El trabajo interno durante el estudio del Zóhar
Y eso que yo escucho que ellos tienen como un temor y una expectativa y una cierta reverencia hacia eso, es muy importante. Tiene un gran significado para la conexión con el libro del Zóhar. Sí.
Aparte de eso, tenemos que entender que este libro tiene una influencia sobre el grupo como colectividad, y no sobre una persona individual. Y si nosotros no pensamos durante el estudio sobre la unidad, entonces vamos a perder la oportunidad; lo principal se nos va a resbalar de las manos.
Y por eso, tenemos que estar unidos en la lectura del libro. Y en cada palabra y cada discusión relacionadas con él, tenemos que pensar únicamente sobre la unión de las vasijas.
Ustedes pueden decir, “pero usted todo el tiempo nos dice que tenemos que sentir todo por dentro, que yo tengo que meterme en mi interior, sumergirme internamente, y ver ahí, dentro de mis deseos, dónde están los animales, los peces; dónde está Noé, el Creador, los seres humanos, dentro de mí, y trabajar con ellos. Y aquí usted, de pronto, vuelve a hablar sobre el grupo externo”... El grupo no está afuera; el grupo es un discernimiento y una conexión de todos estos deseos internos míos que se llaman “externos”.
El “yo” - un punto ajeno dentro del deseo
Los mismos deseos internos nuestros en los cuales nos encontramos juntos en un solo deseo -que supuestamente descendió, que supuestamente se le hicieron Partzufim y mundos y toda clase de divisiones-, en ese único deseo, nosotros queremos alcanzar el “Uno, único y especial”. Descubrir en ese deseo la plenitud de todos los fragmentos; cómo se comportan, cómo se relacionan, cómo están conectados entre sí, incorporados en conjunto. Eso es lo que nosotros tenemos que llegar a descubrir por medio de nuestros esfuerzos.
Cuando nos empeñamos en estos esfuerzos empezamos a captar, a entender, a saber, a detectar, dónde, qué pasa, cómo está hecho. Así llegamos a conocer al Creador. Y nosotros, a partir de nuestro afán, de las indagaciones, de nuestros hechos, nos volvemos como Él. Es decir, como esa Fuerza Superior que existe dentro de este deseo que Él creó, y formó y efectuó todo. Nosotros mediante nuestros esfuerzos llegamos a alcanzarlo, a sentirlo.
Nosotros nos encontramos como recomponiendo todas las partes distantes y dispersas; todas las partes opuestas. Y así, nos volvemos... ese pequeño punto de nosotros, nuestro “yo”, se vuelve completamente semejante al Creador.
Y ese deseo no soy yo. Y las fuerzas y atributos y formas de ese deseo, no son yo. El “yo” es un cierto punto foráneo, ajeno, dentro de ese deseo, que no pertenece al deseo. Un punto de donde yo trabajo con el deseo, con toda esta burbuja. Como el Creador que está fuera del deseo, trabajó dentro de este deseo, hizo de él toda clase de cosas, también creó este punto externo al deseo, que es mi “yo”. ¿Entienden?
Así que este (ilustración) es el deseo que el Creador influye desde afuera, y yo que en realidad estoy aquí en algún lugar, por fuera -el “yo”-, que me relaciono desde afuera con todo este deseo. Tal como el Creador tiene aquí un punto de dónde Él opera, así también yo. Y de esta manera nos volvemos realmente iguales.
Y aquí está el deseo que Él creó, y la Luz que está aquí. Y el “yo” es un punto de sensación que proviene del rompimiento, una especie de chispa que se encuentra fuera de ello.
Por eso, tengo que ver todo esto (ilustración) como dado por el Creador para llegar a conocerlo a Él. Tal como Él lo trató y creó en ello toda clase de mundos y Partzufim y Sefirot y todo lo demás, así “yo”, tengo que volver a armar la plenitud.









