, es decir, que él se esforzará en su trabajo durante el tiempo que vive de esa tienda, de tal manera que tenga la certeza de llevarlo al propósito de la creación como a Él le place.

A tal persona se la considera como alguien que quiere pedir prestado, es decir que aún antes de extender su mano para tomar de este mundo, que es la tienda, él adquiere un préstamo para pagar el precio, es decir, que él toma sobre sí el  trabajar y alcanzar Su meta durante el tiempo en el que vive de la tienda, de modo que promete pagar su deuda llegando a la meta deseada. Por lo tanto, se lo considera alguien que desea tomar prestado, es decir que se compromete a devolver la deuda.

Y Rabí Akiva ilustra dos tipos de personas: el primer tipo es el de la “tienda abierta”, que consideran este mundo como una tienda abierta sin  comerciante. Sobre ellos  dice: “el libro está abierto y la mano escribe”, es decir que aunque ellos no puedan ver que hay una cuenta, sus actos son escritos en el libro, que está hecho según la ley de desarrollo grabada en la Creación contra el deseo de la Humanidad, que las acciones del mal por sí mismas instigan las buenas acciones, como hemos mostrado anteriormente.

El segundo tipo de persona son llamados los que “quieren tomar prestado, que toman en consideración al tendero y cuando toman de la tienda, lo toman como un préstamo. Estos prometen pagarle al comerciante el precio deseado, es decir, alcanzar la meta por ello. Sobre estos él dice: “aquellos que quieran tomar prestado pueden venir y tomar prestado”.

Y si ustedes dicen: ¿cuál es la diferencia entre el primer tipo, cuyo objetivo les viene  de la ley de desarrollo, y el otro tipo, cuyo objetivo les viene por la esclavitud auto impuesta a Su trabajo? ¿No son iguales en el logro del objetivo? Y él agrega: “y los cobradores vuelven con regularidad y cada día el hombre rembolsa tanto consciente como inconscientemente”, es decir que es verdad que ambos pagan su parte de la deuda diariamente.

Y así, como las fuerzas virtuosas que emergen tratando con Su trabajo son consideradas cobradores leales, quienes cada día cobran su deuda en cuotas, hasta que esté completamente cancelada, así son las fuerzas poderosas grabadas en la ley de desarrollo, consideradas también como cobradores que recogen su deuda en cuotas diariamente, hasta que sea cancelada completamente, como ellos dicen “y los cobradores retornan  regularmente y cada día el hombre cancela”.

De hecho hay una gran diferencia y una gran distancia entre ellos, es decir, “conscientemente e inconscientemente”. El primer tipo, cuya deuda es cobrada inconscientemente por los cobradores del desarrollo, pagan su deuda inconscientemente, pero las olas tempestuosas del viento del desarrollo caen sobre ellos y los empuja desde atrás, obligándolos a avanzar.

Así, su deuda es cobrada contra su voluntad y con gran dolor por el descubrimiento de las malas fuerzas que los empujan desde atrás. El segundo tipo, sin embargo, paga su deuda, que es lograr conscientemente, por propio acuerdo, repitiendo después los actos virtuosos que apresuran el desarrollo del sentido de reconocimiento del mal. Por aquel trabajo obtienen un doble beneficio:

El primero es que las fuerzas que aparecen fuera de Su trabajo son colocadas ante ellos como una fuerza magnética que tira, que les persigue por su propia y libre voluntad en el espíritu del amor. Huelga decir que están libres de cualquier tipo de sufrimiento, que sufrirá el primer tipo.

El segundo beneficio es que ellos apresuran la consecución del objetivo deseado, que son los justos y los profetas que logran el objetivo en cada generación, como se explica en el artículo “La Esencia de Cabalá”,  en el tema “Sobre qué gira esta Sabiduría”.

Así ustedes ven que hay una gran distancia entre los que pagan conscientemente y los que lo hacen inconscientemente, como la supremacía de la Luz del deleite y el placer sobre la oscuridad del dolor y la agonía. Y él dice además: “y ellos tienen que confiar en que el juicio es verdadero”, es decir que a los que pagan conscientemente y de buen grado él les promete que “tienen que confiar”, que hay una gran fuerza en Su trabajo para llevarlos  a la meta sublime y esto merece que ellos se sometan a Su carga.

Y a aquellos que pagan inconscientemente les dice: “Y el juicio es verdadero”. Aparentemente hay que preguntarse por qué la Providencia permite que existan esas corrupciones y agonías en el mundo y deja que la Humanidad se fría en ellas sin misericordia.

Acerca de esto dice que el juicio es “un juicio verdadero” porque “todo está listo para el banquete”, es decir, para la meta verdadera. Y el deleite sublime que está destinado a emerger con la revelación de Su propósito en la Creación, que todos los problemas, los trabajos, y las angustias que nos sobrevienen a lo largo del tiempo, son como un anfitrión, que se preocupa por preparar un gran banquete para los invitados. Y la meta anticipada finalmente debe ser revelada, se parece a un banquete cuyos invitados asisten con gran placer. Por lo tanto dice “y el juicio es verdadero y todo está listo para el banquete”.

Tal como ustedes encuentran en Bereshit Rabá respecto de la creación del Hombre: los ángeles preguntaron: “¿Qué viene a ser el mísero hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que le visites?” (Salmos 8:5), es decir, “¿Para qué necesitas preocuparte de él?. Él les dice, ¿Entonces por qué fueron creadas Tzona y Alafim? Hay un proverbio acerca de un rey que tenía una torre llena de bienes, pero ningún invitado. ¿Qué placer obtenía entonces de su torre llena? Ellos le dijeron: Señor del mundo, Señor, nuestro Maestro, cuán grande es Tu nombre en toda la tierra. Haz lo que te complazca.

Es decir que los ángeles vieron el dolor y la agonía que le acontecerían a la Humanidad y se asombraron, ¿Para qué necesitas este problema? Y el Señor les contestó que en efecto él tiene una torre llena de bienes, pero sólo esta Humanidad es invitada a ella. Y desde luego los ángeles sopesaron en sus mentes los placeres que esperaban a los invitados en la torre, contra la agonía y los problemas que le esperan a la Humanidad, y cuando vieron que  era preferible para la Humanidad sufrir por el bien que les espera, acordaron con la creación del hombre., tal como dijo Rabí Akiva: “Y el juicio es verdadero y todo está listo para el banquete”, así desde el principio de la Creación todo el pueblo tiene reservaciones y el pensamiento del Creador les exige venir al banquete, consciente o inconscientemente.

Y ahora  verán la verdad en las palabras del profeta: “Y habitará el lobo con el cordero, y el tigre se acostará junto con el cabrito” (Isaías 11:6). Y él razona que “la tierra estará llena del conocimiento del Señor, como las aguas que cubren el mar” (Isaías 11:9). Así vemos que el profeta condiciona la paz en el mundo entero a que todo el mundo esté lleno del conocimiento de Dios, tal como hemos dicho que la resistencia dura y egoísta entre los  pueblos, junto con el deterioro en las relaciones internacionales, todo esto no cesará en el mundo por ningún consejo humano bajo ningún tipo de condiciones.

Nuestros ojos pueden ver como los pobres enfermos están envueltos en un dolor terrible, y la Humanidad ya se ha lanzado a la extrema derecha como en Alemania, o a la extrema izquierda, como en Rusia, y no sólo ocurre que no alivian el dolor, sino que han empeorado la enfermedad y la agonía y las voces se elevan hasta el cielo, como todos sabemos.

Por lo tanto, no tienen otro remedio que  llegar a la aceptación de Su carga, lo que significa enfocar sus actos a la voluntad del Señor y a Su propósito, como Él lo había planeado antes de la Creación. Y cuando hagan esto, será fácil ver que con Su trabajo toda la envidia y el odio serán eliminados de la Humanidad como lo he mostrado de sobra anteriormente, porque entonces todos los miembros de la Humanidad se unirán en un solo cuerpo con un corazón lleno del conocimiento del Señor. Entonces, la paz en el mundo y el conocimiento de Dios son una y la cosa misma.

Inmediatamente después de esto el profeta dice: “Y alzará bandera a las naciones, y recogerá a los desterrados de Israel, y congregará a los dispersos de Yehudá, de los cuatro cabos de la tierra” (Isaías 11:12)  Aprendemos que la paz mundial viene antes que la reunión de la Diáspora.

Ahora pueden entender las palabras de nuestros sabios: “El Creador no encontró una vasija para guardar la bendición para Israel, sino solo la paz”, como está dicho: “¡El Señor dará fortaleza a Su pueblo! ¡El Señor bendecirá a Su pueblo con la paz”.  (Salmos 29:11)”. Y aparentemente podría asombrarse con las palabras: “una vasija para guardar la bendición para Israel”, ¿y qué concluye uno a partir de estas palabras?

Pero estas palabras se hacen claras para ellos como la profecía de Isaías de que la paz mundial debe venir antes de la reunión de la Diáspora. Es por eso que dice: “El Señor dará fortaleza a su pueblo”. (Salmos 29:11), que en el futuro, cuando el Señor dé fortaleza a Su pueblo, es decir resurrección eterna, entonces “El Señor bendecirá a su pueblo con la paz”. (Salmos 29:11)  Esto significa que Él primero bendecirá a Su pueblo,  Israel, con la paz en el mundo entero, y luego Él, “Y acontecerá que en aquel día tornará el Señor la segunda vez a extender Su mano para recobrar los restos de Su pueblo”. (Isaías 11:11).

Nuestros sabios dijeron acerca de la razón de las palabras, por lo tanto, la bendición de la paz del mundo entero precede a la fortaleza, es decir a la redención, porque “Dios no encontró una vasija para guardar la bendición para Israel, sino la paz”. Es decir, mientras existan el amor propio y el egoísmo entre las naciones, Israel tampoco será capaz de adorar al Señor en la pureza, como otorgamiento, como se dice en la explicación de las palabras, “Y seréis para mí un reino de sacerdotes” (Éxodo 19:6), en el artículo La Adhesión. Nosotros vemos esto a partir de la experiencia, pues  la vuelta a  la Tierra y la edificación del Templo no podrían persistir y recibir la bendición que Dios ha prometido a nuestros padres.

Y eso es lo que ellos dijeron: “Dios no encontró una vasija para guardar la bendición”, es decir, hasta que Israel no tenga una vasija para guardar la bendición de los padres. Por lo tanto, el juramento que podemos heredar la tierra para toda la eternidad, aún no ha sido realizado, porque la paz mundial es la única vasija que nos permite recibir la bendición de los padres, como está dicho dice en la profecía de Isaías.

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