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Amantes del Señor odien el mal

Amantes del Señor odien el mal

En el verso, "¡Amantes del Señor, odien al mal! El que guarda el alma de Sus fieles, les libra de la mano de los malvados", lo cual significa, que no es suficiente con que el hombre ame al Creador; queriendo con esto merecer la adhesión con Él; sino que también debe tener odio por el mal.

El asunto de odio al mal se expresa cuando el hombre odia al mal, el mismo que es llamado “el deseo de recibir”. Y viendo que no tiene ninguna táctica para deshacerse de él, con esto, él no quiere aceptar ese estado. Él siente las pérdidas que le causa el mal y, también ve la verdad, ya que por sí mismo no tiene fuerza para anular el mal, ya que esta es una fuerza natural por parte del Creador, el cual introdujo en el hombre el deseo de recibir.

Entonces, el verso nos dice lo que está al alcance del hombre hacer; es decir, odiar el mal. Y por medio de esto el Creador le guardará de éste mal, tal como está escrito: “Él guarda el alma de Sus fieles” ¿Cómo los preserva?  ¡Les libra de la mano de los malvados¡ Y en vista de que tiene algún contacto con el Creador, el mismo que será el contacto más pequeño. Entonces, ya es un hombre exitoso.

En verdad, el asunto del mal continúa existiendo y trabaja en el aspecto de Ajoraim (posterior) en el Partzuf. El asunto del odio se manifiesta si es que el hombre siente gusto por atraerse a la adhesión con el Creador, siendo entonces una conducta entre amigos y compañeros: ya que si dos personas llegan por medio de una necesidad, tal que cada uno de ellos odia lo que su amigo odia o, ama lo que su amigo ama, entonces llegan por medio de una unión perpetua, en el aspecto de “algo fijo e inamovible por siempre”.

Por lo tanto, puesto que el Creador ama otorgar, también los inferiores deben adaptarse a querer solamente otorgar. Y como el Creador odia tener que recibir, ya que Él es completo por el propósito de completitud y no necesita de nada, también el hombre tiene que odiar el asunto de la recepción para sí mismo.

En definitiva, el hombre debe odiar el deseo de recibir por el propósito del odio, puesto que todas las “ruinas” en el mundo proceden únicamente del deseo de recibir. Y es mediante el odio que el hombre corrige, que él entra bajo la Kedushá (santidad).

 

 

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