Reflexiones del día 25.11.2011
Todos reciben las mismas cosas en este mundo, pero el nivel de Adam (humano) es cuanto se utiliza todo eso para el logro espiritual – de dónde proviene y para qué necesidad. Es una diferencia fundamental en la manera en la que nos relacionamos con la vida.
· Cuando estudiamos la sabiduría de la Cabalá, debemos comprender que para los cabalistas no existe otra posibilidad de contarnos acerca de lo que ocurre en el alma, sino tomar de este mundo palabras que conocemos, y dentro de ellas integrar al método, y explicarnos cómo llegamos y nos corregimos progresivamente.
· No tengo ninguna posibilidad o instrumento para descubrir el atributo de otorgamiento, excepto en la materia, en el deseo de recibir que se prepara a sí mismo con intención del propósito de otorgar. Y es posible construirlo sólo para con el prójimo – los mismos amigos que se ayudan entre sí de manera recíproca y activan el atributo de otorgar mutuo. De ese modo avanzamos hacia la misma fuerza de otorgamiento que es llamada Creador, y según la ley de equivalencia de forma lo descubrimos a Él en nosotros.
· Todo depende de la intención – cómo utilizo mis deseos. Los deseos son siempre los mismos deseos – el Creador no creó nada fuera de los deseos. Y sólo necesitamos preocuparnos sobre cómo utilizarlos, hacia qué dirección. Por lo tanto la persona nunca tiene que pensar sobre el deseo sino únicamente sobre la intención – para el beneficio de quién ahora activarlo. Y eso en la práctica determina lo que es beneficioso para la persona.
· Nosotros no le pedimos al Creador, somos inconscientes de que a cada instante Él nos habla; la misma red de fuerzas, el campo, el otorgamiento universal en la que nos encontramos – Él todo el tiempo influye sobre nosotros, pero hasta un límite específico, para que nosotros abramos un poco nuestro oído hacia Él, le prestemos un poco de atención, y de ese modo captaremos lo que dice. Él se halla en el límite de los sentimientos, de nuestras impresiones, y todo el tiempo sólo requiere de nosotros elevar un poco nuestra sensibilidad para comenzar a sentirlo –que no hay nada aparte de Él, y lo que quiere decirme es todo lo bueno y beneficioso a cada instante. Y si supiese, bendeciría lo malo tanto como lo bueno. Sólo si estuviera en esa tendencia, en esa comprensión, todo el tiempo hubiera buscado lo que Él quiere insinuarme.
· El nivel de Adán comienza cuando la persona empieza a examinar, no el llenado de su deseo, sino por qué, para qué, con qué motivo. Con esto ya no me relaciono con el deseo o con el llenado, sino con el lugar de donde proviene el llenado, quién es el que llena. Esta es la cuestión de la intención – que comienzo a descubrir inmediatamente que aquí frente a mi cierta fuente que me da el llenado y yo debo ahora aclarar qué hago con él – para mí, para Él. Con esto comienza el trabajo de la persona.
· Hoy en día llegamos al estado en que el placer puede ser colectivo, global; la dependencia recíproca no proviene del dinero sino del placer –no puedo recibir placer sin que yo te llene a ti. Y de este modo descubriremos que no tenemos alternativa, sino alcanzar el otorgamiento.
· Sólo con la conexión entre nosotros podremos sentir la vida – o llegamos a eso por medio de sufrimientos terribles o queremos que esto nazca de modo correcto, compasivamente.
· Si queremos comprender el sistema, debemos recordar siempre que todo se revela en nuestra vida, hasta el último detalle, que tienda sólo a la necesidad del alma. Y al afirmar esta dirección frente a nosotros, dentro del cambio de nuestros estados interiores en relación a él, estudiamos y comprendemos el sistema.
· Nunca debo tener la actitud hacia la realidad de que ella existe por sí misma – no existe por sí misma, sólo existe dentro de mí. No es simple alcanzar una percepción tal, pero a partir de aquí alcanzas el punto en el que no hay nada qué hacer fuera de cambiarte a tí mismo. Sólo en esto radica la solución, y por la misma razón también la elegimos.









