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Las personas de este mundo son personas
ordinarias. Pero a un persa llamado Abram (más tarde Abraham), el
Creador se reveló a Sí mismo. Llegó a ser un “yehudi” (judío), de la
palabra “Yehudi” (sólo-único), él y el Creador llegaron a ser uno.
Entonces, ¿quién es este Abraham? Él es un hombre que estaba dotado
con una chispa espiritual, una sensibilidad del Creador. Pero aparte
de eso él era una persona ordinaria.
No hay ninguna santidad en ningún órgano de
nuestro cuerpo. Así, no sucede nada si un corazón que no funciona
bien es reemplazado por otro corazón humano o por el corazón de un
cerdo. Nuestro corazón es pura materia, como el de cualquier animal.
No son sagrados, no están conectados con el Creador.
Así que no hay diferencia entre un judío y un
gentil, salvo la chispa del Creador encontrada en el judío. Eso
significa que si esa chispa existe en el corazón de una persona, esa
persona es llamada judía. Si desaparece, el judío de nuevo se
convierte en gentil. Lo segundo, en cambio, es una situación
imposible, porque la santidad siempre aumenta y nunca disminuye. Es
una ley espiritual, por la cual todo es llevado más cerca del
Creador.
El éxodo al mundo espiritual es un proceso
lento. Al principio un hombre es capturado por los deseos de este
mundo. Gradualmente, el hombre se da cuenta de la falta de sentido
de su existencia física, como si no existiera esa chispa, el hombre
es sólo uno de tantos...
La Hagadá dice: “Al principio, nuestros padres
adoraron dioses extraños”. Adorar un dios extraño (paganismo) es un
estado posible solamente después de que uno ha hecho contacto con el
Creador, él ha llegado a ser consciente de la oposición entre sus
atributos y los del Creador y ha elegido actuar contra el deseo del
Creador. Por esto, el paganismo tiene un cierto grado de conciencia,
de habilidad para manejarse más allá de la naturaleza que se tiene
desde el nacimiento.
En efecto, nuestros padres adoraron dioses
extraños, pero entonces el Creador se les reveló a Sí mismo, y la
Luz que vino con ello fue aceptada como una orden para emigrar desde
Mesopotamia a la Tierra de Israel. Así, nosotros vemos que en este
mundo también, uno se mueve de un sitio a otro, siguiendo la
voluntad interna de uno, siguiendo el corazón de uno.
Los cabalistas escriben que podemos vivir en la
Tierra de Israel, provistos con algo comparado a su nivel
espiritual. De lo contrario, estaremos exiliados de aquí justo como
antes. El Creador ha vuelto a traer nuestros cuerpos, pero continúa
nuestro deber de realizar nuestro regreso interior al estado
espiritual llamado la Tierra de Israel para ser dignos de esta
tierra, ¡que es todo lo que necesitamos!
Abraham el Patriarca es un testimonio de ello.
Una vez llegó a ser un judío, D-s le dijo: “Vete de tu tierra y de
tu patria y de la casa de tu padre a la tierra que Yo te mostraré”.
Y Abraham se movió (interiormente) a la Tierra de Israel: él empezó
a desarrollar vasijas espirituales, vasijas de otorgamiento.
Pero para alcanzar la unidad con el Creador,
más que la habilidad de dar (otorgar por otorgar), hay que tener la
habilidad para recibir en orden de otorgar, a través de las vasijas
de recepción, corregidas por el ánimo de otorgar al Creador. Pero,
¿dónde obtenemos esas vasijas, esos deseos? Cuando uno se encuentra
en la Tierra de Israel y quiere otorgar al Creador, uno se da cuenta
que no tiene nada para darle, y uno llega a estar hambriento,
hambriento de otorgar.
Entonces, uno se exilia en Egipto. Pero, ¿por
qué?, ¿para qué?, porque renunciando a nuestro deseo de recibir
vamos en contra de nuestra propia naturaleza humana. Puede ser que
nadie pueda comprenderlo. Ningún otro método, sino la Cabalá lo usa
porque este acto se opone a la naturaleza humana. Todos los otros
métodos son producto de nuestra naturaleza interna y se proponen
hacer nuestra vida más confortable, placentera, todos menos la
Cabalá, la cual fue concedida a Abraham junto con la sublime
revelación del Creador.
Pero, ¿realmente esto se hace en Egipto?
Por lo dicho anteriormente, el hombre está
confundido, hambriento (tanto física como espiritualmente), las
metas materiales toman prioridad, así que uno puede darse cuenta de
cómo es superior el espíritu a la materia. Se puede obtener placer
espiritual en actos materiales. Pero el verdadero sabor del placer
material permanece solamente para el prudente (aquel que aspira a la
sabiduría, quien asciende al espíritu para vivir los verdaderos
deseos), por ello es quien debe confrontar los más grandes placeres.
Cuando uno progresa en los estudios, se ve a sí
mismo como más y más viciado. Todos los peores deseos se despiertan
en él. Precisamente éste es el exilio a Egipto, cuando uno quien
aspira a ascender por la escalera hacia el espíritu, cae bajo el
gobierno del deseo de recibir.
Es por esto por lo que se dice que los hermanos
de José le visitaron en Egipto. El exilio a Egipto ocurre cuando uno
pierde sus vasijas de otorgamiento, cuando caen bajo el gobierno de
las vasijas de recepción. Este estado permanece tranquilo mientras
dura la progresión en la espiritualidad.
Cuando uno empieza a estudiar, está lleno de
vida, despreocupado. Pero después de unos meses las cosas cambian.
La espiritualidad no es tan tentadora como lo era antes, las
interrupciones materiales aparecen y uno siente que nunca verá
abiertas las puertas del cielo.
¿Por qué ocurre esto?
Porque las vasijas de recepción deben ser
desarrolladas, una cortina (masaj) tiene que ser alcanzada y
desplegada sobre los deseos de Egipto. En verdad, se tienen las
vasijas de otorgamiento, pero están ocultas. Cuando empieza el
trabajo en Egipto, uno echa de menos la espiritualidad, pero cuanto
más se la echa de menos, más se la encuentra inalcanzable.
El tiempo de la “esclavitud en Egipto”dura
tanto como uno se siente esclavo, hasta que se eleva un nuevo rey,
uno que no conoció José. Uno siente el gobierno de su faraón
interior sobre él, llevándole contra el Creador.
Pero, si el deseo de recibir me permite
disfrutar, ¿qué es lo que falla?, ¿cómo es que su gobierno es nocivo
para mí?
Si quiero algo más que la satisfacción del
deseo, por ejemplo, si quiero contactar con el Creador, pero siento
que los placeres materiales me alejan de El, empiezo a percibirles
como un obstáculo, como algo malvado que va en mi contra.
Entonces, una batalla interna empieza dentro de
mí. Empiezo a preguntarme si “Yo” es quien quiere pegarse al
Creador, o si “Yo” busca los placeres materiales. Entonces ¿Quién es
mi “Yo”?
Una guerra estalla entre ambos deseos: en una
mano Moisés y Aarón y en la otra el faraón. Uno no puede decir quien
gana, porque los magos del faraón hacen los mismos milagros que el
Creador. Por lo tanto, la huida del gobierno de la naturaleza
solamente es posible después de que el Creador golpee diez veces
(las diez plagas de Egipto)
Para mi neutral “yo”sentir de donde procede la
Luz, requiere sentir los diez golpes- justo como el faraón que está
dentro de mí se opone al Creador- así que yo puedo separarme de él
y poder alcanzar un estado donde el faraón mismo dirá: ¡Vete!, ¡Me
has traído bastante dolor!
Los diez golpes muestran al hombre que el
gobierno del faraón es una cosa odiosa, intolerable. Entonces, el
hombre mismo quiere escapar de ello. Quiere, ¡no puede! Por
consiguiente, para que la huida del Faraón tenga efecto, se
requieren ciertas condiciones externas. Debe haber un apuro,
ocultación y la oscuridad de la noche.
Solamente entonces el hombre puede acumular sus
deseos de otorgamiento, separarles de su propio deseo de recibir y
ocultarles de ello. La huida se realiza de noche, cuando las luces
espirituales están apagadas. La fe se sobrepone a la razón, yendo
contra su propio juicio para escapar de su naturaleza.
Se dice: “Si tú has trabajado y lo encuentras,
entonces cree”. Eso significa que uno ha puesto bastante trabajo
para que el Creador sea revelado, pero no es consciente que este
trabajo es suficiente para salir de este mundo y entrar en el Mundo Superior. La salida de nuestra naturaleza es un hecho repentino.
El hombre no tiene control sobre este proceso,
él simplemente toma parte en él. Él camina sobre la tierra, entre
las paredes del Mar Rojo, las barreras, y entra...en un desierto.
¿Qué ha ganado con ello? El hombre entra en Egipto con una chispa
del Creador, echando de menos al espíritu y sale con las vasijas de
la recepción vacías- la sensación de un desierto.
Se dice que Israel marchó con “joyas de plata y
joyas de oro y vestidos”. Esto significa que el hombre deseos
corruptos para recibir y debe empezar ahora a trabajar con ellos y
corregirlos. Tanto cuanto estas vasijas pertenezcan a Egipto, le
darán solamente la sensación de oscuridad, de un desierto. Pero
cuando les corrija y les use correctamente, recibirá a través de
ellos la Luz superior.
Así el hombre entra en el desierto. No está
todavía en la Tierra de Israel. Ahora necesita de la Luz para poder
distinguir cuanto de cada atributo es digno de usar para su
progresión en el mundo espiritual. La recepción de esta Luz es
llamada “la recepción de la Torá”.
Una persona que salga de este mundo hacia el
espiritual, empieza a trabajar en tres líneas. Una izquierda, una
derecha y una intermedia. Debemos darnos cuenta que no somos los que
estamos trabajando, es el Creador, es el trabajo del Creador.
¡Debemos aceptar Su trabajo sobre nosotros! Todo ha sido creado en
su estado perfecto, pero la criatura solamente puede calcular la
perfección desde su opuesto. Esto es por lo que el hombre debe
experimentar todos los estados imperfectos. El trabajo del hombre es
un proceso de auto-conciencia; conciencia del trabajo que el Creador
está haciendo sobre él.
Hay un mundo y dentro de él un alma. El
contacto con el Creador se compone de tres partes: Olam (mundo),
Shaná (año), Neshamá (alma). Shaná es la extensión de contacto entre
Olam y Neshamá. El mundo Olam proviene del mundo He´elem
(ocultación). Esto significa que Olam es la extensión de la
ocultación del Creador.
¿Es posible obtener resultados espirituales desarrollando actos
físicos?
Todo lo que hace el hombre, lo hace porque
quiere. La roca, que no tiene movimiento, también quiere mantener su
condición. La planta quiere crecer. Extraña la Luz y crece hacia
ella.
El deseo del hombre está siempre expresado por
cierto acto. Esto es porque cualquier movimiento que un animal haga
es exactamente el movimiento que debe ser hecho.
Aunque cada deseo es expresado en el exterior,
el hombre no siempre es consciente de sus deseos. Desde fuera, uno
no puede entender el propósito de los actos del otro. Por esto la
ciencia que estudia las intenciones es llamada “La sabiduría de lo
oculto”, porque nadie sabe lo que está en el interior de tu corazón,
a menudo incluso tú mismo. Pero como siempre la forma exterior
indica el deseo interior.
Nosotros no estamos todavía en los mundos
espirituales y no podemos unir otras almas a nuestra pantalla.
Mientras tanto, nuestro trabajo se mantiene en el nivel de este
mundo, desplegando la sabiduría de la Cabalá. Este acto es
totalmente espiritual. A través de él, uno ayuda a otros a unir su
camino a través de actos físicos; uno ayuda a la apertura de la
espiritualidad en este mundo. |